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22 Kilómetros de Espacio Público y Lo Que Nos Enseñan Sobre Diseñar Ciudades para las Personas

La Rambla de Montevideo: 22 km de costa pública sin rejas ni autopistas. Qué decidió esta ciudad que otras no, y qué nos enseña hoy.

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22 Kilómetros de Espacio Público y Lo Que Nos Enseñan Sobre Diseñar Ciudades para las Personas

Existe en América del Sur una ciudad que tomó una decisión urbana en el siglo XX que la mayoría de sus vecinas no tomaron. Mientras Buenos Aires, Río de Janeiro, Ciudad de México y docenas de otras capitales latinoamericanas construían autopistas sobre sus frentes de agua, privatizaban sus costas o simplemente les daban la espalda a sus ríos y mares, Montevideo eligió otro camino.

Ese camino tiene nombre: la Rambla. Un paseo costero de 22 kilómetros que recorre toda la orilla del Río de la Plata desde el extremo oeste hasta el extremo este de la ciudad. Sin edificios sobre la costa. Sin autopistas. Sin rejas. Completamente público, completamente accesible, completamente gratuito.

La Rambla de Montevideo no es solo un espacio hermoso. Es una lección de urbanismo que vale la pena estudiar en detalle, porque lo que representa — la decisión de que el agua le pertenece a todos — es exactamente lo que muchas ciudades del mundo están intentando recuperar hoy, después de décadas de haberlo perdido.


1. Montevideo y su relación con el agua

1.1 Una ciudad fundada de cara al río

Montevideo fue fundada por los españoles en 1724 sobre una pequeña península que se adentra en el Río de la Plata. Su posición geográfica era estratégica desde el punto de vista militar y comercial: el cerro que domina la bahía permitía vigilar el acceso al estuario más ancho del mundo, y el puerto natural ofrecía condiciones excepcionales para el comercio con Europa.

Desde su fundación, la relación entre la ciudad y el agua fue central. La bahía era el corazón económico de la ciudad. El puerto organizaba la vida social y comercial. Las familias adineradas construían sus residencias de verano frente al mar, en lo que hoy son los barrios de Pocitos, Buceo y Carrasco.

Esta relación fundacional entre ciudad y agua es importante para entender la Rambla, porque no fue una creación artificial ni una imposición externa. Fue la formalización de algo que ya estaba en el ADN urbano de Montevideo: la idea de que la ciudad mira hacia el río.

1.2 El Río de la Plata como paisaje

El Río de la Plata es técnicamente el estuario más ancho del mundo, con una anchura de casi 220 kilómetros en su punto más amplio. Desde las costas de Montevideo, la orilla argentina es invisible. El horizonte es el del mar abierto, aunque el agua sea dulce.

Esta característica paisajística tiene consecuencias urbanas concretas. La costa de Montevideo ofrece lo que pocas ciudades latinoamericanas tienen: una vista ilimitada, sin obstáculos, hacia el horizonte. La luz cambia a lo largo del día de una manera que los montevideanos describen con orgullo casi obsesivo. Los atardeceres sobre el Río de la Plata son, para muchos, el argumento definitivo a favor de la ciudad.

Esa calidad paisajística es también lo que hace tan significativa la decisión de no privatizar la costa. Una ciudad que hubiera permitido la construcción de edificios o autopistas sobre esas orillas habría destruido algo irrecuperable. Montevideo, en gran medida, no lo hizo.

1.3 El crecimiento urbano hacia el este

A diferencia de muchas capitales latinoamericanas que crecieron concéntricamente o hacia el interior, Montevideo creció principalmente siguiendo la línea de la costa hacia el este. Los nuevos barrios residenciales — Pocitos, Buceo, Malvín, Carrasco — se desarrollaron a lo largo del frente costero durante el siglo XX.

Este patrón de crecimiento lineal tuvo una consecuencia fundamental: la Rambla no es solo el borde de la ciudad fundacional. Es el eje que conecta toda la ciudad moderna de este a oeste, atravesando barrios de diferentes características sociales, económicas y arquitectónicas.

Caminar la Rambla de Montevideo de punta a punta es, en ese sentido, atravesar la historia urbana de la ciudad. Los barrios más antiguos y modestos del oeste, la zona histórica del Puerto y el Barrio Sur, los barrios de clase media de Pocitos y Buceo, y las residencias más exclusivas de Carrasco — todos tienen su frente sobre la misma Rambla.


