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El Seagram Building: la historia del edificio de vidrio más importante del siglo XX

La historia del Seagram Building de Mies van der Rohe en Park Avenue: por qué cada detalle importa y cómo cambió la arquitectura corporativa del siglo XX.

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El Seagram Building: la historia del edificio de vidrio más importante del siglo XX

En 1954, Phyllis Lambert era una joven de 27 años viviendo en París cuando su padre, Samuel Bronfman — fundador de Seagram, una de las empresas de licores más grandes del mundo — le envió los planos de un edificio que pensaba construir en Park Avenue, Nueva York. Phyllis los miró, los estudió, y le escribió una carta que cambiaría la historia de la arquitectura.

La carta decía, en esencia, que los planos eran mediocres y que su padre merecía algo mejor. Que si iba a construir un edificio en una de las avenidas más importantes del mundo, tenía la responsabilidad de hacerlo bien. Bronfman, sorprendido por la franqueza de su hija, le dio carta blanca para encontrar al arquitecto correcto. Phyllis Lambert pasó meses estudiando, consultando a críticos y arquitectos, y terminó recomendando a Ludwig Mies van der Rohe.

Fue la decisión correcta. Lo que Mies construyó en Park Avenue entre 1956 y 1958 sigue siendo, sesenta y cinco años después, el edificio de oficinas más influyente de la historia de la arquitectura moderna.


El arquitecto y su filosofía

Ludwig Mies van der Rohe nació en Aquisgrán, Alemania, en 1886. Su padre era cantero — un artesano de la piedra — y Mies creció rodeado de la idea de que los materiales tienen una dignidad propia que el arquitecto debe respetar y revelar, nunca ocultar. Esa convicción temprana se convertiría en el principio central de toda su obra.

Se formó como arquitecto de manera autodidacta — nunca estudió en una escuela de arquitectura formal. Trabajó en el estudio de Peter Behrens en Berlín, donde también pasaron en distintos momentos Le Corbusier y Walter Gropius. Luego dirigió la Bauhaus entre 1930 y 1933, cuando los nazis la clausuraron. En 1938 emigró a Estados Unidos y asumió la dirección del departamento de arquitectura del Illinois Institute of Technology en Chicago.

En Estados Unidos, Mies desarrolló la versión más radical y más reconocible de su filosofía: la arquitectura reducida a su esencia estructural. Muros de vidrio, estructura de acero, planta absolutamente libre, detalles de una precisión milimétrica. Su frase más famosa — menos es más — no era una consigna estética sino una posición filosófica: la arquitectura debía despojarse de todo lo que no fuera estrictamente necesario para revelar la verdad de su construcción.

Dios está en los detalles.

Ludwig Mies van der Rohe

El encuentro con los Bronfman

Cuando Phyllis Lambert le presentó el encargo a Mies, él tenía 68 años y era ya una figura legendaria de la arquitectura americana. Había diseñado el campus del IIT en Chicago, las casas Farnsworth y las Torres Lake Shore Drive — los primeros rascacielos de vidrio y acero del mundo, construidos en Chicago en 1951.

El encargo del Seagram era distinto a todo lo que había hecho antes. Era un edificio de oficinas en Park Avenue, una de las avenidas más caras y más visibles de Nueva York. El cliente tenía dinero ilimitado. La localización era perfecta. Y Phyllis Lambert, que asumió el rol de directora del proyecto, le daba a Mies una libertad casi total para tomar decisiones de diseño.

Mies tardó dos años en diseñarlo. Construyó maquetas a escala real de los detalles de las ventanas para verificar que la proporción era exactamente la que quería. Probó distintos materiales para los perfiles. Estudió cómo la luz de Nueva York afectaría las superficies de vidrio en distintas horas del día. Era un proceso de una meticulosidad que desconcertaba incluso a sus colaboradores más cercanos.


Los perfiles de acero que no son estructura

El detalle más conocido y más malentendido del Seagram Building son los perfiles de acero bronce que recorren verticalmente toda la fachada. A primera vista parecen la expresión directa de la estructura del edificio — las vigas que sostienen el peso de los pisos, reveladas honestamente al exterior. Pero no lo son.

La normativa de incendios de Nueva York de los años 50 exigía que toda la estructura metálica de los edificios estuviera recubierta de concreto para protegerla del fuego. Eso significaba que la estructura real del Seagram estaba enterrada bajo capas de hormigón, invisible desde el exterior. Para un arquitecto cuya filosofía central era la honestidad constructiva — mostrar cómo está hecho un edificio — esto era inaceptable.

La solución de Mies fue brillante en su aparente contradicción: si no podía mostrar la estructura real, mostraría su representación. Los perfiles de acero bronce de la fachada son elementos no estructurales — decorativos, en el sentido más estricto del término — que comunican visualmente la lógica constructiva del edificio aunque no sean literalmente la estructura. Son una metáfora en acero. Y son también el elemento que le da al edificio su ritmo, su proporción y su carácter inconfundible.

