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Divulgaciónpor Sara Puerta17 min de lectura

Casas por capítulos: el fenómeno más común de la arquitectura latinoamericana que casi nadie ha nombrado

Qué es la vivienda progresiva o casas por capítulos: cómo crecen las viviendas populares en América Latina, por qué es un modelo digno y qué nos enseña.

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Casas por capítulos: el fenómeno más común de la arquitectura latinoamericana que casi nadie ha nombrado

Hay un fenómeno arquitectónico tan común en América Latina que casi nadie lo mira. Está en cada barrio popular, en cada ladera, en cada pueblo, en cada ciudad. Está en Bogotá, en Medellín, en Lima, en Buenos Aires, en Ciudad de México, en Caracas, en São Paulo. Es tan universal en nuestro continente que resulta invisible, precisamente porque forma parte del paisaje cotidiano.

Son las casas donde cada piso es diferente al de arriba y al de abajo. Distinto material, distinto color, distintas ventanas, distinto estilo. Casas que parecen apiladas a la manera de un sándwich, o mejor, a la manera de un libro donde cada capítulo lo escribió una época diferente, una necesidad diferente, una persona diferente.

Este fenómeno tiene un nombre técnico en la literatura académica: vivienda progresiva. Es un concepto ampliamente estudiado en América Latina desde los años cincuenta, y por sistematizar este modelo de manera innovadora, el arquitecto chileno Alejandro Aravena ganó el Premio Pritzker en 2016. Pero desde el punto de vista visual, desde la mirada que uno tiene al caminar por un barrio y descubrir estas fachadas que cuentan historias, yo prefiero llamarlas de otra manera. Yo las llamo casas por capítulos.

Este artículo es un recorrido por este fenómeno. Qué son las casas por capítulos. Por qué se construyen así en toda América Latina. Cómo las estudia la arquitectura académica. Qué dicen de nuestra manera de habitar. Y por qué es urgente empezar a mirarlas con otros ojos.


Qué son las casas por capítulos

Una casa por capítulos es una vivienda que se construye poco a poco a lo largo del tiempo, con los recursos que la familia va reuniendo, sin un plan arquitectónico completo desde el inicio. El primer piso se construye con la plata inicial. Cuando la familia crece o cuando se ahorra lo suficiente, se agrega un segundo piso. Después un tercero, un cuarto, una terraza, un cuarto adicional en la azotea. Cada ampliación se hace con los materiales de esa época, con el gusto estético del momento, con las manos disponibles.

El resultado es visual y narrativamente inconfundible. Fachadas donde uno puede leer la historia constructiva capa por capa. Un primer piso en ladrillo a la vista de los años setenta. Un segundo piso pañetado de los años noventa. Un tercer piso más contemporáneo con ventanas de aluminio. Y arriba, quizás, unas varillas de acero saliendo de la placa, esperando el próximo piso que llegará cuando llegue la plata.

Cada casa cuenta su propia historia. Y todas las historias tienen elementos en común: la escasez inicial, el crecimiento paulatino, la adaptación a nuevas necesidades, la esperanza depositada en el futuro. Son biografías familiares hechas fachada.


Por qué se construye así en América Latina

Para entender por qué las casas por capítulos son tan comunes en nuestro continente, hay que entender el contexto socioeconómico y urbano de la región durante los últimos setenta años.

A partir de los años cincuenta, las ciudades latinoamericanas empezaron a crecer aceleradamente. Millones de personas migraron del campo a la ciudad en busca de mejores oportunidades. Ese crecimiento urbano fue tan rápido y masivo que ningún gobierno tuvo la capacidad de proveer vivienda formal para todos. Las ciudades se expandieron por sus periferias, muchas veces en terrenos difíciles, con laderas empinadas, con acceso limitado a servicios básicos.

En ese contexto, las familias tuvieron que resolver su vivienda por cuenta propia. Compraban un lote (a veces de manera legal, a veces por ocupación informal), y empezaban a construir con lo que tenían. Primero un cuarto básico, después una cocina, después un baño, después habitaciones adicionales. Con los años, cuando llegaba más plata o cuando la familia crecía, se ampliaba hacia arriba. Y así, década tras década, la casa se iba convirtiendo en un libro escrito por capítulos.