2. La construcción de la Rambla

2.1 Los antecedentes: la costa antes de la Rambla

A finales del siglo XIX y principios del XX, la costa de Montevideo era un espacio sin urbanizar en gran parte de su extensión. En algunas zonas había playas frecuentadas por las familias pudientes de la ciudad. En otras, la orilla estaba ocupada por instalaciones portuarias, depósitos y actividades industriales. No existía un espacio público continuo que recorriera la costa.

La idea de crear un paseo costero que conectara los distintos barrios frente al río surgió en el contexto de los grandes proyectos de modernización urbana que caracterizaron al Uruguay de principios del siglo XX. El país vivía entonces un período de reformas políticas y sociales impulsadas por el gobierno de José Batlle y Ordóñez que transformaron profundamente la sociedad uruguaya y que tuvieron también consecuencias sobre la forma de concebir el espacio urbano.

2.2 El proyecto y su construcción

La construcción de la Rambla fue un proceso gradual que se extendió a lo largo de varias décadas del siglo XX. No fue un proyecto único y monumental, sino una serie de intervenciones sucesivas que fueron extendiendo el paseo costero de manera progresiva, conectando barrios y tramos que antes estaban desconectados.

El trazado de la Rambla implicó en algunos sectores la construcción de muros de contención sobre el río, ganando terreno al agua para crear la plataforma sobre la que se construiría el paseo. En otros sectores, la Rambla aprovechó la topografía natural de la costa, adaptándose a las bahías, puntas y playas que caracterizan el litoral montevideano.

Una de las decisiones más importantes del proyecto fue establecer que sobre la franja costera no se permitiría la construcción de edificios. Los predios que dan frente a la Rambla podían ser desarrollados en altura — y de hecho lo fueron, especialmente en barrios como Pocitos — pero la primera línea frente al agua quedaba reservada como espacio público.

2.3 La sección transversal: cómo funciona la Rambla

La sección transversal de la Rambla varía a lo largo de su recorrido, pero tiene una lógica general que se mantiene consistente: una vía de tránsito vehicular con dos o tres carriles por sentido, una vereda amplia para peatones y ciclistas, y luego la bajada hacia la orilla del río o hacia las playas.

Esta sección es más generosa en algunos tramos que en otros. En los sectores donde la Rambla está bordeada por edificios de apartamentos en altura — como en Pocitos — la dimensión del espacio público es dominada visualmente por las torres. En los sectores más abiertos, como Carrasco o La Paloma, la escala es completamente diferente: el espacio público se expande y la relación con el paisaje del río se vuelve protagónica.

La Rambla tiene también equipamientos distribuidos a lo largo de su recorrido: rampas de acceso al agua, muelles de pesca, canchas deportivas, plazas, monumentos y esculturas, fuentes, kioscos. No es un espacio monótono sino una secuencia de situaciones urbanas distintas que se van revelando a medida que se recorre.


3. La Rambla como espacio democrático

3.1 El uso cotidiano

La Rambla de Montevideo es utilizada a diario por personas de todos los sectores sociales de la ciudad. Esto no es trivial. En muchas ciudades latinoamericanas, los espacios públicos de calidad están concentrados en los barrios de mayor poder adquisitivo o son utilizados principalmente por un sector de la población. La Rambla, por su extensión y por su carácter de eje estructurador de toda la ciudad, es genuinamente heterogénea.

Por la mañana temprano, los corredores y caminantes ocupan las veredas. Los pescadores instalan sus cañas sobre los muros de contención desde el amanecer. A lo largo del día, familias, turistas, jubilados, estudiantes y trabajadores se cruzan en el mismo espacio. Los fines de semana, la Rambla se convierte en el punto de encuentro más importante de la ciudad.

Este uso intenso y diverso no ocurre por casualidad. Ocurre porque el espacio fue diseñado — o evolucionó — para ser accesible a todos. No hay barreras de entrada. No hay zonas exclusivas. La única regla implícita es que el espacio es de todos, lo que en la práctica significa que nadie puede apropiárselo completamente.

3.2 La Rambla y la identidad montevideana

Para los montevideanos, la Rambla es mucho más que un espacio público. Es un elemento central de la identidad de la ciudad y de sus habitantes. Hay frases hechas, rituales, hábitos que se articulan alrededor de la Rambla: salir a caminar la Rambla, el mate en la Rambla, ver el atardecer en la Rambla.

Esta dimensión identitaria tiene consecuencias urbanas concretas. Cuando en algún momento se discutió la posibilidad de permitir desarrollo inmobiliario sobre algunos tramos del frente costero, la resistencia ciudadana fue inmediata y masiva. La Rambla tiene una protección política que va más allá de las normas urbanísticas: está protegida por el afecto colectivo de una ciudad entera.

