Hay ciudades que se definen por un estilo arquitectónico. Barcelona por el Modernismo Catalán, con Gaudí y Domènech i Montaner. Chicago por la Escuela de Chicago y sus primeros rascacielos. Miami Beach por su distrito Art Déco de South Beach. Y Montevideo, aunque muy pocos lo saben fuera del Río de la Plata, también pertenece a esta lista selecta. Montevideo es una de las capitales mundiales del Art Déco.
Con más de 2000 obras construidas en este estilo, la capital uruguaya tiene un patrimonio Art Déco superior al del famoso distrito de South Beach en Miami. Sus avenidas principales, especialmente la Avenida 18 de Julio, están literalmente pobladas por edificios Art Déco de una calidad y una integridad histórica excepcionales. Sus barrios residenciales como Pocitos, Cordón y Barrio Jardín conservan decenas de ejemplos de arquitectura doméstica Art Déco.
Este artículo es un intento de contar esa historia. Vamos a recorrer qué es el Art Déco, por qué floreció tanto en Montevideo, cuáles son sus edificios más icónicos, qué historias esconden sus fachadas, y cuál es el movimiento ciudadano que hoy trabaja para que la UNESCO reconozca este patrimonio como Bien de la Humanidad. Un movimiento en el que quiero destacar especialmente el trabajo de la cuenta @art.deco.mvd, que durante más de una década ha documentado, fotografiado y protegido esa herencia. Y que además me acompañó generosamente en la revisión de este artículo, con precisiones y correcciones que enriquecieron el texto.
Este artículo también es continuación de la reflexión que vengo haciendo sobre el patrimonio Art Déco en América Latina, especialmente tras el debate sobre el Gran Hotel de Pereira y el Art Déco que le queda a esa ciudad, uno de los últimos ejemplos de este estilo que le queda a mi ciudad y que hoy está en riesgo de demolición tras el terremoto del 10 de agosto de 2026.
Qué es el Art Déco
Antes de entrar en Montevideo, vale la pena entender qué es exactamente el Art Déco.
El Art Déco es un estilo arquitectónico y decorativo que nació formalmente en la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas realizada en París en 1925. El nombre viene precisamente de esa exposición: Arts Décoratifs, abreviado como Art Déco. Aquel evento reunió a arquitectos, diseñadores, artistas y artesanos de todo el mundo, y consagró internacionalmente una nueva estética que se venía gestando desde los años finales de la Primera Guerra Mundial.
El período arquitectónico Art Déco propiamente dicho, según la documentación patrimonial de la Intendencia de Montevideo, va aproximadamente entre 1925 y 1940. Es decir, quince años intensos de producción arquitectónica bajo esta estética. Esto es una precisión importante que va a ser útil para leer el resto del artículo. Edificios concebidos antes de 1925, aunque exhiban decoración con elementos que hoy asociamos al Art Déco, no son técnicamente Art Déco puros. Suelen clasificarse mejor como eclecticismo o historicismo con rica decoración de tipo Art Déco.
El Art Déco tiene varias características distintivas. Líneas geométricas limpias y precisas, sin la ornamentación abundante y curvilínea del Art Nouveau que lo precedió. Formas escalonadas que recuerdan a los rascacielos y a las zigurats mesopotámicas, expresando verticalidad y ambición. Ornamentación con motivos geométricos abstractos, elementos florales estilizados, figuras humanas idealizadas y referencias a culturas antiguas como la egipcia, potenciada por el descubrimiento de la tumba de Tutankamón en 1922. Uso de materiales nuevos como el hormigón armado combinados con acabados lujosos como el mármol, el bronce y los vitrales. Y una estética general que buscaba transmitir modernidad, progreso, velocidad y sofisticación cosmopolita.
Los expertos suelen dividir el Art Déco en dos grandes vertientes. La vertiente zigzag, más ornamentada, con motivos geométricos angulosos, ampliamente influenciada por el cubismo y las culturas prehispánicas. Y la vertiente streamline, más aerodinámica, con curvas suaves, líneas horizontales continuas, inspirada en la estética de los transatlánticos, los trenes de alta velocidad y los aviones. Ambas coexistieron durante las décadas de 1920 y 1930, y muchas veces se combinaron en un mismo edificio.
En Montevideo también apareció una vertiente local especialmente hermosa que los historiadores llaman Art Déco náutico. Con elementos que remiten directamente al mundo del mar: balcones curvos como ojos de barco, ventanas ojo de buey, torres que parecen mástiles, remates que sugieren proas. Es la respuesta uruguaya al hecho de ser un país costero con vocación marítima profunda.
El Art Déco fue el primer estilo verdaderamente global de la historia. Antes de él, los estilos arquitectónicos eran regionales o continentales. El Art Déco cruzó fronteras con una velocidad sin precedentes gracias a las revistas ilustradas, las películas, los transatlánticos y la creciente movilidad de arquitectos internacionales.
