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Divulgaciónpor Sara Puerta19 min de lectura

La catedral que Pereira tuvo, perdió y sigue existiendo a mil kilómetros: la historia de la obra de guadua que Simón Vélez levantó en cinco semanas en la Plaza de Bolívar

La catedral de guadua de 700 m² que Simón Vélez levantó en 5 semanas en Pereira tras el sismo de 1999, y su vida actual como espacio de danza en Cartagena.

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La catedral que Pereira tuvo, perdió y sigue existiendo a mil kilómetros: la historia de la obra de guadua que Simón Vélez levantó en cinco semanas en la Plaza de Bolívar

Hay historias arquitectónicas que parecen imposibles hasta que uno se acerca a los datos y descubre que ocurrieron de verdad. La historia de la catedral de guadua que Simón Vélez construyó en Pereira entre 2001 y los años siguientes al terremoto de 1999 es una de esas historias. Una catedral de 700 metros cuadrados, construida en 5 semanas, con un costo total de USD 30.000, tramitada ante las autoridades con un solo dibujo hecho a mano. Una obra que respetaba la tipología clásica de las catedrales, con nave central y dos naves laterales, con arcos que copiaban las bóvedas naturales de los guaduales del Eje Cafetero, con proporciones áureas herederas de la tradición palladiana. Y que sin embargo era completamente nueva, sin precedentes en la arquitectura religiosa mundial contemporánea.

Los pereiranos que vivimos ese momento y que entramos a esa catedral tenemos un recuerdo particular de ella. Una atmósfera de luz natural tamizada. Un aroma vegetal. Una sensación de estar dentro de un guadual convertido en espacio sagrado. Y sin embargo, cuando la restauración de la Catedral Nuestra Señora de la Pobreza terminó, la catedral de guadua tuvo que ser desmontada. La Plaza de Bolívar volvió a su forma tradicional. Los pereiranos volvimos al templo original. Y aquella obra provisional desapareció de nuestras vidas cotidianas.

Pero no desapareció del mundo. Y esta es la parte de la historia que a mí más me impresiona. Simón Vélez y sus colaboradores decidieron no destruir la obra. La desarmaron pieza por pieza. Y la volvieron a montar a mil kilómetros de Pereira, en una pequeña península rural cerca de Cartagena. Ahí sigue en pie hasta hoy. Adaptada al clima costero, convertida en un espacio no religioso, usada regularmente por el Colegio del Cuerpo, la prestigiosa academia de danza contemporánea de Álvaro Restrepo, para ensayos y montajes coreográficos.

Este artículo es un recorrido por esa historia. Sus datos técnicos. Su concepción radical. Los años de uso pereirano. Su traslado y su vida actual. Y una reflexión final sobre por qué esta historia importa especialmente hoy, en un momento en que Pereira, después del terremoto del 10 de agosto de 2026, vuelve a enfrentarse a decisiones sobre qué conservar, qué reconstruir y qué crear nuevo con su patrimonio arquitectónico. La historia de esta catedral se inscribe en un cluster más amplio de reflexión que vengo haciendo sobre el bambú como material que Colombia subvalora sistemáticamente, y sobre el papel del Día Mundial del Bambú en la revalorización global de esta planta ancestral.


El contexto: el terremoto de 1999 y la necesidad de una catedral alterna

Para entender esta historia hay que empezar por el sismo. El 25 de enero de 1999, a la una y diecinueve de la tarde, un terremoto de magnitud 6,2 con epicentro cerca de Armenia sacudió el Eje Cafetero. La devastación fue enorme. Armenia perdió buena parte de su centro histórico. Pereira sufrió daños graves en múltiples edificios patrimoniales. Municipios como Calarcá, Circasia, Barcelona, Córdoba, Salento fueron gravemente afectados. Miles de personas quedaron sin casa. La región cafetera entera entró en una crisis humanitaria y arquitectónica que tomaría años superar.

En Pereira, uno de los edificios más afectados fue la Catedral Nuestra Señora de la Pobreza, ubicada en la Plaza de Bolívar. Su estructura, con más de 13.500 piezas de madera de comino crespo ensambladas siguiendo la técnica de arquitectura temblorera, había resistido notablemente el sismo, pero quedó con daños que requerían intervención integral. Además, las excavaciones necesarias para su restauración iban a demorar años, revelando eventualmente hallazgos arqueológicos extraordinarios sobre los cimientos originales del templo colonial del siglo XVI.