Este modelo no es exclusivo de un país. Se ve en todas las grandes ciudades latinoamericanas. En Bogotá se ve en Ciudad Bolívar, en Suba, en Kennedy, en San Cristóbal. En Medellín se ve en la Comuna 13, en Manrique, en Popular. En Lima se ve en Villa María del Triunfo, en Comas, en San Juan de Lurigancho. En Buenos Aires se ve en la Villa 31, en el Barrio Mugica, en las villas del Gran Buenos Aires. En São Paulo se ve en Paraisópolis, en Heliópolis, en la Zona Leste. En Ciudad de México se ve en Iztapalapa, en Ecatepec, en Nezahualcóyotl. Es un fenómeno continental, quizás uno de los más definitorios de la arquitectura latinoamericana popular.

Y hay un dato importante que suele quedarse al margen: en esos barrios, muchas veces, la escala humana funciona de manera natural sin haber sido teorizada. Calles estrechas donde los vecinos se saludan, actividad en las plantas bajas, mezcla de usos espontánea, comercio de esquina, vida vecinal densa. Lo que les falta no es diseño humano: es infraestructura y reconocimiento.


El nombre técnico: vivienda progresiva

En la literatura académica, este fenómeno se estudia bajo el nombre de vivienda progresiva o vivienda incremental. Es un término técnico establecido desde hace décadas y ampliamente reconocido en toda América Latina.

Según Habitat for Humanity, la vivienda progresiva se define como aquellas casas que las familias con recursos limitados construyen poco a poco a lo largo de los años. Las familias que edifican sus viviendas de esta forma constituyen uno de los motores económicos más relevantes y menos visibles del mundo urbano contemporáneo.

Aunque el término técnico existe hace mucho tiempo, la sistematización más innovadora del modelo la hizo el arquitecto chileno Alejandro Aravena, quien fundó el estudio Elemental. Aravena y su equipo diseñaron proyectos de vivienda social donde deliberadamente se construía "la mitad de la casa", dejando espacio calculado para que las familias completaran el resto con sus propios recursos y a su propio ritmo. La idea era darle dignidad y estructura a un proceso que ya ocurría espontáneamente en toda América Latina, transformándolo de "problema" en "estrategia arquitectónica".

Por esta y otras contribuciones a la vivienda social, Alejandro Aravena ganó el Premio Pritzker en 2016, el reconocimiento más importante de la arquitectura mundial. Y con su premio, el concepto de vivienda progresiva ganó visibilidad internacional que antes no tenía.

El Programa CYTED, Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo, creado en 1984, es otro ejemplo de espacios institucionales que han estudiado este fenómeno. Y en México, en Colombia, en Perú, en Brasil, en Argentina, existen numerosas investigaciones académicas sobre las viviendas progresivas, sobre sus dinámicas económicas, sobre sus impactos urbanos, sobre sus posibles mejoras técnicas.


Por qué proponer un nombre nuevo: casas por capítulos

Con todo el reconocimiento a los términos técnicos existentes, hay una razón por la cual propongo llamar a estas viviendas de otra manera. Y esa razón tiene que ver con la mirada.

Los términos técnicos como vivienda progresiva o vivienda incremental se refieren principalmente al proceso económico y social, es decir, al hecho de que la vivienda se construye poco a poco con los recursos disponibles. Son términos útiles y necesarios para la investigación, para las políticas públicas, para la academia. Pero no capturan del todo el fenómeno visual y estético del resultado.

Cuando uno camina por un barrio popular latinoamericano y ve estas casas, lo que salta a la vista no es solo un proceso económico. Es una fachada que cuenta una historia. Es un edificio donde cada piso tiene un carácter propio, una época propia, una personalidad propia. Es literalmente una biografía escrita en materiales y colores.

Casas por capítulos es una manera de nombrar ese fenómeno visual y narrativo. Cada piso es un capítulo. Cada familia es un libro. Y cada barrio es una biblioteca a cielo abierto. Es un nombre que invita a leer las fachadas con la misma atención con que leeríamos un libro. Es un nombre que devuelve dignidad narrativa a viviendas que muchas veces son miradas con condescendencia o con desprecio.

Los dos nombres pueden convivir. Vivienda progresiva describe el proceso. Casas por capítulos describe el resultado leído desde una mirada narrativa. Los dos son útiles. Los dos son verdaderos.


Los elementos que caracterizan una casa por capítulos

Aunque cada casa es única, hay elementos comunes que se repiten en las casas por capítulos de toda América Latina.

Cambio de material entre pisos. El ejemplo más común: primer piso en ladrillo a la vista, segundo piso pañetado y pintado. O primer piso pañetado, segundo piso también pañetado pero con un color diferente, tercer piso en ladrillo pelado esperando ser terminado.

