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Divulgaciónpor Sara Puerta20 min de lectura

La Casa Marulanda: la historia de una casa de 1927 que puede desaparecer y lo que significa para Pereira

Historia de la Casa Marulanda en Pereira, obra del arquitecto Pablo de la Cruz de 1927, y el debate sobre su demolición tras el sismo del 10 de agosto.

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La Casa Marulanda: la historia de una casa de 1927 que puede desaparecer y lo que significa para Pereira

Hay edificios que son solo edificios. Y hay edificios que son mucho más: son documentos históricos, son símbolos colectivos, son ventanas hacia el pasado de una ciudad. La Casa Marulanda de Pereira pertenece con toda claridad al segundo grupo. Ubicada en la esquina de la Calle 20 con Carrera 8ª, en el costado occidental de la Plaza de Bolívar, esta casa de casi cien años ha sido durante décadas parte fundamental del paisaje del centro pereirano. Y ahora, tras las graves afectaciones estructurales que dejó el terremoto del 10 de agosto de 2026, enfrenta la posibilidad muy real de ser demolida.

La Alcaldía de Pereira contempla esa posibilidad. La ciudadanía está dividida. Historiadores, arquitectos y defensores del patrimonio piden que se analicen alternativas antes de tomar una decisión definitiva. Un colectivo de artistas pereiranos, Los Inmodernos, está pintando la casa y otras edificaciones amenazadas para que quede al menos su testimonio artístico. Y en las redes sociales el debate está más vivo que nunca, con posiciones encontradas sobre qué prioriza una ciudad después de un terremoto: la seguridad rápida o la memoria a largo plazo.

En este artículo quiero contar con calma toda esta historia. Qué es la Casa Marulanda. Quién la construyó y por qué. Cuál es su valor arquitectónico e histórico. Qué está pasando ahora con ella. Qué alternativas técnicas existen. Qué debates abre. Y qué podemos aprender de este caso para todo el patrimonio afectado por el sismo que Pereira debe procesar en los próximos meses. El caso se inscribe en la conversación más amplia que la ciudad se está obligando a tener sobre sí misma, y a la que dediqué el manifiesto reciente sobre por qué Pereira no necesita crecer sino florecer. Este es uno de los capítulos concretos de ese debate.

Es un artículo pensado especialmente para pereiranos y pereiranas que ven la casa todos los días desde la Plaza de Bolívar sin conocer su historia completa. Pero también para cualquier persona interesada en cómo se toman las decisiones sobre patrimonio arquitectónico en ciudades latinoamericanas.


La familia Marulanda: el origen de la fortuna que construyó la casa

Para entender la Casa Marulanda hay que entender primero a la familia que le da nombre. Los Marulanda fueron una de las familias más importantes en la historia de Pereira. Su presencia en la ciudad se remonta prácticamente a la época de la fundación, en la segunda mitad del siglo XIX. Llegaron en el marco del gran movimiento migratorio conocido como la colonización antioqueña, ese proceso histórico por el cual miles de familias del sur de Antioquia se desplazaron hacia el sur del país buscando nuevas tierras para cultivar.

Los Marulanda, como muchas de las familias que colonizaron el Eje Cafetero, encontraron en el café el motor de su prosperidad. Sembraron tierras, comerciaron con granos, invirtieron en propiedades urbanas y rurales, y para finales del siglo XIX se habían consolidado como una de las fortunas más grandes de la región cafetera. Personajes como Don Juan María Marulanda y sus descendientes representan el éxito económico de la colonización antioqueña llevado a su máxima expresión.

Y ese éxito económico se tradujo también en presencia política y social. Los Marulanda han ocupado cargos públicos importantes a lo largo de la historia de Pereira. Iván Marulanda, uno de los descendientes de la familia, fue alcalde de Pereira en 1974 y posteriormente senador de la República, además de candidato a la vicepresidencia en el año 2006.