La ciudad se quedó sin su templo principal justo cuando más lo necesitaba. Los funerales de las víctimas del terremoto, las misas de emergencia, las ceremonias religiosas cotidianas de una ciudad católica no podían pausarse mientras la restauración avanzaba. Alguna solución tenía que aparecer.

Y aquí es donde entra el nombre que va a marcar esta historia. Amparo Jaramillo Vélez, una figura clave del proceso, le pidió al arquitecto manizaleño Simón Vélez que diseñara un espacio provisional mientras arreglaban la catedral. Simón Vélez ya era, en ese momento, una autoridad mundial en el uso de la guadua. Su Pabellón ZERI de la Expo Hannover 2000 había puesto al bambú colombiano en el mapa global de la arquitectura sostenible. Su reputación internacional estaba consolidada. Y aceptó el reto.


Los datos técnicos increíbles

Los números detrás de esta obra siguen siendo sorprendentes veintitantos años después. Vale la pena listarlos porque muestran algo excepcional sobre la manera de trabajar de Simón Vélez y sobre las posibilidades reales de la construcción con guadua.

Área total: 700 metros cuadrados. Una catedral funcional con capacidad para cientos de feligreses simultáneos. Nada pequeño ni provisional en términos espaciales.

Tiempo de construcción: 5 semanas. Un mes y una semana. Impensable para una construcción convencional de la misma escala en concreto, ladrillo o acero.

Costo total: USD 30.000 de la época. Una fracción minúscula de lo que habría costado cualquier construcción equivalente con métodos tradicionales. La eficiencia económica de la construcción con guadua queda completamente demostrada.

Documentación técnica: un solo dibujo hecho a mano. Ese único dibujo se usó tanto para instruir a los obreros durante la construcción como para tramitar la licencia ante las autoridades urbanas. El mismo Simón Vélez ha reflexionado con humor sobre esto, criticando lo que él llama la "tiranía burocrática" que exige presentar cientos de dibujos inútiles para obtener la aprobación de los proyectos.

Técnica constructiva: guaduas curvadas usando la experiencia que Simón Vélez había desarrollado en los invernaderos de Santágueda, en Caldas. La técnica de curvado del bambú, inspirada a su vez en las bóvedas naturales que forman los guaduales cuando bordean los arroyos del Eje Cafetero, permitió generar arcos estructurales de gran belleza y funcionalidad.

Estos cinco datos, sumados, muestran algo poderoso. La construcción con guadua no es una alternativa marginal ni una moda ecológica. Es una tecnología constructiva madura, eficiente en tiempo, en costos y en documentación técnica, capaz de producir obras arquitectónicas de la más alta calidad espacial en plazos y presupuestos radicalmente inferiores a los sistemas tradicionales.


La concepción arquitectónica: humildad radical y proporción áurea

Más allá de los números, lo verdaderamente sobresaliente de la catedral de guadua era su concepción arquitectónica. Simón Vélez tomó decisiones de diseño que integraban de manera original la tradición occidental de las catedrales con las formas naturales de la guadua colombiana.

La tipología basilical. La planta seguía la tipología clásica de las catedrales occidentales. Una nave central y dos naves laterales de menor escala. Esa distribución tradicional aseguraba que los feligreses, aunque entraran a un edificio de bambú, reconocieran inmediatamente el espacio como catedral. La memoria arquitectónica colectiva se activaba a pesar de la extrañeza del material.

Los arcos naturales. Aquí está probablemente el aporte conceptual más brillante. Simón Vélez no diseñó los arcos como diseñaría un arquitecto tradicional un arco gótico. Se dejó guiar por lo que la guadua hace naturalmente cuando crece libre. Los guaduales, cuando bordean los arroyos del Eje Cafetero, forman con sus tallos curvados verdaderas bóvedas vegetales. Vélez tomó esa forma natural y la trasladó a la catedral. Como él mismo lo dijo con humildad, "solo hice la copia vulgar de un guadual de los que hace mi Dios".