Cambio de estilo de ventanas. Cada piso muchas veces tiene ventanas de una época distinta. Rejas geométricas artesanales en el primer piso, ventanas de aluminio en el segundo, ventanas de vidrio corrido en el tercero.

Cambio de balcón o antepecho. Los balcones son de distintas épocas. Barandas de metal forjado clásico, barandas contemporáneas de tubo, balcones cerrados con vidrio, terrazas abiertas.

Ampliaciones parciales. A veces el último piso no ocupa toda el área de la planta. Puede ser solo la mitad, con el resto convertido en terraza. O puede ser un cuarto pequeño en una esquina, esperando futuras ampliaciones.

Escaleras exteriores. Cuando no hay espacio interior para las escaleras que llegan a los pisos superiores, las familias las instalan por fuera. Escaleras metálicas en caracol, escaleras rectas apoyadas en el muro, escaleras de concreto agregadas al costado. Cada solución es adaptación pura al lote y al presupuesto.

Varillas saliendo de la placa superior. Uno de los elementos más simbólicos. Cuando el último piso se termina de vaciar, los constructores dejan las varillas de acero salientes hacia arriba, dobladas o rectas, esperando el próximo piso. Este fenómeno ya tiene su propio nombre poético: las varillas de la esperanza, término propuesto por el investigador colombiano Ricardo Toledo Castellanos.

Fachada como collage temporal. El resultado final es una fachada donde conviven décadas distintas. Los años ochenta con los dos mil, los materiales tradicionales con los contemporáneos, los gustos de los abuelos con los gustos de los nietos.


Los ejemplos por ciudad

Este fenómeno se ve con matices distintos según la región de América Latina. Cada ciudad, cada país, cada barrio tiene sus propias características constructivas, sus propios materiales predominantes, sus propios estilos regionales. Pero la lógica de fondo es la misma: familias que construyen poco a poco a lo largo del tiempo, con lo que tienen, adaptándose a lo que va llegando.

En Ciudad Bolívar, Bogotá, las casas por capítulos suelen tener bases sólidas en ladrillo de arcilla local, con pisos superiores que van cambiando entre pañetes de colores intensos y ampliaciones más recientes con estructuras livianas.

En Manrique, Medellín, la topografía inclinada hace que el fenómeno sea aún más visible. Casas de cuatro y cinco pisos apiladas en pendientes empinadas, con balcones y terrazas que se van adaptando al terreno.

En Villa María del Triunfo, Lima, aparece un elemento único: la combinación de pisos de concreto con ampliaciones superiores en madera. En Perú, la madera se usa mucho para ampliaciones ligeras en climas secos.

En la Villa 31, Buenos Aires, el fenómeno alcanza una escala urbana total. Barrios enteros donde cada casa es un libro y donde el paisaje colectivo se ha convertido en una de las expresiones más emblemáticas de la arquitectura popular argentina.

En Frailes, Dosquebradas, Risaralda, el fenómeno se ve con la particularidad de combinar viviendas y locales comerciales. Muchas casas tienen una tienda de barrio en el primer piso y las viviendas familiares en los pisos superiores, sumando otra capa narrativa: la vida productiva de la familia también está inscrita en la fachada.

En cada caso, aunque los materiales y los estilos varíen, la lógica es la misma. Y esa universalidad continental es lo que hace del fenómeno algo tan valioso para estudiar y comprender.


Lo que nos dice sobre cómo habitamos

Las casas por capítulos son mucho más que un fenómeno arquitectónico. Son un reflejo de cómo habitamos como sociedad, especialmente los sectores populares del continente. Y dicen varias cosas importantes.

Primero, dicen que la vivienda no es un producto terminado sino un proceso continuo. La casa no se acaba nunca. Se transforma con la familia, con las necesidades, con las posibilidades. Esta idea rompe con la lógica del mercado inmobiliario formal, donde la vivienda es un producto empacado que se entrega llave en mano. En la vivienda popular, la casa es un ser vivo que crece con quienes la habitan.

Segundo, dicen que la arquitectura no siempre necesita un arquitecto. Muchas de estas casas fueron construidas por maestros de obra locales, por los propios habitantes, por familias enteras que aprendieron construyendo. Esta arquitectura sin arquitectos, como la llamó el investigador Bernard Rudofsky en un libro clásico de 1964 (Architecture Without Architects), tiene una inteligencia práctica que muchas veces la arquitectura formal desprecia o ignora.