La construcción de la Casa Marulanda en 1927 fue, entonces, mucho más que una vivienda familiar. Fue el símbolo físico de una fortuna, de un apellido, de una influencia. Fue la manera en que la familia le decía a Pereira: aquí estamos, aquí nos consolidamos, aquí construimos nuestro monumento personal. Y precisamente porque la casa cumple esa función simbólica, su posible desaparición es tan cargada de significado. No es una casa cualquiera. Es la casa que representa a la Pereira que se estaba construyendo hace un siglo.


El arquitecto: Pablo de la Cruz, uno de los grandes de Colombia

La Casa Marulanda no fue diseñada por cualquier constructor. Fue diseñada por Pablo de la Cruz Yepes, uno de los arquitectos más importantes de Colombia de la primera mitad del siglo XX.

Pablo de la Cruz nació en Medellín en 1894 y murió en Bogotá en 1954. Su formación es interesante por lo cosmopolita. Estudió en la Universidad de Antioquia y luego se trasladó a Chile, donde estudió en la Universidad de Chile en Santiago. Se graduó en 1918 y regresó a Colombia en 1919. Esa formación chilena le dio una perspectiva distinta a la de sus contemporáneos colombianos, con influencias de las corrientes modernistas latinoamericanas del sur del continente.

A partir de su regreso a Colombia, Pablo de la Cruz se convirtió en uno de los arquitectos más solicitados del país. Trabajó principalmente en Bogotá pero recibió encargos de todo el territorio nacional. Fue jefe del Ministerio de Obras Públicas, arquitecto asesor durante el gobierno de Alfonso López Pumarejo, y responsable del diseño de decenas de obras públicas y privadas importantes.

Entre sus obras más destacadas están el Parque Nacional de Bogotá, la Villa Adelaida (casa del pedagogo Agustín Nieto Caballero, su primer trabajo importante), el Instituto Pedagógico Nacional para Señoritas en Bogotá, la versión anterior del Palacio de Justicia y numerosas obras en distintas ciudades colombianas. Y entre esas obras está la Casa Marulanda de Pereira, encargada por Valeriano Marulanda y terminada en 1927.

Es importante saber que muchas de las obras de Pablo de la Cruz han desaparecido con el tiempo, por demolición o modificación. Solo algunas quedan en pie. Esto hace que cada una de sus obras que sobrevive tenga un valor patrimonial aún mayor. Y por eso la posible pérdida de la Casa Marulanda no es solo la pérdida de una casa. Es la pérdida de una de las pocas obras del arquitecto Pablo de la Cruz que aún queda en pie.


La arquitectura republicana: qué representa la Casa Marulanda

La Casa Marulanda es un ejemplo típico de la llamada arquitectura republicana colombiana. Este estilo dominó las construcciones importantes del país desde finales del siglo XIX hasta la década de 1930, y buscaba diferenciarse de la arquitectura colonial anterior mientras adoptaba influencias europeas de la época.

Los elementos característicos de la arquitectura republicana incluyen fachadas simétricas y proporcionadas, balcones ornamentados en las plantas superiores, techos con teja de barro, columnas y elementos decorativos inspirados en el neoclasicismo europeo, grandes ventanales verticales con marcos elaborados, cornisas trabajadas que rematan los edificios, zaguanes de entrada monumentales, patios interiores con corredores, y uso extensivo del ladrillo y del bahareque encementado como sistemas constructivos. La Casa Marulanda encarna varios de estos elementos, especialmente los característicos balcones que la han hecho reconocible en la Plaza de Bolívar durante décadas. Sus tres niveles y su ubicación esquinera la convierten en una de las edificaciones más visibles del centro histórico pereirano.

