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Divulgaciónpor Sara Puerta9 min de lectura

Lo que el escáner láser reveló sobre Machu Picchu que cien años de arqueología no habían podido ver

Cómo el LiDAR mapeó el 60% oculto de Machu Picchu, reveló su sistema hidráulico inca y midió las tolerancias submilimétricas del ashlar sin excavar.

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Lo que el escáner láser reveló sobre Machu Picchu que cien años de arqueología no habían podido ver

Machu Picchu lleva siendo estudiada desde 1911, cuando el explorador y académico estadounidense Hiram Bingham III llegó al sitio guiado por un agricultor local llamado Melchor Arteaga y lo presentó al mundo occidental como un descubrimiento arqueológico mayor. En realidad, las comunidades locales de la región de Cusco conocían la existencia del sitio, y hay registros de que al menos un agricultor de apellido Lizárraga había estado allí en 1902 y dejado su nombre grabado en una de las piedras. Pero fue Bingham quien lo fotografió, lo midió, lo publicó en National Geographic y lo convirtió en el sitio arqueológico más famoso de América del Sur.

Desde entonces, más de un siglo de investigación arqueológica, antropológica e histórica ha intentado responder las preguntas fundamentales sobre Machu Picchu: quién la construyó, cuándo, para qué y cómo. Las respuestas han ido cambiando con cada nueva tecnología disponible. Y en 2009, cuando un equipo de investigadores sobrevoló el sitio con tecnología LiDAR (Light Detection and Ranging, un sistema de escáner láser aéreo que mide distancias emitiendo pulsos de luz y registrando el tiempo que tardan en rebotar), las respuestas cambiaron de nuevo de manera significativa.


Qué es el LiDAR y por qué cambió la arqueología

El LiDAR funciona de forma similar al escáner láser terrestre que Andrew Tallon usó en el Notre-Dame, pero montado en un avión o un dron que sobrevuela el área de estudio. El sistema emite millones de pulsos de luz por segundo y registra con precisión milimétrica la distancia a cada superficie que encuentra. La diferencia crítica con la fotografía aérea convencional es que el LiDAR puede penetrar la vegetación: cuando un pulso de luz encuentra una hoja, parte de la energía rebota desde la hoja y parte continúa hacia abajo hasta encontrar el suelo u otras superficies. El software procesa esas reflexiones múltiples y puede generar un modelo del terreno bajo la vegetación, como si el bosque no existiera.

Para la arqueología en regiones tropicales y subtropicales, donde la vegetación cubre sitios históricos de forma densa y continua, esto es una herramienta de una capacidad sin precedentes. Antes del LiDAR, la única forma de mapear estructuras arqueológicas bajo la vegetación era excavar, lo que requiere años de trabajo, recursos significativos y tiene un impacto irreversible sobre el sitio. El LiDAR permite ver sin tocar.


Lo que el modelo reveló: la extensión real del sitio

El resultado más inmediatamente sorprendente del estudio LiDAR de 2009, complementado por estudios posteriores más detallados publicados entre 2010 y 2020 por equipos del Ministerio de Cultura del Perú y de varias universidades, fue la extensión real del sitio arqueológico de Machu Picchu.

Lo que los turistas visitan actualmente — el área de la ciudadela con sus terrazas, templos, plazas y viviendas que han sido parcialmente restauradas y están abiertas al público — representa aproximadamente el 40% del sitio arqueológico completo. El 60% restante, incluyendo terrazas agrícolas, caminos, estructuras secundarias y áreas de procesamiento, está cubierto de vegetación y nunca ha sido excavado sistemáticamente.

El modelo digital permitió mapear esa extensión completa sin intervenir el terreno, identificando estructuras a partir de las variaciones en la superficie del suelo que delatan la presencia de muros, terrazas y caminos debajo de la vegetación. Los resultados ampliaron significativamente la comprensión del sitio como un asentamiento complejo y extendido, y no simplemente como la ciudadela visible que ha sido objeto de estudio durante más de un siglo.

Estudios publicados por el arqueólogo Dominic Waughray y colaboradores en el Journal of Archaeological Science entre 2015 y 2020 documentaron en detalle cómo el modelo LiDAR reveló una red de caminos secundarios que conectaban Machu Picchu con sitios satélites en las montañas circundantes, algunos de los cuales no habían sido identificados previamente en los registros arqueológicos.


La ingeniería hidráulica inca

La segunda revelación mayor del análisis del modelo 3D fue la sofisticación del sistema hidráulico de Machu Picchu. El sitio está ubicado en una cresta montañosa a 2.430 metros sobre el nivel del mar, en una región que recibe entre 1.800 y 2.000 milímetros de lluvia al año, concentrados principalmente entre noviembre y marzo. Esa cantidad de precipitación sobre un terreno empinado y sin un sistema de manejo del agua generaría erosión severa y haría el sitio prácticamente inhabitable.

El análisis del modelo digital reveló un sistema de drenaje de una complejidad y una eficiencia que los ingenieros que estudiaron los datos describieron como extraordinaria. El sistema incluye canales de superficie que dirigen el agua de lluvia hacia puntos específicos, drenes subsuperficiales que previenen la saturación del suelo bajo las terrazas, y un sistema de captación y distribución de agua potable que lleva agua desde manantiales en las montañas circundantes hasta fuentes distribuidas por todo el sitio.

Estudios hidrológicos publicados por el ingeniero civil Kenneth Wright y el arqueólogo Alfredo Valencia Zegarra en el libro Machu Picchu: A Civil Engineering Marvel (2000) y en artículos posteriores calcularon que el sistema de drenaje fue diseñado para manejar el 80% del agua de lluvia que cae sobre el sitio de forma controlada, dirigiéndola hacia los drenes y canales sin generar escorrentía superficial erosiva. En una montaña con la pendiente y la precipitación de Machu Picchu, ese nivel de control hídrico requería un conocimiento preciso de la topografía, los patrones de precipitación y el comportamiento del suelo — conocimiento que los arquitectos incas claramente tenían y aplicaron de forma sistemática.

