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Divulgaciónpor Sara Puerta13 min de lectura

Por qué unos edificios resisten los sismos y otros no

Cómo la norma sismorresistente colombiana (NSR-10) explica por qué unos edificios resisten y otros no, y qué puedes exigir tú como ciudadano.

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Por qué unos edificios resisten los sismos y otros no

Después de un terremoto, uno de los primeros pensamientos que asaltan a la gente es una pregunta desconcertante. ¿Por qué mi edificio quedó bien y el del lado se cayó? ¿Por qué la casa de la esquina no se movió mientras la de enfrente colapsó? ¿Es azar? ¿Es suerte? ¿Es destino?

La respuesta corta es que no. En arquitectura y en ingeniería sísmica no hay azar. Hay causas identificables, factores medibles y decisiones humanas que explican, con mucha precisión, por qué un edificio resiste y otro no. Aunque en un sismo influyen muchas variables simultáneas, hoy sabemos con claridad qué hace vulnerable a una construcción y qué la vuelve segura.

Este artículo se escribe después del terremoto del 10 de agosto de 2026, que devastó zonas del centro y occidente de Colombia y que golpeó especialmente a ciudades como Pereira. Pero su contenido es útil para cualquier persona que viva en zona sísmica, que quiera entender cómo se comporta su vivienda o que necesite tomar decisiones informadas sobre reforzamiento, evaluación técnica o compra de vivienda.

Recorremos la historia de la norma sismorresistente en Colombia, los factores que hacen segura o vulnerable a una edificación, qué es una evaluación estructural, y qué puedes exigir tú como ciudadano. Todo con muchísimo respeto por las víctimas y con la esperanza de que la información aquí compartida contribuya a que estos dolores, en el futuro, sean cada vez más raros.


La historia de la norma sismorresistente colombiana

Para entender por qué unos edificios resisten y otros no, hay que empezar por la historia. Colombia es un país sísmico, atravesado por varias fallas geológicas activas. Y sin embargo, durante casi toda su historia construyó sin ninguna norma que considerara ese riesgo.

Antes de 1984: sin norma. Hasta comienzos de los años ochenta, en Colombia no había una regulación nacional obligatoria sobre construcción sismorresistente. Los edificios se construían con base en criterios generales de resistencia, pero sin cálculos específicos para sismos. Muchos ingenieros y arquitectos aplicaban criterios técnicos internacionales por decisión propia, pero no había ley que los obligara.

1984: primera norma, CCCSR-84. El 31 de marzo de 1983 ocurrió el terremoto de Popayán, uno de los más destructivos que ha vivido Colombia. Una ciudad de 200,000 habitantes con 200 muertos. La tragedia hizo evidente lo que muchos ingenieros ya sabían: el país no estaba preparado. En respuesta directa a ese sismo, en 1984, mediante el Decreto-Ley 1400, se expidió el primer Código Colombiano de Construcciones Sismo Resistentes, conocido como CCCSR-84. Fue la primera vez que en Colombia se hizo obligatorio diseñar y construir considerando el riesgo sísmico.

1998: segunda norma, NSR-98. Esa primera norma estuvo vigente 14 años. En 1997, el Congreso aprobó la Ley 400, un marco legal más robusto que permitía actualizar la norma periódicamente sin necesidad de volver al legislativo cada vez. Bajo esa ley se emitió en 1998 la NSR-98, la segunda generación de la norma sismorresistente colombiana, con mejoras técnicas importantes basadas en el conocimiento acumulado durante esos años.

2010: norma vigente, NSR-10. En 2010, mediante el Decreto 926, se adoptó la NSR-10, que es la norma vigente hoy. Ha tenido modificaciones parciales (Decretos 2525 de 2010, 092 de 2011, 340 de 2012, 945 de 2017 y 1401 de 2023) pero sigue siendo la base normativa actual del país.

Presente: nueva actualización en camino. La Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica lleva años trabajando en una actualización profunda del reglamento, que tomaría el nombre de AIS 100-24. Después del terremoto de 2026, muchos expertos consideran urgente acelerar su adopción, porque la NSR-10 ya presenta desactualización en varios aspectos técnicos importantes.


Los datos que preocupan

Ahora bien, tener una norma buena es solo una parte del problema. El otro problema es cuánto de lo construido cumple esa norma. Y aquí los datos son preocupantes.

Según el Consejo Profesional Nacional de Arquitectura, en Colombia al menos el 52% de los edificios existentes fueron construidos antes de que existiera la NSR-10. Es decir, más de la mitad del parque construido del país fue hecho bajo normas más viejas o sin ninguna norma sísmica.