Las proporciones áureas. A pesar de trabajar con un material considerado informal por muchos, Simón Vélez aplicó rigurosamente los principios de proporción de la arquitectura clásica. El uso del cuadrado, el doble cuadrado y el rectángulo áureo, tanto en planta como en sección, son los mismos que usó Andrea Palladio en el Renacimiento italiano. Vélez es un gran admirador de Palladio, y esa admiración se refleja en la elegancia matemática de sus obras.

Las fachadas semitransparentes. Las fachadas jugaban con las geometrías de la guadua, intercalando paños sólidos y opacos con paños tejidos y semitransparentes. Esto permitía el ingreso de luz natural tamizada al interior. La calidad de la luz dentro de la catedral era una experiencia sensorial única, muy distinta a la de una catedral tradicional con vitrales.

La sismoindiferencia. Y aquí viene otra frase icónica del maestro. Cuando le preguntaban por qué la guadua era ideal para el Eje Cafetero, una zona con alta actividad sísmica, Simón Vélez respondía con una precisión conceptual notable. "El bambú no es sismorresistente. Es más bien sismoindiferente." Su flexibilidad natural le permite absorber los movimientos sísmicos sin colapsar. Es la misma sabiduría estructural que hizo del bahareque tradicional del Eje Cafetero un sistema constructivo resistente a los sismos desde el siglo XIX.

Sumadas todas estas decisiones de diseño, la catedral no era una improvisación provisional. Era una obra arquitectónica de primer nivel, con rigor conceptual, con integración cultural profunda entre la tradición occidental y la naturaleza andina, y con una calidad espacial única en el mundo.


Los años pereiranos: la catedral vivida

Y por unos años, esa catedral de guadua fue el corazón espiritual de Pereira. Los pereiranos que vivieron ese periodo cuentan que era una experiencia distinta a estar en cualquier otro templo. La luz filtrada por las fachadas semitransparentes creaba una atmósfera que muchos describen como onírica. El aroma vegetal del bambú, especialmente en los primeros meses, hacía sentir a los visitantes como si estuvieran dentro de un guadual convertido en espacio sagrado. Los sonidos resonaban diferente en la estructura de bambú que en las paredes de piedra de la catedral tradicional.

Y ahí, en ese espacio único, la vida religiosa de la ciudad continuó. Se celebraron misas dominicales para cientos de feligreses. Se casaron parejas. Se bautizaron niños. Se despidieron seres queridos. Se rezaron rosarios por las víctimas del terremoto y por la reconstrucción de la región. Se hicieron primeras comuniones. Se confesaron pecados. Todos los sacramentos y ceremonias de la fe católica pereirana pasaron por esa catedral de guadua durante los años que estuvo en pie.

Es difícil dimensionar hoy, más de dos décadas después, cuántas vidas pereiranas quedaron marcadas por ese espacio. Cuántos niños crecieron viendo ese lugar como su iglesia. Cuántas parejas guardan las fotos de su matrimonio bajo esos arcos de bambú. Cuántas familias despidieron a sus muertos en ese ambiente vegetal y luminoso. Esa memoria colectiva existe. Sigue viva en los pereiranos que la vivieron. Aunque muchos jóvenes de la ciudad ni siquiera saben que existió. Su preservación en el imaginario colectivo pereirano es tan importante como la preservación de otros hitos patrimoniales que hoy están en riesgo, como la Casa Marulanda de 1927 en el debate ciudadano actual.


El traslado: cuando Pereira perdió su catedral única

Y llegó el momento en que la restauración de la Catedral Nuestra Señora de la Pobreza terminó. La obra original volvió a estar en condiciones de recibir feligreses. Los hallazgos arqueológicos descubiertos durante las excavaciones (los cimientos del siglo XVI, los restos del Padre Remigio Antonio Cañarte, las cerámicas coloniales) habían enriquecido enormemente el valor patrimonial del templo. Los pereiranos podían volver a su catedral tradicional.

Y la catedral de guadua tuvo que ser desmontada. La Plaza de Bolívar debía volver a su configuración tradicional. El espacio no era permanente, se había construido como solución temporal, y su tiempo había terminado.

Pero aquí ocurrió algo hermoso y a la vez doloroso para Pereira. Simón Vélez y sus colaboradores decidieron no destruir la obra. Habían construido algo demasiado valioso para simplemente desecharlo. La solución fue desarmarla pieza por pieza y trasladarla a otro lugar donde pudiera seguir viva.