Tercero, dicen que la escasez es también fuente de creatividad. La necesidad de construir con poco, de aprovechar cada material, de adaptarse a cada nuevo hijo o cada nuevo empleo, ha generado soluciones arquitectónicas que muchas veces son más ingeniosas que las de la arquitectura formal. Escaleras exteriores. Ventilaciones improvisadas. Combinaciones de materiales impensables en la academia. Todo eso es creatividad forzada por la necesidad.

Cuarto, dicen que el tiempo también es un material arquitectónico. Una casa por capítulos no se puede entender sin la dimensión temporal. Cada piso es una época. Cada modificación es un momento de la vida familiar. Esa temporalidad hace que estas casas sean, en cierto modo, arquitecturas vivas, arquitecturas que envejecen con las personas.

Y quinto, dicen que la esperanza es también parte de la arquitectura. Las varillas que salen de la última placa, esperando un piso más, son la prueba física de que la casa no está terminada porque la familia todavía tiene sueños. Cada varilla es una promesa. Cada ampliación es un logro. Cada piso adicional es una nueva etapa cumplida.


Los retos que enfrentan estas viviendas

Aunque las casas por capítulos son una de las expresiones más honestas de la arquitectura latinoamericana, también enfrentan retos importantes que no podemos ignorar.

Seguridad estructural. Muchas de estas viviendas se construyeron sin ingeniero calculista, sin cumplimiento de normas sismorresistentes, sin verificación técnica. En zonas de amenaza sísmica alta como Pereira, Manizales, Cali, Bucaramanga, Ciudad de México, Lima, Santiago de Chile y muchas más, esto representa un riesgo real de vidas. Cada ampliación no calculada es una potencial vulnerabilidad frente a un sismo, y por eso vale la pena entender los siete factores que hacen segura o vulnerable una edificación antes de proyectar cualquier ampliación.

Servicios básicos. Muchas casas por capítulos crecieron más rápido que la infraestructura urbana de servicios. Redes eléctricas improvisadas, tanques de agua en las azoteas, conexiones informales, todo genera problemas de seguridad y de calidad de vida.

Legalización. En muchos casos, las ampliaciones se hicieron sin licencia, lo que dificulta la legalización posterior de la vivienda y limita el acceso al crédito formal y a otros beneficios.

Mantenimiento. Sin acompañamiento técnico continuo, muchas de estas viviendas presentan problemas de humedad, filtraciones, grietas y otros deterioros que podrían prevenirse con asesoría profesional.

Percepción social. Y quizás el reto más profundo: muchas de estas casas son miradas por la sociedad formal con desprecio, con la idea de que son "arquitectura sin plan", "informales" o "de mal gusto". Esa mirada peyorativa oculta la enorme inteligencia adaptativa que hay detrás de cada una de estas construcciones.

Reconocer estos retos no es contradecir el valor del fenómeno. Es proponer que la arquitectura formal y las políticas públicas dialoguen con esta forma de habitar, la acompañen con asesoría técnica gratuita, la doten de mejores herramientas, la incorporen a la conversación pública con dignidad.


Qué podemos aprender

Las casas por capítulos, con todos sus retos y con toda su belleza, tienen mucho que enseñarnos, incluso a quienes hemos sido formados en la arquitectura formal.

Sobre el diseño. Nos enseñan que el diseño no siempre es un momento único de proyecto sino una conversación continua entre el edificio y sus habitantes. Que la mejor arquitectura muchas veces es la que puede transformarse sin perder su identidad.

Sobre la comunidad. Nos enseñan que construir es también un acto colectivo. Los vecinos ayudan. Las familias aportan mano de obra. Los maestros de obra transmiten conocimiento generacional. Nada de esto aparece en los tratados de arquitectura, pero es fundamental para entender cómo se construye realmente América Latina.

Sobre la economía. Nos enseñan que la vivienda popular es un motor económico enorme y muchas veces invisibilizado. Las familias que construyen progresivamente mueven materiales, contratan mano de obra, activan economías locales. Habitat for Humanity ha señalado que este mercado invisible es uno de los más relevantes del continente.

Sobre la creatividad. Nos enseñan que la creatividad florece cuando hay necesidad. Las soluciones que hemos visto en estas casas (escaleras exteriores, terrazas convertidas en cuartos, cocinas ampliadas hacia el patio, muros que se vuelven fachadas comerciales) son ejemplos de una creatividad práctica que la arquitectura formal debería estudiar con humildad.