Peor aún, de cada 5 unidades de vivienda que aparecen en el mercado colombiano, 3 son de origen informal. Es decir, construidas sin licencia y sin garantía alguna de cumplir requisitos sismorresistentes. La expresidenta de Camacol, el gremio de los constructores, ha señalado que aproximadamente el 40% de las viviendas en Colombia son producto de autoconstrucción, sin ninguna verificación técnica.

Estos datos, sumados a que Pereira, Manizales, Armenia, Cali, Bucaramanga y Pasto están en zonas de amenaza sísmica alta según la NSR-10, dibujan un panorama preocupante. Buena parte del país está en zona sísmica alta, pero buena parte del parque construido no cumple con la norma actual. La ecuación es peligrosa.


Los factores que hacen segura o vulnerable a una edificación

Con la historia normativa clara, veamos los factores concretos que determinan cómo se comporta un edificio en un sismo.

Factor 1: la edad del edificio. Este es el factor más importante. Un edificio construido en 1975 no fue diseñado para resistir sismos según ningún criterio moderno. Un edificio construido en 1990 tuvo que cumplir con la norma de 1984, que era la primera y todavía tenía muchas limitaciones. Un edificio construido en 2005 tuvo que cumplir con la NSR-98. Y uno construido después de 2010 tuvo que cumplir con la NSR-10. Cada actualización de la norma incorporó lecciones aprendidas de sismos anteriores y mejores prácticas técnicas.

Cuando dos edificios de la misma cuadra tienen desempeños distintos en un sismo, muchas veces la edad es la primera diferencia. El edificio nuevo, diseñado bajo NSR-10, es estadísticamente más probable que resista que el edificio de los años setenta u ochenta.

Factor 2: la calidad de la construcción. Cumplir con la norma en el papel no es lo mismo que cumplirla en la obra. Aquí entran variables como la calidad del concreto usado, la calidad del acero, la calidad de la mano de obra, la supervisión técnica durante la construcción, y el respeto real por los planos aprobados. Un edificio con norma NSR-10 en los planos pero mal ejecutado puede ser peligrosamente vulnerable.

La autoconstrucción sin ingeniero es especialmente problemática. Muchas viviendas se levantan con materiales de baja calidad, sin refuerzo estructural adecuado, con muros portantes mal dimensionados y con conexiones débiles entre elementos estructurales. Aunque parezcan sólidas a la vista, técnicamente pueden fallar ante un sismo importante.

Factor 3: el terreno donde está construido. El suelo importa muchísimo. Un edificio construido sobre roca firme tiene condiciones muy distintas a uno construido sobre suelo blando, sobre relleno o sobre un antiguo cauce de agua. Los suelos blandos amplifican las ondas sísmicas, es lo que en ingeniería se llama efecto de sitio. Esto puede hacer que un sismo que en zona firme se sienta como de intensidad 6 se sienta como de intensidad 8 en zona blanda, aunque sea el mismo sismo.

Por eso, ciudades como Pereira tienen microzonificaciones sísmicas: mapas que identifican qué zonas del casco urbano tienen suelo firme, cuáles tienen suelo intermedio y cuáles tienen suelo blando o de relleno. Las zonas construidas sobre antiguos cauces canalizados, como la del colector Egoyá en el centro de Pereira, son especialmente vulnerables por esta razón: el suelo se comporta durante un sismo, en palabras de los propios estudios técnicos, como una "gelatina" que amplifica el movimiento y transmite aceleraciones mucho mayores que las que sufren los edificios cercanos en terreno firme.

Factor 4: el tipo de estructura. Los edificios pueden tener sistemas estructurales muy distintos. Estructuras porticadas (a base de columnas y vigas), estructuras de muros de carga, estructuras mixtas, estructuras aporticadas con muros de rigidez. Cada sistema responde distinto a un sismo. En general, las estructuras porticadas modernas de concreto reforzado, bien diseñadas y construidas, tienen buen desempeño sísmico. Los edificios antiguos con muros de carga sin reforzar son más vulnerables.

Factor 5: el mantenimiento y las modificaciones. Un edificio inicialmente bien construido puede volverse vulnerable con el tiempo si no se mantiene, o si se le hacen modificaciones sin criterio técnico. Grietas viejas mal reparadas, columnas afectadas por remodelaciones sin permiso, ampliaciones no autorizadas, cargas adicionales para las que no fue diseñado (una piscina en la azotea, por ejemplo), todo esto reduce su capacidad de resistencia.

