Saltar al contenido principal
Divulgación8 min de lectura

El Chrysler Building: el rascacielos que se disfrazó de automóvil

La historia del Chrysler Building, la aguja secreta que lo coronó como el edificio más alto del mundo y los ornamentos de automóvil que lo hacen único.

arquitecturaNueva Yorkart décorascacielosdivulgación
El Chrysler Building: el rascacielos que se disfrazó de automóvil

En 1928, Walter Chrysler tenía un problema que muchos empresarios quisieran tener: demasiado dinero y la ambición de dejar una marca permanente en el skyline de Nueva York. El fundador de la empresa automotriz que llevaba su nombre quería un edificio que fuera inconfundiblemente suyo, que dijera al mundo desde cualquier punto de la ciudad quién era Walter Chrysler y qué había construido. Le encargó el proyecto al arquitecto William Van Alen, y lo que resultó de ese encargo es uno de los edificios más extraordinarios y más personales que se han construido en el siglo XX.

El Chrysler Building se terminó en 1930 y durante 11 meses fue el edificio más alto del mundo. Luego el Empire State lo superó y ese récord quedó en el olvido. Pero lo que no quedó en el olvido fue el edificio mismo, que sigue siendo hoy uno de los más fotografiados y más reconocidos de Nueva York, y uno de los ejemplos más puros del estilo art déco aplicado a la arquitectura.


William Van Alen y la carrera por el cielo

Para entender el Chrysler Building hay que entender el contexto en que fue construido. Los años 20 en Nueva York fueron una época de competencia casi deportiva entre promotores y arquitectos por construir el edificio más alto del mundo. El skyline de Manhattan era un tablero de juego donde cada nueva torre intentaba superar a la anterior, y la altura se había convertido en la medida más visible del poder económico y la ambición personal.

William Van Alen era un arquitecto neoyorquino formado parcialmente en París, donde había estudiado en la École des Beaux-Arts. Era conocido por su dominio del ornamento y los detalles decorativos, y tenía una reputación de diseñador sofisticado y ambicioso. Cuando Chrysler le encargó el edificio, Van Alen estaba involucrado en una competencia que iba más allá del cliente: su antiguo socio y ahora rival, H. Craig Severance, estaba construyendo simultáneamente el edificio 40 Wall Street, y los dos intentaban superarse mutuamente en altura.

Esta rivalidad personal entre los dos arquitectos tuvo consecuencias directas sobre el diseño del Chrysler Building que todavía son visibles hoy.


La cúpula secreta

El episodio más dramático de la construcción del Chrysler Building es también el más cinematográfico. Van Alen sabía que Severance estaba monitoreando el avance de su obra para ajustar la altura del 40 Wall Street y asegurarse de superarlo. Para mantener el elemento sorpresa, Van Alen tomó una decisión inusual: diseñó en secreto una aguja de acero inoxidable de 56 metros que fue ensamblada en el interior del edificio, oculta dentro del hueco del ascensor, sin que nadie en el exterior pudiera ver lo que estaba construyendo.

Cuando el 40 Wall Street fue declarado terminado como el edificio más alto del mundo en octubre de 1929, Van Alen reveló su carta oculta. En apenas 90 minutos, la aguja fue izada a través de la cúpula del edificio y fijada en su posición definitiva. El Chrysler Building había superado al 40 Wall Street por 38 metros, convirtiéndose en el edificio más alto del mundo con 319 metros de altura total.

La victoria duró 11 meses. En abril de 1931 se inauguró el Empire State Building con 443 metros de altura, y el Chrysler quedó en segundo lugar para siempre. Pero la anécdota de la aguja secreta le dio al edificio una notoriedad que ninguna altura podría haber comprado.


Los ornamentos de automóvil

Lo que hace verdaderamente único al Chrysler Building entre todos los rascacielos art déco de Nueva York son sus ornamentos. Van Alen y Chrysler tomaron la decisión de decorar el edificio con motivos directamente tomados del mundo del automóvil, específicamente del Chrysler Plymouth de 1929.

Las gárgolas de las esquinas del piso 61 son copias exactas del ornamento de capó del Chrysler Plymouth de ese año. Están fabricadas en acero inoxidable y tienen una envergadura considerable, pero están colocadas a 270 metros de altura, en las esquinas del edificio, en una posición desde la que son prácticamente invisibles desde la calle. La decisión de incluirlas a esa altura, donde nadie podría verlas claramente, dice algo sobre la relación entre Chrysler y su edificio: no estaban ahí para impresionar a los transeúntes sino para satisfacer la visión del cliente de que su edificio fuera completamente, inconfundiblemente suyo.

En el piso 31 hay otra serie de ornamentos: águilas de acero inoxidable que sobresalen de las esquinas del edificio en posición de vuelo. Estas águilas también están tomadas directamente de los ornamentos del automóvil Chrysler de la época. Son enormes, de varios metros de envergadura, y están colocadas en un ángulo que las hace visibles desde la calle en días despejados.

La decisión de usar ornamentos de automóvil en un rascacielos era, en 1929, una declaración cultural además de estética. El automóvil era el símbolo más poderoso de la modernidad americana — velocidad, tecnología, progreso, riqueza individual. Inscribir esos símbolos en la fachada de un edificio era afirmar que la arquitectura podía hablar el mismo lenguaje que la industria, que la modernidad tenía una estética propia que no necesitaba tomar prestados los ornamentos del pasado clásico o medieval.


