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Bioarquitecturapor Sara Puerta11 min de lectura

El acero vegetal en cifras: la resistencia real de la guadua

Compresión, tracción y fallas de la guadua según la NTC 5525, la NSR-10 y estudios colombianos, y qué dicen los apuntalamientos tras el sismo de Pereira.

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El acero vegetal en cifras: la resistencia real de la guadua

Después del terremoto del 10 de agosto de 2026, muchos edificios de Pereira y de otros municipios del Eje Cafetero quedaron con apuntalamientos de emergencia hechos con tallos de guadua. Y en redes sociales empezó a circular un debate legítimo. ¿Cómo puede un material que parece un tallo hueco sostener el peso de un edificio de concreto? ¿No es demasiado frágil? ¿Es seguro dejar que la vida de la gente dependa de eso?

Este artículo intenta responder esas preguntas con datos técnicos verificados. No con anécdotas, no con orgullo cultural, no con frases poéticas sobre nuestro material nativo. Con números medidos en laboratorio, publicados en revistas científicas, obtenidos bajo protocolos normativos y comparables con los materiales estructurales que usamos todos los días.

Antes de entrar en detalles, dos aclaraciones. Ya escribí en esta bitácora sobre la guadua desde otros ángulos, desde el material como tesoro que Colombia no sabe que tiene hasta la catedral de guadua que Simón Vélez levantó en Pereira. Aquí me concentro en lo que menos he tocado: el análisis mecánico. Y este texto es divulgación, no un manual de construcción. Cualquier proyecto real con guadua exige diseño estructural firmado por un ingeniero calificado.

Vamos al material.


Las dos fuerzas que hay que entender

Para hablar en serio de la capacidad estructural de cualquier material hay que distinguir dos fuerzas básicas.

La primera es la compresión: la fuerza que aplasta al material desde direcciones opuestas hacia el centro. Cuando pones una columna debajo de un edificio, toda la masa de ese edificio cae sobre la columna y la comprime. El hormigón, la piedra, el ladrillo cocido y la guadua trabajan muy bien a compresión.

La segunda es la tracción: la fuerza que estira el material hacia afuera. Cuando cuelgas algo pesado de una cuerda, la cuerda trabaja a tracción. El acero, la fibra de carbono, la madera dura y también la guadua trabajan bien a tracción, con niveles de rendimiento distintos.

La mayoría de los materiales se comportan muy distinto según la fuerza que reciben. El hormigón es magnífico a compresión y pésimo a tracción.


Los estudios y las normas colombianas

Colombia tiene una tradición de investigación sobre la guadua más profunda de lo que la mayoría de la gente supone. La Universidad Nacional de Colombia, la Universidad del Valle, la Universidad Militar Nueva Granada, la Universidad Tecnológica de Pereira y la Universidad Surcolombiana, entre otras, han producido durante décadas tesis, artículos e investigaciones aplicadas sobre las propiedades físico-mecánicas de la Guadua angustifolia Kunth, la especie nativa colombiana.

Esa investigación se hace bajo un marco normativo específico. La Norma Técnica Colombiana NTC 5525, Métodos de ensayo para determinar las propiedades físicas y mecánicas de la Guadua angustifolia Kunth, establece los protocolos para medir la compresión paralela y perpendicular a la fibra, la tracción paralela a la fibra, la flexión y el corte. Es lo que permite que los datos de laboratorios distintos sean comparables entre sí.

Además, el Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente NSR-10 dedica su Título G a las estructuras de madera y de guadua. Ahí la reconoce como material estructural, fija los coeficientes de seguridad y define los procedimientos de diseño. En Colombia, legalmente, la guadua es un material de construcción formal, no una alternativa marginal ni una moda ecológica.

Con ese marco claro, veamos los números.


La resistencia a compresión

La compresión es la propiedad clave para leer las escenas de apuntalamiento que circulan en redes. Un tallo vertical debajo de una losa dañada trabaja a compresión: recibe la carga de arriba y la lleva al suelo.

Los ensayos colombianos y de países vecinos reportan resistencias a compresión paralela a la fibra del orden de 35 a 40 megapascales. Un estudio con guadua de Pitalito, Huila, midió entre 35,4 y 38,3 MPa según el predio de procedencia, y un estudio ecuatoriano reportó una resistencia última cercana a 40 MPa. Las cifras varían según la sección del tallo de donde sale la muestra, la humedad, la edad al momento del corte y el suelo donde creció la planta.

Un dato interesante es que la resistencia tiende a aumentar desde la base hacia la parte alta del culmo, porque la estructura de fibras se vuelve más densa. Para quien diseña con guadua, eso significa que elegir qué sección del tallo va en cada pieza cambia el desempeño real de la obra.