Un dato particularmente interesante que un usuario compartió en redes sociales: la Casa Marulanda habría sido la primera casa en Pereira que usó cemento traído de Bélgica para su placa. Esto revela algo importante sobre la casa. Cuando Valeriano Marulanda la construyó, no solo estaba construyendo una vivienda. Estaba haciendo una declaración de modernidad. Estaba usando los materiales más avanzados de su época, importados desde Europa. Estaba poniendo a Pereira en la vanguardia constructiva del país. Ese detalle del cemento belga es un símbolo poderoso de lo que significaba la casa: modernidad, sofisticación, conexión internacional.

Y aquí está algo que muchos no reconocen. La arquitectura republicana no fue solo un estilo estético. Fue también una expresión del momento histórico que vivió Colombia entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Fue la manera en que las nuevas élites cafeteras del eje central del país expresaron su bonanza económica y su aspiración de modernización. Y por lo tanto, cada casa republicana que perdemos es también un pedazo de esa historia económica y social que dejamos atrás.


La casa como testigo de la evolución de Pereira

Lo interesante de la Casa Marulanda es que no es una construcción estática. Sus muros documentan la evolución de la arquitectura pereirana a lo largo del siglo XX. Esto lo explicó bien el historiador Alonso Molina en su entrevista con Diario del Otún.

Según Molina, la edificación inicialmente habría tenido características relacionadas con las primeras construcciones de la colonización antioqueña, es decir, con esa arquitectura vernácula del bahareque, los techos de teja de barro, los corredores. Pero posteriormente fue transformada bajo los ideales de modernización y la llegada de la arquitectura republicana. Es decir, la casa que vemos hoy es el resultado de sucesivas transformaciones que reflejan cómo Pereira misma se fue modernizando. Por eso sus muros son literalmente un documento histórico. Un archivo construido. Un libro de historia arquitectónica cuyas páginas son ladrillos, molduras, balcones, ventanas.

Cuando Alonso Molina describe la Casa Marulanda como "el último relicto que había de la vieja Plaza de Bolívar", no está exagerando. La Plaza de Bolívar de Pereira ha perdido durante el siglo XX prácticamente todos sus referentes originales. Los edificios que la enmarcaban originalmente han sido demolidos y reemplazados por construcciones modernas, algunas de valor arquitectónico contemporáneo importante, pero que borraron el paisaje original de la plaza. Junto a la Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza, la Casa Marulanda es lo poco que sigue en pie de esa etapa fundacional. Es una tensión que Pereira ya está enfrentando en otro caso paralelo: la iglesia del Claret y su papel en el trazado urbano de la ciudad plantea preguntas casi idénticas sobre qué se salva y qué se demuele después de un sismo.

Y por eso su posible desaparición es tan grave. No estaríamos perdiendo una casa aislada. Estaríamos perdiendo el último testigo de una era.


Qué está pasando ahora: el debate abierto

El 10 de agosto de 2026, el terremoto que sacudió a Pereira dejó a la Casa Marulanda gravemente afectada. Las evaluaciones estructurales realizadas posteriormente por equipos técnicos han identificado daños significativos en muros, vigas y elementos de soporte de la edificación. Una funcionaria de la Alcaldía de Pereira ha explicado que, debido a estas condiciones, se contempla la posibilidad de adelantar su demolición.

Pero la decisión no ha sido tomada aún. Y ha abierto un debate público muy intenso que se está viviendo especialmente en redes sociales.

Quienes defienden la demolición argumentan que la seguridad de la ciudadanía debe primar sobre cualquier consideración patrimonial, que los recuerdos quedan en la memoria y no en las paredes, y que los recursos para restauración patrimonial se pueden invertir mejor en construcciones nuevas sismorresistentes. Sostienen además que retrasar la demolición podría generar riesgos adicionales, y que la Plaza de Bolívar necesita renovarse integralmente.

Quienes defienden la conservación argumentan que perder la casa significa perder una parte irremplazable de la memoria de la ciudad, que existen técnicas patrimoniales de restauración que garantizan seguridad (otros edificios patrimoniales como la Catedral han recibido intervenciones especializadas), y que sentar el precedente de demolición fácil abre la puerta a perder más patrimonio. Insisten en que antes de demoler debe hacerse un análisis integral con arquitectos restauradores e historiadores. La ciudad ya ha perdido muchos referentes históricos y no puede seguir así.