No quiero ser interesante. Quiero ser bueno.

Ludwig Mies van der Rohe

La plaza como regalo a la ciudad

En los años 50, el aprovechamiento máximo del suelo era la norma en la construcción de edificios de oficinas en Manhattan. Cada metro cuadrado de lote se traducía en metros cuadrados de área arrendable, y cada metro cuadrado de área arrendable se traducía en ingresos. La idea de dejar la mitad del lote vacía como plaza pública era, desde el punto de vista de cualquier promotor convencional, un desperdicio inexplicable.

Mies tenía una razón precisa para insistir en la plaza. El Seagram Building tiene 38 pisos y una altura de 157 metros. Para que ese volumen pudiera verse completo desde Park Avenue — para que el transeúnte pudiera experimentar la totalidad del edificio sin tener que alejarse varias manzanas — era necesario crear una distancia entre la fachada y la línea de construcción. La plaza no era generosidad urbana en primer lugar: era una condición del diseño.

Pero sus efectos sobre la vida urbana de Park Avenue fueron inmediatos y profundos. La plaza de granito rosa con sus dos fuentes simétricas se convirtió en uno de los espacios públicos más usados del Midtown de Manhattan. Los trabajadores de los edificios cercanos comían allí en verano. Los turistas se detenían. La ciudad, que no había sido consultada sobre el diseño, lo adoptó como propio.

La influencia de esta decisión sobre la legislación urbana de Nueva York fue directa: en 1961, la ciudad aprobó una nueva normativa de zonificación que ofrecía a los promotores la posibilidad de construir más pisos de altura a cambio de crear plazas públicas en la planta baja. El mecanismo fue inspirado directamente por lo que Mies había hecho en el Seagram sin que nadie se lo pidiera.


Las esquinas que flotan

Uno de los detalles más sutiles y más sofisticados del Seagram Building son sus esquinas. En un edificio convencional de estructura metálica, las columnas están en las esquinas — es el punto donde se concentran las cargas y donde la estructura necesita mayor presencia. En el Seagram, las columnas están retranqueadas hacia el interior. Lo que se ve en el borde exterior del edificio es vidrio puro — sin columna, sin marco, sin interrupción.

El efecto visual es el de un edificio que no toca el suelo en sus esquinas — que flota sobre la plaza. Es una ilusión cuidadosamente calculada que costó una complejidad estructural y económica considerable. Mies sabía perfectamente que nadie repararía conscientemente en ese detalle. Pero también sabía que todos lo sentirían: que la diferencia entre un edificio que parece pesar sobre el suelo y uno que parece elevarse de él se juega exactamente en decisiones tan pequeñas como esa.


Las ventanas y la obsesión por el control

El sistema de ventanas del Seagram Building es otro ejemplo de la manera en que Mies llevaba sus principios hasta sus últimas consecuencias. Las ventanas podían abrirse en tres posiciones: completamente cerradas, completamente abiertas o a la mitad. Pero Mies exigió que todos los ocupantes del edificio mantuvieran sus persianas interiores en la misma posición en todo momento — para que la fachada mantuviera siempre una apariencia uniforme desde el exterior.

Para garantizarlo, el edificio contrató inicialmente a un empleado cuya función era recorrer los pisos y pedir a los ocupantes que ajustaran sus persianas según la posición establecida. La anécdota parece absurda, pero ilustra perfectamente la lógica de Mies: para él, la experiencia del edificio desde el exterior era tan importante como la experiencia desde el interior. El Seagram no era solo el lugar de trabajo de las personas que estaban adentro — era también un elemento del paisaje urbano de Park Avenue, y ese paisaje tenía que ser perfecto.


El costo de la perfección

El Seagram Building costó aproximadamente 36 millones de dólares en 1958 — el equivalente a unos 380 millones de dólares de hoy. Era más del doble de lo que costaba construir un edificio de oficinas comparable en Manhattan en esa época. La diferencia no estaba en el tamaño ni en la complejidad del programa sino en los materiales y en los detalles.

El bronce de los perfiles de fachada fue elegido por Mies después de meses de pruebas con distintos materiales. El granito rosa de la plaza fue seleccionado específicamente para contrastar con la oscuridad del edificio. Los muebles del restaurante de la planta baja — el Four Seasons, diseñado por Philip Johnson — fueron encargados a diseñadores específicos para garantizar que la experiencia interior fuera coherente con la exterior.