Por qué Montevideo se llenó de Art Déco
Aquí viene una de las historias más interesantes del Art Déco latinoamericano, y es una historia que muy poca gente conoce.
Cuando llegó la crisis económica mundial de 1929, la Gran Depresión, la mayoría de las ciudades del mundo frenó bruscamente su construcción. Los proyectos se cancelaron. Los inversionistas se retiraron. Los arquitectos quedaron sin trabajo. En Estados Unidos, muchos edificios que estaban en obras se dejaron a medio construir durante años. En Europa, el impacto fue similar.
Uruguay, sin embargo, se vio menos afectado por la crisis. La economía uruguaya de los años veinte estaba en una etapa de prosperidad notable, sostenida por las exportaciones de carne y lana, y por una clase media urbana en expansión. Cuando llegó la crisis, Uruguay tenía suficiente colchón económico y suficiente estabilidad política como para seguir construyendo durante los años treinta.
Y lo que se construyó, en su mayoría, fue Art Déco. Porque coincidió que ese era el estilo dominante del momento, y también porque respondía perfectamente a las aspiraciones cosmopolitas de una sociedad uruguaya que se veía a sí misma como parte del mundo moderno. Montevideo tenía la ambición de mostrarse al mundo como una ciudad europea, sofisticada, próspera, con arquitectura de nivel internacional.
Cuando terminó la crisis, en la segunda mitad de los años treinta, Uruguay tenía uno de los catálogos Art Déco más impresionantes del mundo. Estimaciones actuales hablan de más de 2000 obras construidas en este estilo solo en Montevideo, cifra que supera claramente al distrito de South Beach en Miami.
La Aduana de Montevideo: Art Déco antes de que existiera el Art Déco
Si tenemos que empezar por el edificio con la historia más sorprendente del Art Déco montevideano, ese es el edificio de la Aduana de Montevideo. Está ubicado sobre la Rambla 25 de Agosto de 1825, dentro del recinto portuario de la capital uruguaya. Y esconde uno de los datos históricos más fascinantes de la arquitectura latinoamericana del siglo XX.
A fines del año 1922, el gobierno uruguayo llamó a concurso público de anteproyectos para el nuevo edificio de la Aduana. El concurso falló el 10 de marzo de 1923. Se presentaron un total de 19 proyectos, y el jurado estuvo integrado por el presidente del Consejo de Administración del Puerto, el director general de Aduanas, el presidente del Consejo Nacional de Higiene, el capitán general de Puertos y por reconocidos arquitectos como Alfredo Jones Brown, Jacobo Vázquez Varela, Horacio Acosta y Lara, Juan Giuria y Raúl Faget.
El proyecto ganador fue el de un joven de apenas 26 años, el arquitecto Jorge Herrán. La fundamentación que esgrimió el jurado para elegir su solución encierra un juicio realmente laudatorio: el proyecto presenta un conjunto de cualidades que lo hacen netamente superior a cualquiera de los otros. La bondad de su distribución general, una gran sencillez y correspondencia que facilitarán la construcción, fachada cuyo estilo se adapta a la finalidad del edificio y a las condiciones del programa.
Y aquí viene el detalle histórico brillante. La Exposición Internacional de Artes Decorativas de París que dio nombre oficial al Art Déco ocurrió en 1925, dos años después de que se falló el concurso de la Aduana. Es decir, cuando Jorge Herrán diseñó este edificio con todas las características estilísticas que hoy reconocemos como Art Déco puro, el movimiento como tal todavía no existía formalmente. Los historiadores llaman a esto Art Déco avant la lettre. Art Déco antes de que el Art Déco tuviera nombre.
El fallo del jurado evidencia la temprana vigencia de las pautas compositivas Art Déco en Uruguay, con particular significación por tratarse de un edificio público representativo, de gran tamaño y privilegiada ubicación. El edificio se adscribe a la tradicional tipología de edificio patio exento, con la variante de que un sector edilicio subdivide el patio cuadrado en dos más estrechos. Su imponente masa paralelepipédica se estructura según un basamento general que contiene importantes vanos de medio punto, con distintas dimensiones según la jerarquización funcional, terminado en un friso de pequeños vanos cuadrados.
Un detalle que vale la pena destacar es que dentro del propio edificio de la Aduana se encuentran los famosos Arcos que fueron escenario en 2018 de la Montevideo Fashion Week, un evento fashionista de gran calidad que se realizó justamente ahí por lo brutal y 100% Art Déco que es ese espacio arquitectónico. Los Arcos no son un edificio independiente, sino un elemento arquitectónico distintivo dentro del conjunto de la Aduana.