Ahora, la comparación con el hormigón. El hormigón de una vivienda convencional en Colombia ronda los 21 a 28 megapascales de resistencia a compresión. Es decir, centímetro cuadrado por centímetro cuadrado de material, la guadua bien seleccionada resiste a compresión tanto o más que el hormigón de una casa promedio.

Pero hay que leer esa frase con cuidado, porque un tallo es hueco. Un culmo de unos 10 centímetros de diámetro con paredes de 1 centímetro tiene alrededor de 28 centímetros cuadrados de material en su sección. A 35 o 40 MPa, ese tallo se aplasta con unas 10 u 11 toneladas, y eso antes de aplicar los factores de seguridad que exige la norma. Un piso de un edificio residencial pesa muchísimo más. Por eso un apuntalamiento serio no es un tallo heroico: son muchos tallos, dimensionados y repartidos por un ingeniero.


La resistencia a tracción

La tracción es donde la guadua más se acerca a los metales, aunque sin igualarlos. El estudio de Héctor José Ciro, Jairo Alexander Osorio y Juan Manuel Vélez, de la Universidad Nacional en Medellín, publicado en 2005 en la Revista Facultad Nacional de Agronomía, midió una tracción paralela a la fibra promedio de 190,70 MPa y un esfuerzo cortante de 5,57 MPa. Un estudio ecuatoriano sobre guadua de la provincia de Los Ríos reportó 117 MPa a tracción.

Para dimensionar esos números hay que compararlos con el acero. El acero estructural común empieza a deformarse de manera permanente (lo que se llama fluencia) entre unos 250 y 350 MPa. Es decir, la guadua alcanza una fracción importante de esa capacidad, sin igualarla.

Ese porcentaje parece modesto hasta que entra el peso. El acero pesa unos 7.850 kilogramos por metro cúbico. La guadua, entre 560 y 660 kilogramos por metro cúbico: menos de la décima parte.


El aporte técnico de Simón Vélez

Ningún análisis estructural de la guadua puede omitir a Simón Vélez, aunque a su obra ya le dediqué un artículo completo. Aquí me interesa un solo aporte, porque cambió la ingeniería del material en el mundo.

Vélez identificó que el punto débil histórico de la construcción con guadua eran las uniones. El tallo es hueco, con paredes relativamente delgadas, y las uniones tradicionales con amarres o tornillos pasantes tendían a fallar bajo cargas repetidas o esfuerzos laterales importantes. Esa debilidad limitaba la escala de lo que se podía construir.

Su solución, que hoy se enseña en escuelas de arquitectura de muchos países, fue inyectar mortero de cemento en los entrenudos justo donde se hacen las uniones. El mortero rellena la cavidad y crea una zona sólida dentro del tallo, de modo que los pernos y varillas trabajan sobre material lleno y no sobre paredes delgadas. Eso multiplica la capacidad de la unión y elimina el principal punto de falla.

Ese gesto, aparentemente sencillo, fue lo que permitió que la guadua pasara de material rural tradicional a material estructural capaz de sostener arquitectura contemporánea de gran escala.


Por qué también puede fallar

Esta es, a mi juicio, la parte más importante para el debate público. Las propiedades que enumeré son verdaderas, pero solo bajo condiciones específicas. Cuando no se cumplen, la guadua falla como cualquier otro material mal aplicado.

Primero, la dirección de la fibra. Todas las cifras de este artículo son paralelas a la fibra. Cuando la fuerza llega de lado, perpendicular a las fibras, la resistencia cae drásticamente. Un tallo que sostiene toneladas empujado a lo largo puede partirse con relativa facilidad empujado de costado.

Segundo, las uniones. Son el eslabón más débil de cualquier estructura de bambú. Si están mal hechas, si no llevan refuerzos como los que introdujo Vélez o si los pernos y el mortero son de mala calidad, la unión falla antes que el tallo, y la estructura colapsa igual.

Tercero, la humedad. La guadua es un material biológico. Con humedad excesiva y sostenida se vuelve vulnerable a hongos, insectos y pudrición. Toda obra seria exige inmunizar los tallos después del corte y protegerlos de la humedad directa durante toda la vida útil, con aleros, sobrecimientos y detalles que mantengan el agua lejos.

Cuarto, la selección. No toda guadua es igual. Los tallos para construcción se cortan maduros, en general entre los cuatro y los seis años: los más jóvenes no han desarrollado su capacidad mecánica y los más viejos empiezan a degradarse. La procedencia, el suelo y la altitud también influyen, así que quien diseña con guadua necesita conocer la trazabilidad de sus tallos.

Quinto, el secado. La guadua recién cortada puede tener tanta agua como su propio peso seco, y ese material verde no tiene las propiedades del material seco. El secado debe ser controlado, para llegar a la humedad correcta sin agrietar los tallos.


Lo que dice el debate post-terremoto

Con este marco podemos volver a las imágenes de los apuntalamientos y leerlas con criterio.