Samuel Bronfman aceptó cada uno de estos costos adicionales. No porque no los cuestionara — los cuestionó, y hubo tensiones durante la construcción — sino porque Phyllis Lambert y Mies fueron capaces de convencerlo de que lo que estaban construyendo valía la diferencia. Que un edificio extraordinario era también una inversión en la reputación de la empresa Seagram de una manera que ninguna campaña de publicidad podría lograr.

Tenían razón. El Seagram Building apareció en las portadas de las revistas de arquitectura de todo el mundo. Fue estudiado, analizado, copiado e influyó directamente en la generación de rascacielos de vidrio y acero que transformaron los skylines de todas las ciudades del mundo en las décadas siguientes.


El edificio más copiado del mundo

La influencia del Seagram Building sobre la arquitectura de la segunda mitad del siglo XX es difícil de exagerar. Prácticamente todos los edificios de oficinas de vidrio y acero que se construyeron en el mundo entre 1960 y 1990 son deudores del Seagram en mayor o menor medida. La combinación de fachada de vidrio oscuro, estructura expresada verticalmente y plaza pública en la base se convirtió en el modelo del rascacielos corporativo moderno.

Pero hay una ironía profunda en esa influencia. Lo que hizo extraordinario al Seagram fue precisamente lo que se perdió en todas sus copias: la obsesión de Mies por los detalles, la calidad de los materiales, la precisión de las proporciones. Los edificios que imitaron su lenguaje sin comprender su lógica produjeron lo que los críticos llamaron el estilo internacional — una arquitectura globalmente uniforme, anónima y sin carácter que convirtió los centros de negocios de todas las ciudades del mundo en versiones intercambiables del mismo edificio.

Mies era perfectamente consciente de este riesgo. En sus últimos años vio cómo su lenguaje era adoptado y simplificado por promotores y arquitectos que tomaban la forma sin entender el contenido. Lo que él había desarrollado como un sistema de precisión extrema se convertía en una fórmula fácil de repetir. Era la consecuencia inevitable del éxito.

He intentado hacer una arquitectura que sea neutral y que permita a las personas hacer lo que quieran. Lamentablemente, las personas a veces son imprevisibles.

Ludwig Mies van der Rohe

El Seagram hoy

El Seagram Building fue declarado Landmark — monumento protegido — por la Comisión de Preservación de Monumentos de Nueva York en 1989. Es uno de los pocos edificios del siglo XX en recibir esa designación, que impide cualquier modificación significativa de su fachada o sus espacios públicos.

El restaurante Four Seasons, que ocupó el espacio de la planta baja desde la inauguración hasta 2016, fue durante décadas el almuerzo de poder por excelencia de Manhattan — el lugar donde los editores firmaban contratos con autores, donde los ejecutivos cerraban fusiones, donde la élite cultural y financiera de Nueva York se veía y se dejaba ver. Su cierre generó una controversia que llegó a los tribunales.

Hoy el edificio sigue siendo uno de los más cotizados de Park Avenue. Sus oficinas se arriendan a precios que están entre los más altos de Manhattan. Sesenta y cinco años después de su inauguración, el Seagram Building sigue siendo lo que Mies quiso que fuera: el mejor edificio de su tipo en el mundo.


Referencias y lecturas recomendadas

Sobre el Seagram Building

  • Lambert, P. (2013). Building Seagram. Yale University Press, New Haven.
  • Blake, P. (1960). The Seagram Building. Architectural Record, Nueva York.
  • Mumford, L. (1958). The Lesson of the Master. The New Yorker, 13 de septiembre de 1958.
  • New York City Landmarks Preservation Commission (1989). Seagram Building Designation Report. Nueva York.

Sobre Mies van der Rohe

  • Schulze, F. (1985). Mies van der Rohe: A Critical Biography. University of Chicago Press.
  • Tegethoff, W. (1985). Mies van der Rohe: The Villas and Country Houses. MIT Press, Cambridge.
  • Riley, T. y Bergdoll, B. (eds.) (2001). Mies in Berlin. MoMA, Nueva York.
  • Johnson, P. (1947). Mies van der Rohe. MoMA, Nueva York.
  • Drexler, A. (1960). Ludwig Mies van der Rohe. George Braziller, Nueva York.

Sobre arquitectura moderna y rascacielos

  • Frampton, K. (1992). Modern Architecture: A Critical History. Thames and Hudson, Londres. [Tercera edición]
  • Huxtable, A. L. (1986). The Tall Building Artistically Reconsidered. Pantheon Books, Nueva York.
  • Goldberger, P. (2009). Why Architecture Matters. Yale University Press, New Haven.
  • Wiseman, C. (2007). Shaping a Nation: Twentieth-Century American Architecture and Its Makers. W. W. Norton, Nueva York.
  • Stern, R. A. M., Mellins, T. y Fishman, D. (1995). New York 1960: Architecture and Urbanism Between the Second World War and the Bicentennial. Monacelli Press, Nueva York.

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