Hoy el edificio alberga la Dirección Nacional de Aduanas y también el Comando Mayor de la Armada Nacional. Es Monumento Histórico Nacional. Y sigue siendo una demostración material impresionante de que la arquitectura uruguaya no solo adoptó rápidamente los estilos internacionales, sino que en algunos casos los anticipó.
La Torre de los Homenajes: monumentalidad, fútbol e inmigración
La segunda gran obra Art Déco de Montevideo es la Torre de los Homenajes del Estadio Centenario. Y su historia combina arquitectura, deporte, política, simbolismo nacional e inmigración europea en una densidad que pocos monumentos del mundo tienen.
Empecemos por el contexto. En 1929, Uruguay se preparaba simultáneamente para dos celebraciones enormes. La primera Copa del Mundo de fútbol de la historia, que se realizaría en Montevideo en 1930. Y el centenario de la Jura de la Constitución uruguaya, que también se cumplía en 1930. El gobierno decidió construir un estadio monumental que sirviera como sede para ambos eventos y que fuera un símbolo permanente del progreso del país.
El proyecto se le encargó al arquitecto uruguayo Juan Antonio Scasso, nacido en Montevideo el 14 de enero de 1892 y egresado con medalla de oro de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República en 1916. Scasso era en ese momento Director de Paseos Públicos de la Intendencia Municipal de Montevideo. Era un arquitecto con formación académica sólida, con visión moderna, y con capacidad de gestión pública para llevar adelante un proyecto de esa magnitud.
Todo el estadio se construyó en tiempo récord. La piedra fundamental se colocó el 21 de julio de 1929. Y a pesar de las lluvias que retrasaron el vaciado del hormigón, el estadio se inauguró el 18 de julio de 1930, aproximadamente 9 meses después. Aproximadamente 1100 obreros trabajaron en tres turnos diarios, excavaron 160.000 metros cúbicos de tierra y vertieron 14.000 metros cúbicos de hormigón armado, a un costo aproximado de 1 millón de dólares de la época.
Y en el corazón del estadio, Scasso diseñó lo que hoy es sin duda una de las obras Art Déco más impresionantes de América Latina. La Torre de los Homenajes. 100 metros de altura pura en concreto armado, levantada como una aguja hacia el cielo de Montevideo desde el medio de la tribuna Olímpica del estadio.
Scasso se inspiró en una torre similar que había observado en un estadio de los Países Bajos, pero con la diferencia fundamental de que él optó por diseñarla con simbolismos nacionales que justifican su nombre. La torre tiene 9 balcones, uno por cada franja de la bandera uruguaya: 5 blancas y 4 azules. Es una traducción arquitectónica directa del símbolo nacional en las alturas de la ciudad.
Y aquí viene el detalle emocional más hermoso. La base de la torre fue diseñada con dos formas superpuestas. Por un lado, la forma de la proa de un barco. Por otro, la forma de las alas de un avión. Ambas formas son un homenaje explícito a los inmigrantes europeos que llegaron a Uruguay durante los siglos XIX y XX, mayoritariamente por mar en barcos transatlánticos. El estadio, y el país entero, fueron construidos en gran parte por esos inmigrantes que llegaron buscando oportunidades. La base de la torre es una manera arquitectónica de agradecerles.
El estadio fue inaugurado con la primera Copa del Mundo. Aquel 18 de julio de 1930, Uruguay venció 1 a 0 a Perú en el marco del primer Mundial de la historia. 53 años después, un 18 de julio de 1983, la FIFA declaró al Estadio Centenario como Monumento Histórico del Fútbol Mundial, una distinción que no ha vuelto a conceder a ningún otro estadio del mundo. La torre en particular fue declarada Patrimonio Histórico de Montevideo.
El Auditorio Nelly Goitiño: templo egipcio, máscaras teatrales y refugio cultural
La tercera obra que quiero desarrollar en profundidad tiene una historia que combina egiptología, teatro, cine, incendios devastadores y resiliencia cultural. Es el Auditorio Nelly Goitiño, ubicado sobre la Avenida 18 de Julio número 930, entre las calles Wilson Ferreira Aldunate y Convención.
El edificio fue diseñado por los arquitectos uruguayos Rafael Ruano y Julio Pietropinto e inaugurado en 1949, originalmente como el Cine Eliseo. Los años cuarenta fueron el auge del circuito cinematográfico montevideano, y varias grandes salas se abrieron en el Centro de la ciudad para responder a la demanda del público. El Eliseo fue una de las más elegantes, con capacidad para 700 personas, tres pisos de platea y una estética profundamente Art Déco.