Sobre la temporalidad. Nos enseñan que la casa no se hace en un momento. Se hace a lo largo de la vida. Y esa temporalidad, esa lentitud, esa acumulación, es una forma profundamente humana de habitar el mundo.


Conclusión

Las casas por capítulos son, quizás, la arquitectura más común de América Latina. Están en cada barrio popular, en cada ladera, en cada pueblo, en cada ciudad. Son tan universales que se han vuelto invisibles. Y sin embargo, cada una de ellas cuenta una historia extraordinaria. La historia de una familia que empezó con nada. La historia de años de ahorro. La historia de generaciones que se suceden en el mismo lote. La historia de sueños construidos poco a poco.

Este fenómeno tiene un nombre técnico, vivienda progresiva, y merece toda la atención académica y política que se le ha dado. Alejandro Aravena, con su Premio Pritzker, contribuyó a sistematizar este conocimiento y a darle visibilidad internacional. Pero además del nombre técnico, este fenómeno merece también nombres poéticos, nombres que invitan a mirarlo de otra manera. Yo propongo casas por capítulos, porque literalmente cada piso es un capítulo de la vida de una familia.

La próxima vez que camines por un barrio popular latinoamericano, prueba mirar las fachadas con otros ojos. No las mires como construcciones sin plan o sin gusto. Míralas como libros abiertos. Míralas como biografías hechas fachada. Míralas como una de las expresiones más honestas de nuestra manera de habitar el continente.

Cada piso es un capítulo. Cada familia es un libro entero. Y cada barrio latinoamericano es una biblioteca a cielo abierto que casi nadie ha sabido leer.

Empecemos a leerlas.

Si te interesa seguir pensando en cómo la arquitectura popular latinoamericana carga saberes que la academia debería aprender con humildad, hay dos lecturas que se conectan directamente. Una recorre otra forma de vivienda popular colombiana que sí fue reconocida y elevada al lugar del patrimonio: Barichara y la tapia pisada, la arquitectura de tierra que envejece con dignidad, donde el tiempo también es material y la técnica ancestral es proyecto contemporáneo. Y la otra baja a la escala del proyecto y muestra cómo la arquitectura formal, cuando se pone al servicio de comunidades populares, cambia vidas: cinco proyectos de arquitectura de transformación social que cambiaron por completo la vida de sus comunidades.


Referencias

  • Habitat for Humanity. Vivienda progresiva: un mercado invisible. Habitat for Humanity, Atlanta. Datos sobre el fenómeno en América Latina y el Caribe.
  • Astrágalo, Cultura de la Arquitectura y la Ciudad. La vivienda progresiva como estrategia arquitectónica para el crecimiento informal de la periferia en América Latina. Análisis académico del fenómeno.
  • Arquitectura Viva. Viviendas progresivas. Análisis del trabajo de Elemental y Alejandro Aravena.
  • Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Vivienda progresiva como solución: tres principios básicos. Blog Ciudades Sostenibles.
  • Scielo Cuba. Vivienda progresiva y flexible. Aprendiendo del repertorio. Investigación académica sobre el fenómeno.
  • Turner, J. y Mangin, W. (1968). The Barriada movement. Progressive Architecture. Uno de los primeros estudios sobre asentamientos populares en Lima.
  • Rudofsky, B. (1964). Architecture Without Architects. Museum of Modern Art, Nueva York. Texto clásico sobre arquitectura vernácula y sin arquitectos.
  • Aravena, A. y Elemental. Documentación del proyecto Elemental y del Premio Pritzker 2016. Santiago de Chile.
  • Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED), 1984. Marco institucional de investigación sobre vivienda progresiva en Iberoamérica.
  • Toledo Castellanos, R. Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá. Investigación sobre las varillas de la esperanza en la vivienda popular latinoamericana.
  • Documentación sobre viviendas populares en Ciudad Bolívar (Bogotá), Manrique (Medellín), Villa María del Triunfo (Lima), Villa 31 (Buenos Aires) y Frailes (Dosquebradas, Risaralda).

Nota: este artículo es un texto de divulgación con fines educativos, escrito con profundo respeto por las millones de familias latinoamericanas que han construido su vivienda por capítulos, con esfuerzo, ingenio y esperanza. La propuesta del término casas por capítulos no busca reemplazar el término técnico establecido de vivienda progresiva, sino aportar una mirada complementaria más visual y narrativa. Para investigaciones académicas específicas se recomienda acudir a la bibliografía especializada y a organizaciones como Habitat for Humanity, ONU-Hábitat y el BID.

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