El acero inoxidable como material de fachada

El Chrysler Building fue uno de los primeros edificios del mundo en usar acero inoxidable como material de fachada a gran escala. La cúpula, las águilas, las gárgolas y los arcos escalonados del remate están todos fabricados en Nirosta, un tipo de acero inoxidable que había sido desarrollado apenas unos años antes en Alemania.

La elección del material no fue solo estética. El acero inoxidable tenía propiedades que Van Alen consideraba ideales para un edificio que quería que durara siglos: no se oxida, no requiere mantenimiento regular, y bajo la luz del sol de Nueva York produce un brillo característico que cambia según el ángulo de incidencia. La cúpula del Chrysler es literalmente diferente a cada hora del día, desde el gris mate de la mañana temprana hasta el destelleo blanco del mediodía.

Casi un siglo después de su construcción, los paneles de acero inoxidable de la cúpula están en perfectas condiciones. No han requerido sustitución ni restauración significativa. La elección del material fue, desde el punto de vista de la conservación, una de las decisiones más acertadas de toda la historia del rascacielos neoyorquino.


El art déco llevado al extremo

Si la fachada del Chrysler Building es extraordinaria, el interior es igualmente notable. El lobby, de acceso público, es uno de los espacios art déco más elaborados que existen. Está revestido de mármoles de distintos colores traídos de varios continentes, con incrustaciones de madera de diferentes especies y detalles de acero y bronce en cada superficie.

El techo del lobby está pintado con un mural de Edward Trumbull que muestra los aviones, automóviles y edificios de la era industrial desde una perspectiva que mezcla el realismo documental con la idealización heroica característica del art déco. Los trabajadores de la construcción del propio Chrysler Building aparecen en el mural como figuras épicas, elevadas al nivel de los símbolos de la modernidad que los rodean.

Las puertas de los ascensores son otra de las maravillas del interior. Están fabricadas en madera de diferentes especies — ébano, roble, nogal, arce — combinadas en patrones geométricos de una complejidad y una calidad artesanal que resultan difíciles de imaginar en un edificio de oficinas. Cada puerta es diferente a las demás. Son, según muchos críticos, los mejores trabajos de marquetería que se han instalado en un edificio comercial en la historia de la arquitectura americana.


El destino de Walter Chrysler y William Van Alen

La historia del Chrysler Building tiene un final que mezcla el éxito y la injusticia. Walter Chrysler vivió para ver terminado su edificio y disfrutar de su fama durante varios años. Murió en 1940, y el edificio que llevaba su nombre pasó eventualmente a manos de otros propietarios, aunque el nombre se conservó.

William Van Alen tuvo un destino más amargo. Chrysler se negó a pagarle los honorarios acordados, argumentando que el arquitecto había recibido comisiones de los contratistas durante la construcción, lo cual era ilegal según los términos del contrato. Van Alen demandó a Chrysler y eventualmente recibió una compensación, pero el proceso legal dañó su reputación de manera permanente. Después del Chrysler Building, Van Alen prácticamente no volvió a recibir encargos importantes. Murió en 1954 sin haber construido otro edificio comparable.

Es una de las historias más tristes de la arquitectura americana del siglo XX: el arquitecto que creó uno de los edificios más admirados de Nueva York terminó su carrera en el olvido, víctima de un cliente que usó el proceso legal para evitar pagar por una obra maestra.


El Chrysler Building hoy

El Chrysler Building fue declarado Landmark por la Comisión de Preservación de Monumentos de Nueva York en 1978. En 2007 fue votado por los miembros del American Institute of Architects como el edificio favorito de los arquitectos americanos, por encima del Empire State Building, el Guggenheim y la Casa de la Cascada.

Sigue siendo uno de los edificios de oficinas más cotizados de Manhattan. Y sigue siendo, casi un siglo después de su construcción, el único rascacielos del mundo donde las águilas del capó de un automóvil montan guardia a 270 metros de altura sobre la ciudad.


Referencias y lecturas recomendadas

Sobre el Chrysler Building

  • Cerami, C. (2003). The Chrysler Building: Creating a New York Icon, Day by Day. Princeton Architectural Press, Nueva York.
  • New York City Landmarks Preservation Commission (1978). Chrysler Building Designation Report. Nueva York.
  • Bascomb, N. (2003). Higher: A Historic Race to the Sky and the Making of a City. Broadway Books, Nueva York.

Sobre el rascacielos neoyorquino y el art déco

  • Stern, R. A. M., Gilmartin, G. y Mellins, T. (1987). New York 1930: Architecture and Urbanism Between the Two World Wars. Rizzoli, Nueva York.
  • Robinson, C. y Bletter, R. H. (1975). Skyscraper Style: Art Deco New York. Oxford University Press.
  • Willis, C. (1995). Form Follows Finance: Skyscrapers and Skylines in New York and Chicago. Princeton Architectural Press, Nueva York.
  • Tauranac, J. (1995). The Empire State Building: The Making of a Landmark. Scribner, Nueva York. [Contexto de la carrera por la altura]
  • Van Leeuwen, T. A. P. (1988). The Skyward Trend of Thought: The Metaphysics of the American Skyscraper. MIT Press, Cambridge.

Crítica y referencia general

  • Huxtable, A. L. (1984). The Tall Building Artistically Reconsidered. Pantheon Books, Nueva York.
  • Goldberger, P. (2009). Why Architecture Matters. Yale University Press, New Haven.
  • American Institute of Architects (2007). America's Favorite Architecture Survey Results. AIA, Washington D.C.

Contenido creado por ArquiSara con fines de divulgación y educación arquitectónica. Un regalo de @arquisaraarquisara.com

Contenido relacionado