Y aquí viene el detalle arquitectónico brillante que hace de este edificio uno de los ejemplos más fascinantes del Art Déco montevideano. Su fachada se asemeja directamente a un templo egipcio. Esta referencia no es casual. Es una manifestación explícita del furor egiptófilo que despertó en el mundo occidental el descubrimiento de la tumba de Tutankamón, realizado por Howard Carter en 1922. Ese descubrimiento fue uno de los grandes motivos que alimentaron la iconografía Art Déco durante toda la década de los veinte y los treinta. Los templos egipcios, las pirámides, los jeroglíficos, los ojos de Horus, aparecieron por miles en fachadas, joyas, muebles y afiches de toda Europa y América.
En Montevideo, Ruano y Pietropinto tomaron esa referencia egipcia y la aplicaron con un rigor arquitectónico llamativo. Pero además le agregaron un guiño ingenioso. Las pilastras acanaladas que enmarcan la fachada, en vez de rematar con capiteles clásicos como lo harían en un templo egipcio o griego auténtico, rematan con las máscaras de la comedia y la tragedia. Ese detalle es un chiste arquitectónico erudito, hermoso. Las máscaras son los símbolos universales del teatro desde la antigüedad griega. Y aquí se las colocó exactamente en el lugar donde deberían ir los capiteles egipcios, generando una ironía culta que solo se entiende cuando uno se detiene a mirar la fachada con atención. Es arquitectura que juega con la memoria cultural del espectador y le hace un guiño.
La fachada se remata además con un friso de personajes alusivos al mundo del espectáculo, completando el programa iconográfico dedicado a las artes escénicas.
El edificio ha cambiado varias veces de nombre a lo largo de su historia, y esas transformaciones son en sí mismas una crónica de la vida cultural uruguaya del siglo XX. Desde 1949 hasta 1963 se llamó Cine Eliseo. Entre 1963 y 1966 fue conocido como Eliseo Cinerama, incorporando la tecnología de cine panorámico que estaba de moda en la época. En 1967 fue adquirido por el Servicio Oficial de Difusión, Radiotelevisión y Espectáculos (SODRE), el organismo cultural más importante de Uruguay, y volvió a llamarse Cine Eliseo, ahora Estudio del SODRE.
Y aquí viene el capítulo más dramático de la historia de este edificio. El 11 de noviembre de 1971, el Auditorio original del SODRE, ubicado en el antiguo Teatro Urquiza, sufrió un incendio devastador que lo destruyó por completo. El SODRE se quedó sin su sede principal justo cuando la vida cultural uruguaya más necesitaba un espacio para expresarse.
Y este cine, el ex Eliseo, se convirtió durante casi cuarenta años en el refugio de todos los cuerpos estables del SODRE. La Orquesta Sinfónica, el Coro, el Ballet Nacional, la Escuela Nacional de Arte Lírico, la Escuela Nacional de Danza. Todos se turnaban para ensayar, ensamblar espectáculos y presentarse ante el público en ese espacio que originalmente había sido diseñado como sala de cine, no como auditorio profesional. Fue un ejercicio de resiliencia cultural extraordinaria. Uruguay entero mantuvo viva su vida artística durante décadas gracias a que este edificio Art Déco supo adaptarse a funciones para las que no había sido concebido.
En 1985, con la reinstauración de la democracia uruguaya, el cine pasó a llamarse Sala José Brunet en honor al reconocido músico y director uruguayo. Y funcionó bajo ese nombre hasta 2007, cuando cerró sus puertas para una restauración integral que preservó la fachada Art Déco y los principales elementos arquitectónicos del inmueble.
El 9 de agosto de 2008, el edificio reabrió con una sala principal de 547 butacas en tres niveles, un microcine, una sala de ensayos y espacios para propuestas culturales diversas. Fue renombrado como Auditorio Nelly Goitiño, en honor a la abogada, actriz y directora teatral que fue presidenta del SODRE y falleció en el ejercicio de su cargo. Es el nombre que mantiene hasta hoy.
Este edificio es una prueba viva de que el patrimonio arquitectónico no es un museo congelado. Es un tejido cultural vivo que se adapta, sirve, cambia de función según las necesidades de cada época y sigue vigente. Y su fachada egipcia con máscaras teatrales sigue siendo uno de los rincones más originales de la arquitectura Art Déco latinoamericana.
Otros edificios Art Déco emblemáticos que quiero destacar
Además de las tres obras que desarrollé en profundidad, quiero dedicar bloques específicos a otros cuatro edificios Art Déco montevideanos que descubrí investigando este tema y cuya historia arquitectónica es especialmente rica.
El Palacio Díaz
Uno de los ejemplos más puros del Art Déco vertical montevideano. Está ubicado sobre la Avenida 18 de Julio número 1333, cerca del Palacio Municipal. Fue diseñado en 1929 por los arquitectos Gonzalo Vázquez Barriére y Rafael Ruano. Tiene aproximadamente 65 metros de altura y 18 pisos, con un diseño escalonado que hace clara referencia al Empire State Building de Nueva York, que se estaba construyendo por esos mismos años.