Ese afecto no surgió de la nada. Es el resultado acumulado de décadas de uso cotidiano, de generaciones que crecieron corriendo por sus veredas, pescando en sus muros, viendo el río desde sus bancas. La Rambla es un espacio cargado de memoria colectiva de una manera que muy pocos espacios públicos logran ser.

3.3 Comparación con otros frentes de agua latinoamericanos

La dimensión de lo que representa la Rambla se entiende mejor cuando se la compara con lo que ocurrió en otras ciudades latinoamericanas con condiciones similares.

Buenos Aires, que también tiene un extenso frente sobre el Río de la Plata, lo fragmentó a lo largo del siglo XX entre autopistas, puertos, reservas ecológicas de acceso restringido y desarrollos privados de lujo como Puerto Madero. El frente de agua porteño no tiene continuidad ni es verdaderamente accesible para todos sus habitantes.

Río de Janeiro tiene el Copacabana y el Ipanema, playas extraordinarias y muy públicas, pero también kilómetros de orillas privatizadas o inaccesibles. Santiago de Chile le dio la espalda al Mapocho durante décadas. Lima construyó autopistas sobre sus acantilados costeros. En casi todos los casos, la relación entre ciudad y agua fue sacrificada en algún momento en nombre del automóvil, del capital privado o de la urgencia del crecimiento.

Montevideo no es perfecta. Tiene sus propias contradicciones y sus propios problemas urbanos. Pero en este aspecto específico — la decisión de mantener el frente de agua como espacio público continuo — tomó un camino que hoy muchas ciudades intentan recuperar a costos enormes.


4. Arquitectura notable sobre la Rambla

4.1 El Estadio Centenario

Aunque no está directamente sobre la Rambla, el Estadio Centenario — construido en 1930 para albergar el primer Mundial de Fútbol de la historia — es el edificio más emblemático de la arquitectura moderna uruguaya y una referencia obligada en la discusión sobre el patrimonio arquitectónico de Montevideo.

Diseñado por el arquitecto Juan Scasso, el estadio tiene una escala monumental que en su momento fue excepcional para América del Sur. Su estructura de hormigón armado, sus tribunas en voladizo y su torre de homenaje lo convierten en una obra que sintetiza las aspiraciones modernizadoras del Uruguay de los años 20 y 30.

4.2 La arquitectura residencial de Pocitos y Carrasco

Los barrios de Pocitos y Carrasco concentran algunos de los mejores ejemplos de arquitectura residencial moderna uruguaya. En Pocitos, las torres de apartamentos construidas entre los años 50 y 80 configuran una skyline compacta sobre la Rambla que es característica de ese sector de la ciudad.

En Carrasco, el tejido es completamente diferente: residencias unifamiliares de los siglos XIX y XX en un barrio arbolado de traza irregular que termina en una franja costera de playas y dunas. La arquitectura de Carrasco incluye ejemplos notables del art déco, el racionalismo y el movimiento moderno uruguayo, muchos de ellos en excelente estado de conservación.

4.3 El Hotel Carrasco

El Hotel Carrasco, construido en 1921 y recientemente restaurado, es uno de los edificios más singulares de Montevideo. Su arquitectura ecléctica con influencias francesas, su escala palatial y su ubicación privilegiada frente al mar lo convierten en un hito visual en el extremo este de la Rambla.

La restauración del Hotel Carrasco, completada en 2013 después de décadas de abandono, es también un caso de estudio sobre patrimonio y rehabilitación urbana. El edificio fue convertido en un hotel de lujo manteniendo sus características arquitectónicas originales, en un proyecto que generó tanto celebración como debate sobre los límites entre preservación patrimonial y rentabilización del patrimonio.

4.4 El Palacio Salvo y el centro histórico

El centro histórico de Montevideo, aunque no está sobre la Rambla, es inseparable de la discusión sobre la arquitectura de la ciudad. El Palacio Salvo, construido entre 1922 y 1928 y diseñado por el arquitecto Mario Palanti — el mismo arquitecto del Palacio Barolo de Buenos Aires — fue durante décadas el edificio más alto de América del Sur.

Su arquitectura ecléctica, con referencias al gótico, al art déco y a formas orgánicas de difícil clasificación, lo convierte en uno de los edificios más singulares del continente. Para los montevideanos es el símbolo por excelencia de su ciudad, más reconocible incluso que cualquier otro edificio.