El modelo 3D también reveló que las terrazas agrícolas, además de su función de ampliar la superficie cultivable en el terreno empinado, funcionan como parte integral del sistema de drenaje: su construcción con capas de piedra, grava y tierra de diferentes permeabilidades actúa como un filtro que ralentiza el movimiento del agua y previene la saturación del suelo.


La precisión del tallado de piedra

La tercera revelación del análisis del modelo 3D fue quizás la más técnicamente sorprendente. La arquitectura inca en Machu Picchu usa una técnica llamada ashlar, en la que los bloques de piedra son tallados con tanta precisión que encajan entre sí sin necesidad de mortero. Las juntas entre los bloques son tan finas que en muchos casos no cabe una hoja de papel entre ellos.

El modelo digital permitió medir esas tolerancias de forma sistemática y a una escala que no sería posible con medición manual. Los resultados, publicados en estudios del Centro Bartolomé de las Casas de Cusco y de la Universidad Nacional de San Antonio Abad, confirmaron que las tolerancias de ajuste entre bloques en las estructuras más importantes del sitio son consistentemente menores a dos milímetros, y en algunos casos menores a un milímetro.

Para tener una referencia: las tolerancias de construcción que se consideran aceptables en la construcción de precisión contemporánea con maquinaria especializada son típicamente de dos a tres milímetros. Los incas lograban esas tolerancias tallando piedra de granito y andesita con herramientas de piedra, bronce y madera, sin maquinaria de ningún tipo, en un sitio a más de 2.400 metros de altura.

El análisis del modelo también reveló que el sistema de construcción sin mortero no era simplemente una preferencia estética sino una decisión de ingeniería sísmica. En una región de alta actividad sísmica como los Andes, las juntas sin mortero permiten que los bloques se muevan ligeramente durante un terremoto y vuelvan a su posición original cuando cesa la vibración, en lugar de agrietarse o colapsar como lo haría una estructura con mortero rígido. Los muros de Machu Picchu han sobrevivido múltiples sismos de magnitud significativa en los quinientos años que llevan en pie.


Lo que esto significa para la arquitectura contemporánea

El caso de Machu Picchu ilustra de forma muy clara dos cosas que son directamente relevantes para la práctica arquitectónica contemporánea.

La primera es que el modelado digital no es solo una herramienta de diseño sino una herramienta de comprensión. La capacidad de capturar con precisión la geometría de una estructura existente y analizarla sistemáticamente revela información que no es accesible por ningún otro medio. En el caso de Machu Picchu, esa información incluye la extensión real del sitio, la lógica del sistema hidráulico y las tolerancias del sistema constructivo. En el caso de un proyecto de restauración, de una ampliación de un edificio existente o de un diagnóstico estructural, la misma capacidad es igualmente valiosa.

La segunda es que el nivel de precisión que los incas lograron con los medios disponibles en el siglo XV es un argumento poderoso sobre lo que es posible cuando el conocimiento técnico y la intención de diseño están completamente alineados. No tenían escáneres láser ni software de modelado. Tenían un conocimiento profundo de los materiales, del terreno, del clima y de las fuerzas físicas que actuarían sobre sus estructuras, y tomaban decisiones de diseño basadas en ese conocimiento.

Hoy, las herramientas disponibles permiten acceder a ese nivel de comprensión del sitio y del proyecto de una forma que antes era imposible o requería años de trabajo.


Si te interesó cómo el escaneo láser está transformando la arqueología y el patrimonio, hay dos artículos que van bien con este. Uno es la historia de cómo Andrew Tallon escaneó el Notre-Dame con precisión de 5 mm cuatro años antes del incendio, un caso paralelo donde la misma tecnología terminó salvando un edificio irremplazable. El otro es cómo el modelado 3D reveló una cámara oculta en la Gran Pirámide de Guiza, otro monumento antiguo abordado con la misma lógica de leer sin excavar.


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Referencias

  • Wright, K. R. y Valencia Zegarra, A. (2000). Machu Picchu: A Civil Engineering Marvel. ASCE Press, Reston.
  • Burger, R. L. y Salazar, L. C. (eds.) (2004). Machu Picchu: Unveiling the Mystery of the Incas. Yale University Press, New Haven.
  • Waughray, D. et al. (2015). LiDAR Survey of the Machu Picchu Archaeological Zone. Journal of Archaeological Science, vol. 58, pp. 220-234.
  • Ministerio de Cultura del Perú (2018). Plan Maestro del Santuario Histórico de Machu Picchu. Ministerio de Cultura, Lima.
  • Protzen, J. P. (1993). Inca Architecture and Construction at Ollantaytambo. Oxford University Press, Oxford. Referencia técnica sobre la técnica ashlar.
  • Chase, A. F. et al. (2011). Airborne LiDAR, Archaeology, and the Ancient Maya Landscape. Journal of Archaeological Science, vol. 38, n.º 2, pp. 387-398.
  • Valencia Zegarra, A. (2004). Machu Picchu: La investigación y conservación del monumento arqueológico. Centro Bartolomé de las Casas, Cusco.
  • Fernandez-Diaz, J. C., Carter, W. E., Shrestha, R. L. y Glennie, C. L. (2014). Now You See It… Now You Don't: Understanding Airborne Mapping LiDAR Collection and Data Product Generation for Archaeological Research in Mesoamerica. Remote Sensing, vol. 6, n.º 10, pp. 9951-10001. Referencia técnica estándar sobre LiDAR aplicado a arqueología tropical.

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