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El Coliseo de Roma: el estadio que inventó el espectáculo

Cómo Vespasiano construyó el mayor anfiteatro de la antigüedad: los tres órdenes en la fachada, las 80 entradas, el velarium y el hipogeo del Coliseo.

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El Coliseo de Roma: el estadio que inventó el espectáculo

En el año 72 d.C., el emperador Vespasiano tomó una decisión que cambiaría para siempre la historia de la arquitectura y del entretenimiento: ordenó construir un anfiteatro en el centro de Roma, sobre el lago artificial que Nerón había construido para su palacio privado. El mensaje era claro y deliberado. El espacio que el emperador anterior había tomado para sí mismo — arrebatándoselo a la ciudad — sería devuelto al pueblo en forma del mayor lugar de entretenimiento que el mundo había visto jamás.

Lo que Vespasiano comenzó, su hijo Tito lo terminó. El Anfiteatro Flavio — que la historia conoce como el Coliseo, por la enorme estatua de Nerón que se alzaba cerca de él — se inauguró en el año 80 d.C. con cien días de juegos. Se dice que en esos cien días murieron más de 9.000 animales. La hipérbole puede ser exagerada, pero la escala del espectáculo inaugural no lo era. Roma quería demostrar que podía hacerlo todo más grande, más rápido y más brutal que cualquier civilización anterior.


La arquitectura del poder

El Coliseo no fue solo un estadio. Fue una declaración arquitectónica de la supremacía romana sobre todas las civilizaciones que la habían precedido. Y esa declaración está inscrita literalmente en su fachada exterior.

Los tres niveles de arcos que se superponen en la fachada exterior del Coliseo utilizan los tres órdenes arquitectónicos de la tradición griega. El nivel inferior tiene columnas adosadas de orden dórico, el más antiguo y más sobrio de los órdenes griegos. El nivel intermedio tiene columnas de orden jónico, más decorado que el dórico. El nivel superior tiene columnas de orden corintio, el más elaborado y más ornamentado de los tres. Los romanos tomaron la totalidad de la tradición arquitectónica griega y la apilaron en un solo edificio, de abajo hacia arriba, como quien muestra una colección completa.

Esta superposición de órdenes no era solo estética sino filosófica: era la manera en que Roma decía que había asimilado, ordenado y superado todo lo que Grecia había producido. La arquitectura como declaración de dominio cultural.

El cuarto nivel, más alto, tiene pilastras planas — sin columnas — y tenía ventanas alternas cerradas y abiertas. En los 80 nichos que se alternaban entre las pilastras había estatuas de mármol. Hoy esos nichos están vacíos, como cuencas sin ojos, y dan al edificio esa apariencia de ruina melancólica que lo hace tan fotogénico. Pero en su momento de gloria, con las estatuas en su lugar y la fachada revestida de mármol travertino blanco, el Coliseo era un edificio resplandeciente que reflejaba el sol romano desde el centro de la ciudad.


Los números del edificio

El Coliseo mide 188 metros de largo, 156 metros de ancho y 48 metros de altura. Su perímetro exterior es de 527 metros. Tenía capacidad para entre 50.000 y 80.000 espectadores, según la estimación que se siga. Para poner esos números en perspectiva: el Estadio Olímpico de Roma, construido en 1953, tiene capacidad para 72.000 personas. El Coliseo, construido hace 2.000 años sin maquinaria moderna, tenía una capacidad comparable.

La estructura usó aproximadamente 100.000 metros cúbicos de travertino romano, 300 toneladas de argollas de hierro para conectar los bloques de piedra y grandes cantidades de concreto romano, ladrillo y toba volcánica. Es una de las obras de ingeniería más complejas de la antigüedad — y su complejidad no estaba solo en la escala sino en los sistemas que hacía funcionar.


El sistema de circulación: 80 entradas y 15 minutos

Uno de los aspectos más extraordinarios del Coliseo, y el que más ha influido en el diseño de estadios modernos, es su sistema de circulación. El edificio tenía 80 entradas numeradas en el nivel exterior — el número LXXVI, el número 76, todavía es visible sobre uno de los arcos de la fachada norte. Cada espectador recibía un tessera, una ficha de terracota o marfil que indicaba la entrada, la sección, la fila y el asiento correspondientes.

Este sistema de distribución permitía que el edificio se llenara y se vaciara con una eficiencia que los estadios modernos todavía intentan replicar. Los cálculos de los arqueólogos sugieren que los 50.000 espectadores podían evacuar el Coliseo en menos de 15 minutos a través de las vías de circulación — las vomitoria, como las llamaban los romanos, con una franqueza que el latín se permitía — que distribuían el flujo de personas por toda la estructura.

El sistema de vomitoria — los corredores que conectaban las gradas con los pasillos exteriores — fue tan eficiente que se convirtió en el modelo que todos los arquitectos de estadios y teatros han seguido desde entonces. El Madison Square Garden, el Camp Nou, el Maracaná — todos tienen en su ADN el sistema de circulación que los ingenieros romanos desarrollaron en el siglo I de nuestra era.