La planta baja se extiende hasta el octavo piso, donde el edificio comienza a reducirse en volúmenes escalonados. Es una traducción brillante de la tipología del rascacielos Art Déco neoyorquino al contexto montevideano. Sus creadores, Vázquez Barriére y Ruano, también son autores del Edificio El Mástil, un símbolo del llamado Art Déco náutico que corona la esquina de Avenida Brasil y Juan Benito Blanco en Pocitos, a pocos metros de la rambla.
El Edificio Lux
Ubicado en la proa de las calles Constituyente y José Enrique Rodó, en el barrio Parque Rodó, es un ejemplo hermoso del Art Déco tardío montevideano de los años treinta. Sus autores son los arquitectos Albérico Isola y Guillermo Armas, que también diseñaron el Palacio Rinaldi.
La decoración del Lux, concentrada en forma de bajorrelieve sobre los vanos de la esquina y en el friso continuo de la planta baja, es de claro corte Déco francés. Las viviendas presentan una sectorización funcional cuidadosa. Los apartamentos ubicados en la proa del edificio combinan hall o living amplio, comedor con grandes ventanas, dormitorio en la esquina con amplísimo balcón terraza al aire libre, y dos dormitorios adicionales. Los balcones laterales curvos, característicos de este edificio, remiten directamente a la tradición del Art Déco náutico.
El Lux es una demostración de cómo el Art Déco no solo funcionó en obras públicas monumentales, sino también en la arquitectura residencial de calidad. Y de cómo la vertiente náutica del estilo se hizo profundamente propia de Montevideo por su condición de ciudad marítima.
El Palacio Rinaldi
Diseñado también por Albérico Isola y Guillermo Armas, está ubicado en la Plaza Independencia número 1356. Es un edificio Art Déco de valor patrimonial reconocido, declarado Sitio de Interés Municipal desde 1997. Su fachada combina líneas verticales marcadas con detalles ornamentales geométricos característicos del estilo, en una composición equilibrada que dialoga con el conjunto urbano de la Plaza Independencia. Es uno de los ejemplos que muestran cómo el Art Déco alcanzó rango palacial en Montevideo.
El Palacio Lapido
Este edificio, aunque técnicamente responde más al expresionismo alemán que al Art Déco puro, forma parte del catálogo de la modernidad arquitectónica montevideana temprana y no puedo dejarlo por fuera. Está ubicado sobre la Avenida 18 de Julio número 948, esquina con la calle Wilson Ferreira Aldunate. Fue concebido en 1929 por los arquitectos Juan María Aubriot y Ricardo Valabrega. Las obras comenzaron en 1930 y finalizaron en 1933.
Durante décadas fue la sede del diario vespertino La Tribuna Popular, uno de los medios de prensa de mayor relevancia política y sindical del país durante buena parte del siglo XX. Su fachada blanca, austera, compacta, con balcones macizos que se repiten como un motivo plástico esencial, causaba asombro en su época. Enfatiza la verticalidad a través de la iluminación rasante y desde abajo sobre el plano vertical de la caja de escaleras, con una ventana acristalada lineal que remata en un mirador urbano con alero vertical. Desde 1989 es Monumento Histórico Nacional.
Otros edificios que también forman parte del catálogo Art Déco montevideano
El patrimonio Art Déco de Montevideo es tan extenso que sería imposible desarrollar en profundidad cada uno de sus edificios. Pero quiero al menos mencionar aquí una selección de otras obras que descubrí investigando este tema, para que el lector interesado pueda profundizar por su cuenta.
Edificio Darnaud (Avenida 18 de Julio 1089), del arquitecto Fernando Pou Cardoso. Edificio Goyret (Carlos Quijano 1342). Edificio Laborde (Plaza Independencia 828). Casa Brocqua y Scholberg (Peatonal Sarandí 687), del arquitecto Alfredo Baldomir, inaugurada en 1927 originalmente como sede comercial. Edificio Confitería Americana (Avenida 18 de Julio 1216). Centro de Fotografía de Montevideo (Avenida 18 de Julio 885), del arquitecto Juan S. Genovese y del ingeniero Cayetano Caracavallo, un edificio Art Déco de 1931 originalmente construido como grandes almacenes y hoy reconvertido en institución cultural. Edificio Proalmar (frente a la Rambla Gran Bretaña), del arquitecto Rafael Ruano, construido en 1940. Edificio Güelfi en el barrio Pocitos. Yacht Club Uruguayo, un referente del Art Déco náutico. Y muchos más que la propia comunidad @art.deco.mvd documenta cotidianamente en sus redes.