El centro histórico de Montevideo en su conjunto es un patrimonio arquitectónico extraordinario y relativamente poco conocido fuera de Uruguay. Sus calles conservan una densidad de arquitectura ecléctica, art déco y racionalista de los siglos XIX y XX que en pocas ciudades latinoamericanas se ha preservado con esa integridad.


5. Lo que la Rambla nos enseña

5.1 El espacio público como decisión política

La Rambla de Montevideo demuestra que la calidad del espacio público no es una consecuencia inevitable del desarrollo económico ni del nivel de ingresos de una ciudad. Uruguay no es el país más rico de América del Sur. Montevideo no es la ciudad con más recursos de la región. Y sin embargo tiene uno de los espacios públicos más extraordinarios del continente.

La diferencia no es económica. Es política. Es el resultado de decisiones — algunas explícitas, otras acumuladas a lo largo del tiempo — sobre qué tipo de ciudad se quiere construir y para quién. La Rambla existe porque en algún momento, y sostenidamente a lo largo de décadas, hubo una decisión de que el frente de agua le pertenecía a todos.

Esa decisión no se tomó una sola vez. Se tomó cada vez que alguien propuso construir una autopista sobre la costa y la propuesta fue rechazada. Se tomó cada vez que se mantuvo la norma de no edificar sobre la primera línea del frente de agua. Se tomó cada vez que se invirtió en el mantenimiento y la mejora del paseo.

5.2 La escala humana como valor

La Rambla fue diseñada para personas que caminan, que corren, que se sientan a mirar el río. No fue diseñada para el automóvil, aunque el automóvil también tenga su lugar en ella. Esta jerarquía — el peatón primero, el coche después — produce un espacio cuya escala es fundamentalmente humana.

Jan Gehl, el urbanista danés que ha dedicado su carrera a estudiar cómo las personas usan el espacio público, argumenta que las ciudades que priorizan al peatón sobre el automóvil no solo son más habitables — son también más equitativas, porque el acceso a pie es el único modo de transporte que no requiere dinero.

La Rambla de Montevideo es un ejemplo perfecto de ese principio. Es accesible para cualquier persona, independientemente de su capacidad económica. No requiere pagar entrada, no requiere tener coche, no requiere pertenecer a ningún club ni comunidad. Solo requiere estar en Montevideo y querer caminar hacia el río.

5.3 La continuidad como cualidad urbana

Una de las cualidades más importantes de la Rambla — y una de las más difíciles de lograr — es su continuidad. 22 kilómetros sin interrupciones, sin barreras, sin cambios de propiedad que fragmenten el recorrido.

Esta continuidad tiene consecuencias prácticas: permite recorrer la ciudad de punta a punta a pie o en bicicleta siguiendo el frente de agua. Permite que los barrios que toca estén conectados entre sí por un espacio común. Permite que la experiencia del río sea accesible desde cualquier punto de la ciudad.

Pero tiene también consecuencias simbólicas: la continuidad dice que el espacio es de todos y que no hay ningún punto de la costa que sea más o menos público que otro. No hay un sector VIP de la Rambla. No hay un tramo donde el acceso sea más difícil. Todo es igualmente accesible, igualmente público, igualmente de todos.

El espacio público no es el espacio que sobra después de que se construye todo lo demás. Es el espacio que define qué tipo de ciudad queremos ser.

Jan GehlUrbanista, Ciudades para la gente, 2010

Referencias y lecturas recomendadas

Libros

  • Gehl, J. (2010). Cities for People. Island Press.
  • Gehl, J. y Gemzoe, L. (2000). New City Spaces. Danish Architectural Press.
  • Jacobs, J. (1961). The Death and Life of Great American Cities. Random House.
  • Nudelman, J. (Ed.) (2009). El Uruguay moderno: arquitectura y ciudad. Facultad de Arquitectura, UDELAR.
  • Ponte, J. R. (2008). La fragilidad de la memoria. Ediciones Doble Hélice.
  • Rovira, T. (2011). Arquitectura moderna en Uruguay. Ediciones Facultad de Arquitectura.

Estudios

  • Altezor, C. (1994). 'Arquitectura urbana en Uruguay 1900–1960'. Revista de la Facultad de Arquitectura, UDELAR.
  • Carmona, L. y Gómez, M. (2002). 'El espacio público en la ciudad latinoamericana'. CEPAL.
  • Intendencia de Montevideo (2018). Plan Montevideo: Ordenamiento territorial y desarrollo sostenible.
  • ONU-Hábitat (2015). Espacios públicos en América Latina: situación y perspectivas.

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