Y ese lugar no fue en Pereira. Ni siquiera en el Eje Cafetero. La catedral de guadua se trasladó a una pequeña península rural cerca de Cartagena, a 1000 kilómetros de distancia. Y ahí se volvió a montar.

Este momento merece una reflexión honesta. Pereira tuvo una obra arquitectónica única en el mundo. Una catedral de guadua diseñada por uno de los mejores arquitectos del planeta. Considerada por múltiples publicaciones internacionales como una de las estructuras en guadua más representativas de Latinoamérica. Y no supimos conservarla. O no encontramos la manera institucional, financiera o política de mantenerla en la ciudad. Sea cual sea la razón, el resultado es que la obra se fue.

Y esta pérdida es parte de un patrón preocupante en la historia arquitectónica pereirana. Los edificios patrimoniales que Pereira ha perdido a lo largo de las décadas son muchos. La Casa Marulanda hoy está en riesgo. El Gran Hotel Art Déco de 1934 está siendo debatido tras el sismo. El Cementerio San Camilo está cerrado por daños. La Iglesia del Claret está en debate de demolición. Cada uno de estos casos merece una reflexión seria sobre por qué la ciudad tiene tanta dificultad para conservar su patrimonio arquitectónico.


La vida actual: danza contemporánea en una península caribeña

Y la catedral hoy sigue viva. En su nueva ubicación cerca de Cartagena, en esa pequeña península rural, ha tenido que adaptarse al clima costero. La salinidad del ambiente marino habría afectado severamente la guadua sin protección adicional. Por eso Simón Vélez adaptó el diseño. Los muros sólidos se hicieron en mortero de cemento y malla galvanizada pintada para proteger la guadua de la salinidad. Los tejidos semitransparentes de las fachadas se hicieron con otro tipo de bambú, uno que Simón Vélez describe como una especie invasora que se da en todos los climas y que tiene la ventaja de no ser atacada por el comején.

Y la función también cambió. Ya no es una catedral católica. Es un espacio espiritual desprovisto de religión formal. Sirve para eventos y celebraciones privadas. Y algo especialmente hermoso: alberga regularmente ejercicios y prácticas del Colegio del Cuerpo, la prestigiosa academia de danza contemporánea fundada por Álvaro Restrepo en Cartagena. Los bailarines usan ese espacio, con sus arcos de guadua y su luz tamizada, como escenario para ensayar y montar coreografías.

Piensen en la imagen por un momento. Una catedral diseñada originalmente para la fe católica pereirana post-terremoto. Convertida en escenario de danza contemporánea colombiana en el Caribe. Con arcos que copian los guaduales del Eje Cafetero pero adaptados a la brisa del mar. Con bailarines moviéndose bajo estructuras de bambú que hace veinte años acogieron misas dominicales pereiranas. La historia arquitectónica no siempre tiene finales previsibles. Y esta es una de las historias más hermosamente imprevisibles que ha tenido la arquitectura colombiana reciente.


Por qué esta historia importa hoy

Termino con la razón por la cual esta historia me parece especialmente urgente contarla en este momento. En 2026, Pereira está viviendo otra vez un momento post-sismo. El terremoto del 10 de agosto dejó múltiples edificios patrimoniales gravemente afectados. La Casa Marulanda. El Gran Hotel. La Iglesia del Claret. El Cementerio San Camilo. Y muchos otros edificios patrimoniales están en debate sobre si restaurar o demoler.

Y estamos otra vez frente a decisiones sobre qué conservar, qué reconstruir y qué crear nuevo. La historia de la catedral de guadua nos deja varias lecciones que valen la pena tener en cuenta.

Lección uno. Las emergencias arquitectónicas pueden convertirse en oportunidades para la creación arquitectónica excepcional. La catedral de guadua nunca habría existido sin el terremoto de 1999. Fue la necesidad urgente la que generó la oportunidad para una obra excepcional. Hoy, después del terremoto de 2026, podríamos aprovechar el momento para encargar obras arquitectónicas excepcionales, no solo para reconstruir lo perdido, sino para crear nuevas obras memorables.