Pocitos, junto a la playa, merece una mención especial. Este barrio empezó como un pueblito separado de Montevideo, fundado por lavanderos italianos, oficialmente inaugurado el 5 de mayo de 1886. Cuando llegó el auge del Art Déco en los años treinta, Pocitos se llenó de casas y edificios residenciales con balcones curvos, patrones geométricos, ventanas ojo de buey y escaleras redondeadas. Es donde el Art Déco bajó del monumento público a la vida doméstica cotidiana. Es el barrio donde uno puede caminar y encontrar decenas de ejemplos de arquitectura Art Déco en la escala de la casa de familia.
El Barrio Jardín, diseñado por el arquitecto Eugenio Baroffio en los años veinte, incluye un conjunto de edificios construidos en 1936 por Gonzalo Vázquez Barriére con características típicas del Art Déco: curvas suaves, ventanas ojo de buey, escaleras redondeadas y balcones curvos. Es probablemente uno de los conjuntos residenciales Art Déco más coherentes del continente.
Un caso especial: el Palacio Salvo
Quiero dedicar un párrafo específico a un edificio del que la mayoría de la gente asume que es Art Déco pero que técnicamente no lo es. El Palacio Salvo, en la Plaza Independencia esquina Avenida 18 de Julio.
El Palacio Salvo es probablemente el edificio más icónico y fotografiado de Montevideo, y muchos visitantes y guías turísticos lo describen como el gran ejemplo Art Déco de la ciudad. Sin embargo, esta afirmación necesita matices para ser históricamente correcta. La propia Intendencia de Montevideo describe al Salvo como un edificio construido por Mario Palanti con una rica decoración Art Déco. Los expertos patrimoniales lo caracterizan por su estética ecléctica e historicista, en la que Palanti mezcló diferentes estilos.
Hay una razón cronológica clara para esta distinción. El Palacio Salvo fue concebido en 1922. La Exposición Internacional de Artes Decorativas de París, que dio nombre al movimiento Art Déco, ocurrió en 1925, tres años después. Cuando Palanti empezó a diseñar el Salvo, el Art Déco como movimiento formal todavía no existía.
Y esa mezcla de estilos, ese eclecticismo cargado de simbolismos esotéricos y de referencias a La Divina Comedia de Dante, es precisamente lo que hace al Palacio Salvo un edificio único en el mundo. Como su hermano gemelo el Palacio Barolo en Buenos Aires, también obra de Palanti, el Salvo es imposible de catalogar en una sola corriente arquitectónica. Y esa imposibilidad es su magia.
Voy a dedicarle un artículo completo al Palacio Salvo próximamente, para poder contar con calma sus historias increíbles. La confitería La Giralda donde se estrenó La Cumparsita. Los cien metros de altura que representan los cien cantos de la Divina Comedia. El puente de luz imposible sobre el Río de la Plata que soñó Palanti conectando el Salvo con el Barolo. El teatro subterráneo donde cantaron Josephine Baker y Jorge Negrete. Y la tertulia de intelectuales del séptimo piso que reunió durante décadas a lo más granado de la cultura uruguaya del siglo XX. Ese material merece su propio espacio.
Los 100 años del Art Déco y el movimiento ciudadano
Este año 2026 se cumplieron los cien años del Art Déco, contando desde la Exposición Internacional de París de 1925 que dio origen al estilo. Fue una celebración importante para la comunidad de arquitectos, historiadores y ciudadanos que llevan años trabajando en la valorización de este patrimonio.
Y aquí quiero destacar el trabajo de la cuenta @art.deco.mvd en Instagram, que durante más de una década ha construido una comunidad increíble alrededor del Art Déco montevideano. Sus objetivos son claros. La revalorización y conservación de los edificios existentes. El reconocimiento internacional a través de la declaratoria del Art Déco de Montevideo como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El desarrollo turístico aprovechando el potencial cultural de esa arquitectura.
El modelo que siguen es explícitamente el de Miami Beach. En los años setenta, el distrito Art Déco de South Beach era considerado un barrio decadente, con edificios que muchos querían demoler. Pero un movimiento ciudadano liderado por Barbara Baer Capitman logró frenar las demoliciones y consiguió que el distrito fuera declarado Patrimonio Histórico Nacional en 1979. Después vinieron la promoción cultural, la llegada de galerías de arte, la industria de la moda que adoptó South Beach como locación privilegiada, y un plan municipal que incluyó una paleta de colores pasteles para unificar la estética urbana. Hoy South Beach es uno de los principales atractivos turísticos de Estados Unidos. Es la misma dinámica que analicé en el ensayo sobre por qué las mejores ideas urbanas siempre empezaron sonando a imposibles y por qué la ciudadanía informada es la fuerza que transforma ciudades: sin un movimiento organizado en el momento exacto, South Beach hoy sería solo memoria demolida.