Factor 6: la forma del edificio. La geometría también importa. Edificios simétricos, regulares, con formas simples, se comportan mejor que edificios con formas irregulares, con voladizos grandes, con torsiones o con cambios bruscos de altura. La irregularidad geométrica genera concentraciones de esfuerzos que pueden llevar a fallas locales.

Factor 7: la interacción con edificios vecinos. Cuando dos edificios están pegados sin una junta sísmica adecuada, pueden golpearse entre sí durante un sismo, un fenómeno conocido como "golpeteo". Esto es especialmente peligroso cuando tienen alturas distintas o cuando sus periodos naturales de vibración son diferentes. Los sismos de Pereira de 1979 y 1999 mostraron muchos casos de daños por golpeteo.


Qué es una evaluación estructural y cuándo pedirla

Si vives en una edificación anterior a 2010, o si tu vivienda fue autoconstruida sin ingeniero, o si tu edificio sufrió algún daño durante un sismo, es importante saber que puedes solicitar una evaluación estructural.

Una evaluación estructural es un estudio técnico realizado por un ingeniero estructural que analiza el estado real de la edificación. Incluye visita al sitio, revisión de planos originales si existen, inspección visual detallada, y en algunos casos ensayos específicos sobre materiales. El resultado es un informe que dice si la edificación es segura, si requiere reforzamiento, o si presenta riesgos que ameritan medidas más drásticas.

Después de un sismo importante, muchas ciudades activan sistemas de evaluación rápida con códigos de colores tipo semáforo. Verde significa que la edificación puede ser habitada normalmente. Amarillo significa que puede ser habitada con precauciones y requiere evaluación detallada. Rojo significa que no puede ser habitada y debe ser desocupada hasta nueva evaluación.

Como propietario o inquilino, tienes derecho a solicitar esta evaluación. Y como ciudadano, tienes derecho a exigir que las edificaciones públicas (colegios, hospitales, edificios administrativos) sean sometidas a estos estudios regularmente, especialmente en zonas de amenaza sísmica alta.


Qué exigir a las autoridades

Después de un sismo importante, la ciudadanía tiene un papel clave. Estas son algunas exigencias razonables que se pueden plantear a las autoridades locales.

Actualización de la norma nacional. Que se acelere el proceso de adopción de la nueva norma AIS 100-24 que ya está preparada. Cuanto más se retrase, más edificios se construyen bajo criterios que técnicamente están desactualizados.

Microzonificación sísmica actualizada. Que las ciudades en zona sísmica alta cuenten con mapas de suelo actualizados, públicos y de fácil acceso, para que cualquier ciudadano sepa cómo se comporta el terreno donde vive.

Restricciones reales en zonas de alto riesgo. Que las zonas identificadas como de alto riesgo por tipo de suelo (como la del colector Egoyá en Pereira) tengan restricciones efectivas de construcción, no solo advertencias en el papel.

Programas de reforzamiento estructural. Que existan programas públicos que ayuden a propietarios de edificaciones anteriores a la NSR-10 a reforzar sus construcciones. Otros países tienen incentivos fiscales, créditos blandos o subsidios directos para esto.

Evaluación estructural obligatoria de edificaciones esenciales. Que colegios, hospitales, edificios de atención a la comunidad y otras estructuras críticas sean evaluados y reforzados de manera prioritaria.

Transparencia sobre licencias y curadurías. Que sea público qué edificios han recibido licencia, quién los aprobó, qué normas se aplicaron y quién los supervisó. La transparencia es la base de la rendición de cuentas.

Fiscalización real de la autoconstrucción. Que existan programas de asesoría técnica gratuita para familias que autoconstruyen, para que al menos sus viviendas cumplan con criterios básicos de seguridad.


Qué puedes hacer tú como ciudadano

A nivel individual, hay decisiones importantes que se pueden tomar.

Si compras vivienda, verifica su año de construcción y la norma aplicable. Pregunta si hubo licencia, quién fue el ingeniero calculista, si hubo supervisión técnica. Todo esto está en los archivos de la curaduría o de la alcaldía correspondiente.

Si vives en una edificación antigua, considera solicitar una evaluación estructural. Un buen estudio te da tranquilidad, y en caso de encontrar problemas, te permite tomar decisiones informadas.

Si vas a hacer remodelaciones, no toques nunca elementos estructurales (columnas, vigas, muros de carga) sin ingeniero. Muchas fallas graves se originan en modificaciones aparentemente inocuas hechas sin criterio técnico.

Si vives en propiedad horizontal, promueve en tu asamblea la contratación de una evaluación estructural periódica. Es una inversión colectiva que puede salvar vidas.