Lección dos. La guadua sigue siendo una respuesta arquitectónica válida y potente para nuestra región. La misma sismoindiferencia que hizo de la catedral alterna una obra exitosa post-1999 sigue siendo válida hoy. Los edificios patrimoniales de bahareque encementado del Eje Cafetero han demostrado también en 2026 su superioridad estructural frente a construcciones más modernas mal ejecutadas. La guadua es nuestra. Deberíamos usarla más. El Día Mundial del Bambú del 18 de septiembre que acabamos de conmemorar, con su lema "Bamboo for a Regenerative Future", es una invitación explícita a esa revalorización, como desarrollé en otro artículo dedicado a la efeméride.

Lección tres. Conservar el patrimonio arquitectónico requiere voluntad institucional sostenida. Pereira perdió la catedral de guadua no porque quisiera perderla, sino porque no encontró la manera institucional de conservarla en la ciudad. Hoy, con la Casa Marulanda y otros edificios en riesgo, la lección es clara. Conservar el patrimonio no ocurre por defecto. Requiere decisiones activas, presupuestos específicos, gestiones ciudadanas, voluntad política sostenida durante años. Sin eso, el patrimonio se pierde.

Lección cuatro. Pereira tiene la historia y el material para ser la capital arquitectónica de la guadua. Ninguna otra ciudad colombiana tiene la combinación que tenemos nosotros. Estamos en el corazón del Eje Cafetero, donde crece naturalmente la mejor guadua del mundo. Tuvimos una catedral de guadua que fue referencia mundial. Tenemos empresas locales dedicadas a la construcción en guadua. Tenemos formación arquitectónica en la Universidad Tecnológica y en la Universidad Católica que podría profundizar en esta línea. Falta solo la voluntad institucional y ciudadana para asumir esa vocación arquitectónica y hacerla parte de la identidad de la ciudad.

Ojalá algún día Pereira vuelva a tener el valor de encargarle a un gran arquitecto colombiano una obra en guadua para un espacio simbólico del centro de la ciudad. Y ojalá esta vez la conservemos. Porque la guadua es nuestra. Y esta ciudad, más que ninguna otra, tiene la historia para ser la capital arquitectónica de este material.


Reflexión final

Termino con una reflexión personal. Cada vez que camino por la Plaza de Bolívar y veo la Catedral Nuestra Señora de la Pobreza, hermosa, restaurada, patrimonial, no puedo evitar imaginar qué habría pasado si a un lado, en el mismo espacio, hubiéramos conservado también la catedral de guadua de Simón Vélez. Dos catedrales conviviendo. Una de madera de comino crespo del siglo XIX. La otra de guadua del siglo XXI. Ambas patrimoniales. Ambas visitadas. Pereira habría tenido, en su plaza central, una de las duplas arquitectónicas más originales del mundo. Un templo que no existe en ninguna otra ciudad.

Pero no fue así. La catedral de guadua se fue. Y hoy solo queda en la memoria de los pereiranos que la vivieron, en algunas fotografías, y en su nueva vida como espacio de danza contemporánea en el Caribe.

Y sin embargo, esta historia no es solo de nostalgia. Es también de posibilidad. Porque la guadua sigue creciendo en el Eje Cafetero. Simón Vélez, aunque ya mayor, sigue activo y ha formado toda una generación de arquitectos comprometidos con la guadua. Empresas como Guadua Bamboo Colombia, con base en Pereira y Calarcá, siguen desarrollando técnicas constructivas cada vez más sofisticadas. La Norma Sismo Resistente NSR-10 reconoce la guadua como material estructural formal. Todo está dado para que una nueva generación de obras arquitectónicas en guadua marque el futuro de Pereira.

Solo falta que como ciudad decidamos que eso importa. Que asumamos la guadua como parte de nuestra identidad arquitectónica. Que dejemos de tratarla como algo folclórico o rural, y la asumamos como el material sofisticado y contemporáneo que es. Y que pronto encarguemos una nueva obra excepcional que pueda quedarse esta vez con nosotros.

Porque una catedral de guadua en la Plaza de Bolívar sería hermosa. Pero también sería hermoso un centro cultural en guadua en Ciudad Victoria. Un centro comunitario en guadua en un barrio popular. Una biblioteca en guadua en algún lugar simbólico. Un pabellón permanente de guadua en Matecaña. Las posibilidades son infinitas.