Montevideo puede seguir el mismo camino. Y de hecho está muy cerca de lograrlo. El movimiento propone estrategias específicas de recuperación e intervención. Restauración integral que recupere el esplendor inicial respetando diseños, materiales y colores originales. Implementación de iluminación con neón que realce las líneas arquitectónicas. Aplicación de una paleta de colores pasteles similar al modelo Miami. Uso de las fachadas laterales como lienzos para artistas urbanos.
Un ejemplo de éxito ya materializado es el Hotel Don, ubicado en la Ciudad Vieja. Es un edificio Art Déco que fue restaurado y reconvertido en hotel boutique de alto nivel, demostrando que el modelo económico funciona.
La frase de Mariano Arana
Quiero cerrar este artículo con una frase preciosa del arquitecto uruguayo Mariano Arana, quien falleció hace poco y que fue uno de los grandes defensores del patrimonio arquitectónico montevideano.
Mariano Arana fue arquitecto, docente, político (Intendente de Montevideo entre 2000 y 2005) y sobre todo divulgador de la riqueza arquitectónica de su ciudad. Fue coautor de la Guía Art Déco de Montevideo publicada en 1999 junto con Andrés Mazzini, Cecilia Ponte y Salvador Schelotto, obra que sigue siendo la referencia académica más importante sobre el tema.
Y decía una frase que resume perfectamente lo que este artículo quiere transmitir. La cito textualmente:
"La ciudad hay que mirarla para arriba, porque abajo están las vidrieras, pero arriba está la arquitectura, así que mirando para arriba se disfruta más."
Es una invitación hermosa. Nos pasa a todos que caminamos por la ciudad mirando el celular, mirando las vidrieras de las tiendas, mirando el piso para no tropezarnos. Rara vez levantamos la mirada hacia lo que está arriba. Y arriba está la arquitectura. Ahí están las fachadas ornamentadas de los edificios Art Déco, los relieves geométricos, las cornisas decorativas, las cúpulas, las torretas.
Arana nos invita a salir de nuestra cabeza, de nuestras rutinas, de nuestras pantallas, y con la frente hacia arriba disfrutar de la arquitectura que las ciudades nos ofrecen todos los días de forma gratuita.
Lecciones para América Latina
Termino con una reflexión sobre lo que este caso puede enseñarle al resto de América Latina.
Muchas ciudades del continente tuvieron auges Art Déco importantes en los años veinte y treinta. Bogotá tuvo edificios Art Déco que fue perdiendo. Medellín también. Cali también. Pereira, como conté en el artículo previo, tuvo varios ejemplos y hoy queda prácticamente solo el Gran Hotel, que está en riesgo de demolición tras el terremoto del 10 de agosto de 2026. La Habana Vieja tiene un patrimonio Art Déco enorme aunque en condiciones de conservación precarias. Buenos Aires tiene su propio Art Déco además del Palacio Barolo. Ciudad de México conserva algunos ejemplos en la Colonia Condesa. Y este mismo patrón de invisibilización aparece en otras dimensiones de la historia arquitectónica latinoamericana, como cuento en la historia de Luz Amorocho, la primera arquitecta de Colombia que muy pocos colombianos conocen: rescatar figuras y patrimonios olvidados es la misma tarea aplicada a distintos objetos.
Y sin embargo, la mayoría de esas ciudades no ha logrado articular un movimiento ciudadano tan potente, tan organizado y tan efectivo como el que hoy tiene Montevideo. Ese es el punto que quiero subrayar. El patrimonio arquitectónico no se conserva solo. Se conserva porque hay personas específicas dedicando años de su vida a documentarlo, difundirlo, protegerlo, proponer estrategias de recuperación, empujar reconocimientos internacionales. Es exactamente la misma lección que aparece en el debate actual de la Casa Marulanda de 1927 en Pereira y las decisiones patrimoniales tras el sismo del 10 de agosto.
En Miami Beach fue Barbara Baer Capitman. En Montevideo son los Art Déco Hunters de @art.deco.mvd. En La Habana son las brigadas de restauración patrimonial. En Ciudad de México son colectivos culturales de la Condesa. En cada ciudad que ha logrado proteger su Art Déco, hay personas concretas que hicieron el trabajo silencioso.
Lo que necesitamos en el resto de América Latina es replicar ese modelo.
Reflexión final
Cada vez que investigo sobre patrimonio arquitectónico latinoamericano, encuentro dos historias paralelas. La de ciudades que perdieron su patrimonio por décadas de demoliciones silenciosas y hoy no saben cómo recuperar lo perdido. Y la de ciudades que tomaron decisiones valientes en momentos críticos y hoy tienen patrimonios envidiados en el mundo entero.