Cuando un ingeniero calificado decide apuntalar un edificio dañado con guadua, no está improvisando. Está usando una propiedad específica del material: los tallos verticales trabajan a compresión, que es donde la guadua rinde mejor, y se instalan con secciones, longitudes y arriostramientos elegidos según la carga estimada. Es una función provisional mientras se decide si el edificio se repara o se demuele.

Eso no significa que todo apuntalamiento con guadua sea automáticamente seguro. Uno hecho sin criterio técnico, con tallos de sección insuficiente, demasiado largos o sin amarres que eviten el pandeo, puede fallar. En esos casos el problema no es la guadua: es la ejecución.

Y hay una pregunta que vale la pena hacerse al ver esas fotos. Muchos de los edificios apuntalados son de concreto y se dañaron por las fuerzas laterales del sismo, que son un problema de diseño, de detalles constructivos y de control de obra. El puntal de guadua solo carga peso de forma temporal, así que no es una prueba de que la guadua sea "mejor" que el concreto. Pero las imágenes sí deberían llevarnos a preguntarnos por la calidad real de la construcción moderna en la región.


Por qué esto importa más allá del debate técnico

El debate sobre los apuntalamientos es una oportunidad para revisar varios sobreentendidos.

Primero, la percepción del bambú como material rústico está desactualizada. La ciencia del material está madura, la normativa existe y hay décadas de investigación colombiana detrás.

Segundo, obliga a valorar el trabajo de arquitectos como Simón Vélez, que dedicaron su vida a demostrar la capacidad estructural real del material. Sin ese esfuerzo hoy no tendríamos con qué responder las preguntas que despiertan esas fotos.

Tercero, revaloriza la sabiduría constructiva del Eje Cafetero. El bahareque y la arquitectura temblorera son respuestas específicas a nuestras condiciones sísmicas, y siguen en pie después de más de un siglo, como la estructura de madera de la catedral de Pereira diseñada por Heliodoro Ochoa.

Cuarto, abre una conversación sobre por qué usamos tan poca guadua en la construcción formal. Tenemos el material, la norma, los ingenieros y la tradición, y aun así seguimos construyendo casi todo con sistemas que ignoran nuestras condiciones. Esa también es una decisión colectiva que podemos revisar.

Ojalá el debate sobre los apuntalamientos no se quede en la anécdota de las redes y sirva para preguntarnos qué materiales y qué sistemas queremos priorizar en la reconstrucción. La guadua nos está dando la oportunidad de tener esa conversación. Vale la pena tomarla.

Si te quedaste con ganas de más, ¿por qué no miras cómo Bali y Colombia miran el mismo material de maneras opuestas? Y si te interesa el lado cultural, te dejo también la historia del Día Mundial del Bambú.

Este texto no reemplaza asesoría de ingeniería estructural. Todo proyecto con guadua exige diseño firmado por un ingeniero con experiencia en el material, cumplimiento de la NSR-10 y control de selección, inmunización, secado, uniones y protección contra la humedad. Lo escribo con respeto por las familias afectadas por el terremoto del 10 de agosto y por los ingenieros, cultivadores e investigadores que sostienen esta tradición.

Referencias

Ciro, H. J., Osorio, J. A. y Vélez, J. M. (2005). Determinación de la resistencia mecánica a tensión y cizalladura de la Guadua angustifolia Kunth. Revista Facultad Nacional de Agronomía Medellín, 58(1), 2709–2715. [Tracción paralela promedio de 190,70 MPa y cortante de 5,57 MPa.]

Osorio, J. A., Vélez, J. M. y Ciro, H. J. (2007). Estructura interna de la guadua y su incidencia en las propiedades mecánicas. DYNA, 74(153). Universidad Nacional de Colombia, Medellín.

Sapuyes, E., Osorio, J., Takeuchi, C. P., Duarte, M. y Erazo, W. J. (2018). Resistencia y elasticidad a la flexión de la guadua angustifolia Kunth de Pitalito, Huila. Revista de Investigación, 11(1), 97–111. Fundación Universidad de América, Bogotá.

Capera, A. F. y Erazo, W. J. Resistencia a la compresión paralela a la fibra de la Guadua angustifolia y determinación del módulo de elasticidad. Universidad Surcolombiana, Neiva. [Compresión paralela de 35,38 a 38,32 MPa según el predio.]

La Tegola, A., Yépez, L., Mera, W. y Córdova, P. Determinación de las propiedades mecánicas de la caña Guadua angustifolia del Ecuador cuando está sometida a fuerzas axiales. [Tracción de 117 MPa y compresión cercana a 40 MPa.]

ICONTEC (2007). NTC 5525: Métodos de ensayo para determinar las propiedades físicas y mecánicas de la Guadua angustifolia Kunth. Bogotá.

Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial (2010). Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente NSR-10, Título G: Estructuras de madera y estructuras de guadua. Bogotá.

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