Ojalá pronto Pereira se atreva. Ojalá esta vez sí conservemos lo que hagamos. Y ojalá la próxima generación de pereiranos crezca sabiendo que su ciudad tiene una relación especial con este material único en el mundo.

Si quieres seguir con dos lecturas cercanas de este ensayo, hay un análisis comparativo sobre cómo Indonesia y Colombia valoran el mismo material (bambú-guadua) con miradas opuestas, que ayuda a entender el prejuicio cultural que Pereira tendría que superar. Y otro sobre Ciudad Victoria, el proyecto urbano más ambicioso que ha tenido Pereira, donde también aparecen lecciones sobre lo que la ciudad conserva y lo que pierde en cada intervención urbana ambiciosa.


Referencias

Fuentes primarias sobre la catedral alterna

Revista AXXIS. Entrevista completa con Simón Vélez sobre la Catedral Nuestra Señora de la Pobreza y la catedral de guadua alterna, con detalles sobre el encargo de Amparo Jaramillo Vélez, la concepción de diseño y el traslado a Cartagena. El Tiempo (marzo de 2001). Catedral vegetal para Pereira. Datos sobre el proceso de construcción, las declaraciones de Simón Vélez y el estado inicial del proyecto. SkyscraperCity Forum. Documentación técnica con los datos de área, tiempo y costo de la catedral alterna. Urbipedia, Archivo de Arquitectura. Ficha sobre Simón Vélez con mención específica de la Catedral Católica Provisional Nuestra Señora de la Pobreza como obra emblemática del año 2000. ArchDaily en Español. Análisis técnico y arquitectónico del bambú colombiano según Simón Vélez y Marcelo Villegas, con mención específica de la catedral y su traslado cerca de Cartagena.

Sobre la Catedral Nuestra Señora de la Pobreza original

El Diario del Otún. Reportajes sobre arquitectura, cultura y patrimonio de Pereira, con datos sobre la restauración y las trece mil quinientas piezas de madera de comino crespo. Pereira Virtual. Ficha técnica de la Catedral Nuestra Señora de la Pobreza con datos del arquitecto Heliodoro Ochoa y de las fases históricas de construcción. Blog Pereira y su Arquitectura Patrimonial. Análisis del valor patrimonial y hallazgos arqueológicos post-1999. Destino Café. Reportaje sobre la catedral como bien cultural más importante de Pereira.

Sobre Simón Vélez

Premio Príncipe Claus 2009 (Holanda), otorgado a Simón Vélez por su innovación en arquitectura con bambú-guadua. Pabellón ZERI de la Expo Hannover 2000 (Alemania), obra que consolidó su reputación mundial. Publicaciones internacionales sobre su trayectoria en más de una docena de países. Investigaciones académicas sobre sus sistemas de uniones con mortero de cemento inyectado.

Sobre el Colegio del Cuerpo

Documentación sobre la academia de danza contemporánea fundada por Álvaro Restrepo en Cartagena.

Nota: este artículo es un texto de divulgación con fines educativos, escrito con la intención de rescatar del olvido colectivo una de las obras arquitectónicas más singulares que ha tenido Pereira en su historia reciente, y de conectarla con las decisiones de patrimonio arquitectónico que la ciudad enfrenta hoy tras el terremoto del 10 de agosto de 2026. Todos los datos técnicos, históricos y arquitectónicos han sido verificados con múltiples fuentes autorizadas, incluyendo declaraciones directas del arquitecto Simón Vélez publicadas en Revista AXXIS y en El Tiempo, documentación académica sobre su obra, y publicaciones internacionales especializadas en arquitectura de bambú. Este texto está escrito con profundo respeto por la trayectoria del maestro Simón Vélez, cuya obra ha puesto a la guadua colombiana en el mapa arquitectónico mundial durante más de cuatro décadas, por los pereiranos que vivieron la catedral alterna y guardan su memoria, por el Colegio del Cuerpo y el maestro Álvaro Restrepo que hoy le dan continuidad al espacio en su nueva ubicación, y por todos los arquitectos, ingenieros, silvicultores y artesanos colombianos que han hecho posible que la guadua siga siendo hoy una respuesta arquitectónica vital para nuestro futuro.

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