Y sobre todo, participa. Vota informado, opina en discusiones sobre planeación urbana, exige transparencia. Las ciudades más seguras son las que tienen ciudadanos activos exigiendo esa seguridad.


Conclusión

Cuando ves dos edificios en la misma cuadra con resultados tan distintos después de un sismo, no estás viendo azar. Estás viendo décadas de decisiones. La decisión de cuándo construir, con qué norma, con qué calidad, sobre qué terreno, con qué mantenimiento, con qué modificaciones. Cada una de esas decisiones se acumula y determina, en el momento del sismo, si el edificio resiste o cae.

Colombia ha avanzado mucho desde el terremoto de Popayán de 1983. Tiene norma, tiene institucionalidad, tiene profesionales capacitados. Pero todavía tiene muchísimo por hacer. Actualizar la norma. Reforzar el parque construido antiguo. Regular la autoconstrucción. Aplicar realmente las microzonificaciones. Educar a la ciudadanía.

El terremoto del 10 de agosto de 2026 dejó heridas profundas en Pereira y en otras ciudades del país. Cada víctima es irrecuperable. Cada familia afectada merece toda la solidaridad. Pero también merece que aprendamos, esta vez sí, las lecciones que estos sismos nos vienen dando desde hace más de cuarenta años. Merecen que la próxima generación no tenga que enterrar a sus seres queridos por los mismos errores que hoy lloramos.

Construir bien no es un lujo. Es una obligación ética con los que vienen. Y esa obligación empieza por informarnos, exigir y participar. Todos.

Este texto es una de cuatro piezas del arco que empecé después del sismo. Las otras tres miran el mismo problema desde ángulos distintos. Una recorre la memoria cívica de la ciudad, Pereira y la tradición de construirse a sí misma con convites, empanadas y cadenas humanas desde 1945, porque ninguna reconstrucción real se hace solo con norma y sin comunidad. Otra abre la mirada al mundo con cuatro ciudades que renacieron después de terremotos devastadores, Armenia, Kobe, Ciudad de México y Christchurch, y lo que le enseñan a Pereira, donde Armenia funciona como validación empírica de que las normas sismorresistentes bien aplicadas salvan vidas. Y si te quedaste con curiosidad sobre cómo la ingeniería moderna resuelve los sismos a escala grande, cómo funcionan los rascacielos, por qué se mueven y por qué no se caen cuenta lo que aquí solo pude esbozar sobre aisladores sísmicos, amortiguadores y ductilidad estructural aplicada a alturas extremas.


Referencias

  • Correal, J. F. (2026). La NSR-10 estaría desactualizada: expertos piden cambios urgentes tras el terremoto en Colombia. El Tiempo, Bogotá. Declaraciones del ingeniero estructural y profesor de la Universidad de los Andes.
  • El Espectador (2026). Certificación de sismorresistencia en Colombia: qué exige la NSR-10. El Espectador, Bogotá. Explicación técnica del reglamento vigente.
  • Sociedad Colombiana de Ingenieros. Normas Sísmicas en Colombia: Evolución y Aplicación. SCI, Bogotá. Cronología completa de la normativa nacional.
  • IDIGER. Marco Normativo sobre construcción sismorresistente. Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático, Bogotá.
  • Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica. Documentación técnica sobre la actualización AIS 100-24 en preparación. AIS, Bogotá.
  • Consejo Profesional Nacional de Arquitectura. Estadísticas sobre edificaciones anteriores a la NSR-10 y sobre autoconstrucción en Colombia. CPNA, Bogotá.
  • Cámara Colombiana de la Construcción, Camacol. Informes sobre autoconstrucción y vivienda informal en Colombia. Camacol, Bogotá.
  • García, L. E. (2014). Desarrollo de la normativa sismo resistente colombiana en los 30 años desde su primera expedición. Revista de Ingeniería, Universidad de los Andes, Bogotá. Vía Scielo Colombia.
  • Wikipedia. NSR-10: historia normativa y decretos modificatorios. Enciclopedia Wikipedia.
  • Servicio Geológico Colombiano y autoridades locales (2026). Documentación oficial sobre el terremoto del 10 de agosto de 2026 y sus efectos en Pereira, Manizales, Cali, Armenia y otras ciudades. SGC, Bogotá.

Nota: este artículo es un texto de divulgación con fines educativos, escrito con solidaridad hacia las víctimas del terremoto del 10 de agosto de 2026 en Colombia. Para evaluaciones estructurales específicas se recomienda acudir a un ingeniero estructural certificado. La información normativa está actualizada al momento de la redacción; se recomienda verificar la vigencia de decretos y actualizaciones.


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