Miami Beach eligió salvar su Art Déco cuando parecía imposible. Hoy es referente mundial. La Habana Vieja eligió proteger su patrimonio colonial y hoy es Patrimonio de la Humanidad. Cartagena hizo lo propio. Barcelona rescató a Gaudí cuando muchos lo consideraban excesivo y hoy vive parcialmente de él. Y Montevideo está en el momento de tomar esas decisiones con su Art Déco.
Pereira, mi ciudad, está en el momento opuesto. Está a punto de decidir si demuele o conserva el Gran Hotel, uno de los últimos ejemplos de Art Déco que le queda. Y esa decisión va a marcar el rumbo del patrimonio arquitectónico pereirano para las próximas décadas.
Por eso escribo estos artículos. Porque creo que las historias de las ciudades que sí supieron proteger su patrimonio pueden inspirar a las que aún están en el momento de decidir. Y porque creo que la arquitectura no es solo diseño. Es también memoria, identidad, cultura y futuro colectivo.
Gracias a la comunidad @art.deco.mvd, y muy especialmente a Fabián Bordel Elutchanz y al arquitecto Federico Giuria, por compartirme la información que hizo posible este artículo y por las correcciones y precisiones patrimoniales que enriquecieron el texto. Y a Mariano Arana por dejarnos la mejor frase posible sobre cómo mirar una ciudad. Ojalá muchas más ciudades latinoamericanas aprendan a mirar para arriba.
Si quieres seguir con dos lecturas cercanas de este tema, hay un manifiesto reciente sobre por qué Pereira no necesita crecer sino florecer, donde el hilo argumental es exactamente el mismo pero aplicado a la Pereira post-sismo. Y otro sobre los arquitectos latinoamericanos que absorbieron a Le Corbusier y luego lo superaron desde una voz propia, útil para entender el contexto de los arquitectos italianos y europeos que trabajaron en el Río de la Plata durante los años veinte.
Referencias
Fuentes principales
Cuenta oficial de Instagram @art.deco.mvd. Referencia central de este artículo por su comunidad de más de diez años documentando el Art Déco montevideano y por las precisiones patrimoniales sobre clasificación arquitectónica. Intendencia de Montevideo. Documentación oficial con clasificación patrimonial de los edificios. Facultad de Arquitectura de la Universidad ORT Uruguay. Fichas técnicas del programa Patrimonio Moderno del Sur.
Bibliografía académica sobre Art Déco montevideano
Arana, M., Mazzini, A., Ponte, C. y Schelotto, S. (1999). Guía Art Déco. Editorial Dos Puntos, Montevideo. Artucio, L. C. (1971). Montevideo y la arquitectura moderna. Ediciones Nuestra Tierra Número 5, Montevideo. Junta de Andalucía, Intendencia Municipal de Montevideo y Agencia Española de Cooperación Internacional (1992, 1996, 2008). Guía arquitectónica y urbanística de Montevideo. Michelena, A. (2005). Art déco, un modo de ser. En Montevideo la ciudad secreta. Michelena, A. (2009). Montevideo y el art déco: un largo romance. Revista Dossier. Nómada. Arquitectura Art Deco en Montevideo (1925-1950).
Fuentes específicas por edificio
Wikipedia en español. Edificio de la Aduana de Montevideo. Aduanas.gub.uy. Aduanas: 243 años de historia. Nómada. Ficha técnica del Edificio de la Aduana de Montevideo, con la referencia al Art Déco avant la lettre. Wikipedia y Facultad ORT. Estadio Centenario y Torre de los Homenajes. SODRE. Sitio institucional con información sobre el Auditorio Nelly Goitiño. Wikipedia en español. Auditorio Nelly Goitiño. Montevideo300.uy. Reportaje sobre el Auditorio Nelly Goitiño. Wikipedia y ORT. Fichas sobre el Palacio Lapido, Palacio Rinaldi, Palacio Díaz y Centro de Fotografía de Montevideo. Nómada. Ficha técnica del Edificio Lux, con datos sobre Isola y Armas. Crónicas Migrantes. Reportaje sobre el Palacio de la Cerveza y el Art Déco náutico montevideano.
Nota: este artículo es un texto de divulgación con fines educativos, escrito en colaboración con la comunidad @art.deco.mvd que compartió información, material audiovisual y precisiones patrimoniales sobre el Art Déco de Montevideo. Todos los datos técnicos, dimensiones, fechas, clasificaciones arquitectónicas y circunstancias históricas han sido verificados con múltiples fuentes autorizadas. Créditos especiales a Fabián Bordel Elutchanz y al arquitecto Federico Giuria de @art.deco.mvd por su labor sostenida durante más de una década en la documentación y protección del Art Déco montevideano, por las correcciones y precisiones patrimoniales que enriquecieron el texto, y por haber compartido generosamente material fotográfico e información técnica. Y al arquitecto Mariano Arana, cuya obra escrita y cuyo testimonio inspiran este texto.