El velarium: la cubierta que no era cubierta

Uno de los detalles menos conocidos del Coliseo es que tenía una cubierta parcial. No un techo sólido sino un velarium — un sistema de toldos de lona o de velas que se extendían sobre las gradas para proteger a los espectadores del sol. Los restos de los postes y los anillos de piedra que sostenían el sistema de cuerdas del velarium todavía son visibles en el borde superior de la fachada.

El velarium era operado por marineros de la flota imperial de Miseno, que eran los únicos que tenían el entrenamiento necesario para manejar un sistema de cuerdas y velas de esa complejidad. Era literalmente tripulado por marineros en tierra. Varios cientos de ellos vivían en un cuartel adyacente al Coliseo específicamente para mantener el velarium en funcionamiento durante los espectáculos.

La operación del velarium era uno de los espectáculos dentro del espectáculo. Desplegar y replegar el sistema de toldos era una maniobra coordinada que los espectadores podían ver en tiempo real, con docenas de marineros trabajando simultáneamente en el borde superior del edificio.


Los túneles y los ascensores: el mundo debajo del ruedo

Lo que los visitantes del Coliseo ven hoy cuando miran hacia el centro del edificio es el hipogeo — el sistema de túneles y cámaras subterráneas que estaba bajo la arena. Hoy está expuesto porque la arena de madera que cubría el hipogeo desapareció hace siglos. Pero en su época de funcionamiento, los espectadores solo veían la superficie de arena sobre la que luchaban los gladiadores y corrían los animales.

Debajo de esa arena había un laberinto de dos niveles de galerías y cámaras que cubría toda la extensión del ruedo. Allí se guardaban los animales en sus jaulas, se preparaban los gladiadores antes de salir, se almacenaban los escenarios y los mecanismos del espectáculo. Y había un sistema de al menos 28 plataformas elevadoras — ascensores accionados manualmente por poleas y contrapesos — que podían subir en segundos una jaula con un animal salvaje directamente al nivel de la arena, haciéndolo aparecer de manera sorpresiva ante los espectadores.

El efecto de que un tigre o un oso apareciera repentinamente en el centro del ruedo, emergiendo de la arena como si brotara del suelo, era uno de los momentos más esperados del espectáculo. Los ingenieros romanos habían diseñado ese sistema de sorpresa con la misma meticulosidad con que diseñaron la estructura. El entretenimiento era también una cuestión de ingeniería.


La destrucción y el saqueo

Solo queda aproximadamente el 30% del Coliseo original. El resto desapareció a lo largo de los siglos en uno de los episodios de destrucción patrimonial más prolongados de la historia. Después de la caída del Imperio Romano de Occidente en el siglo V, el Coliseo dejó de usarse para espectáculos y comenzó su lenta transformación en cantera.

Los terremotos del siglo XII dañaron severamente la estructura y derrumbaron el lado sur, que nunca fue reconstruido. A partir del siglo XIII, sucesivos papas y familias nobles romanas obtuvieron permisos para extraer materiales del Coliseo para sus propias construcciones. El travertino de sus arcos fue a parar a los palacios de las familias Barberini y Farnese. El mármol de sus revestimientos fue quemado para producir cal. Y el hierro de sus argollas fue extraído a golpe de cincel, dejando las marcas en los bloques de piedra que todavía son visibles hoy.

La Basílica de San Pedro en el Vaticano fue construida en parte con materiales del Coliseo. Es una de las ironías más profundas de la historia de Roma: el edificio que fue símbolo del paganismo romano y donde, según la tradición cristiana, murieron mártires, terminó proveyendo los materiales de construcción del edificio más importante del catolicismo mundial.


El Coliseo hoy

El Coliseo fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1980, como parte del conjunto del Centro Histórico de Roma. Es el monumento más visitado de Italia y uno de los más visitados del mundo, con aproximadamente 7 millones de visitantes al año.

Las excavaciones arqueológicas del hipogeo, que comenzaron sistemáticamente en el siglo XX, han revelado progresivamente la complejidad del sistema subterráneo. En 2021 se inauguró una nueva pasarela que permite a los visitantes caminar sobre una reconstrucción parcial de la arena original, recuperando la perspectiva que tenían los gladiadores mirando hacia las gradas.

Los trabajos de restauración continúan. La fachada norte, la mejor conservada, ha sido objeto de varias campañas de limpieza y consolidación. Los arqueólogos siguen encontrando piezas del sistema del hipogeo que permiten entender mejor cómo funcionaba la maquinaria del espectáculo romano.

Dos mil años después, el Coliseo sigue siendo el modelo al que vuelven los arquitectos cuando diseñan un lugar para que las personas se reúnan a ver algo juntas. No porque los estadios modernos lo imiten conscientemente sino porque los romanos resolvieron los problemas fundamentales del espacio de espectáculo con una eficiencia que todavía no ha sido superada.


Referencias

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