El arquitecto e historiador Jorge Alberto Velázquez, entrevistado por Diario del Otún, resume bien la posición de quienes defienden la conservación cuando dice que el debate va mucho más allá de si una estructura puede mantenerse en pie: cuando una edificación histórica desaparece, también se pierde un vínculo físico entre las nuevas generaciones y la ciudad que habitaron sus antepasados. Se pierde la historia. Y su llamado central es a que se estudien alternativas técnicas serias antes de la demolición.


Las alternativas técnicas que existen

Aquí quiero detenerme en un punto que muchas veces no se cuenta bien en el debate público. Y es que sí existen alternativas técnicas para intervenir edificaciones patrimoniales afectadas por sismos. No es un dilema entre demoler o dejar como está. Hay un espectro amplio de posibilidades que las ciudades con tradición de conservación aplican como estándar.

Reforzamiento estructural. Técnicas de refuerzo interno con elementos metálicos, fibras de carbono, sistemas de contención o muros de soporte adicional, que permiten mejorar la capacidad sismorresistente de un edificio existente sin destruir su fachada ni su volumetría original. Se aplican en Italia, España y México a edificios patrimoniales de manera rutinaria. En Colombia, la propia norma sismorresistente explica qué separa un edificio que resiste de uno que no, y el diseño de refuerzos patrimoniales es parte de esa conversación técnica.

Restauración patrimonial. Recuperar los elementos originales del edificio (fachada, ornamentos, distribución interior significativa) al tiempo que se hacen intervenciones estructurales para garantizar su seguridad. La casa queda con la misma apariencia externa pero con una estructura interna reforzada. El principio de fondo es el mismo que aplica a cualquier estructura sismorresistente contemporánea: aprender a doblarse para no romperse, esa flexibilidad calculada que absorbe la energía del sismo sin destruir la forma.

Conservación de fachada con estructura interior nueva (a veces llamada fachadismo). En casos donde la estructura interior está muy comprometida, se conserva únicamente la fachada patrimonial y se construye detrás una estructura completamente nueva y sismorresistente. Se ha usado en muchos centros históricos del mundo cuando las condiciones no permiten conservar todo el edificio.

Reconstrucción idéntica. Si la casa debe demolerse por seguridad estructural extrema, existe la posibilidad de documentar todos sus elementos arquitectónicos antes de la demolición (planos, fotografías, fragmentos originales) y reconstruir después una réplica exacta con estructura moderna sismorresistente. Es más caro que hacer un edificio nuevo cualquiera, pero mucho más barato que perder la memoria colectiva.

Musealización de elementos. Si el edificio se demuele, sus elementos arquitectónicos más significativos (balcones, columnas, ornamentos) pueden ser rescatados y conservados en un museo o incorporados a la nueva construcción como testimonios físicos del original.

Estas alternativas no son ciencia ficción. Son técnicas estándar en la conservación patrimonial internacional. Lo que sí es cierto es que son más caras y toman más tiempo que una demolición simple. Requieren equipos especializados. Requieren decisiones políticas comprometidas con el patrimonio. Requieren voluntad de invertir en lo colectivo por encima de lo rápido.

El debate real no es entonces si se puede o no se puede conservar la Casa Marulanda. El debate real es si Pereira está dispuesta a hacer la inversión de tiempo y recursos que la conservación requiere.


La iniciativa de Los Inmodernos: pintar la memoria antes de que desaparezca

Mientras el debate público sigue abierto, algo hermoso está pasando en paralelo. Un colectivo de artistas pereiranos llamado Los Inmodernos ha tomado una decisión valiente: pintar en vivo las edificaciones amenazadas antes de que las máquinas lleguen a demolerlas.

El colectivo Los Inmodernos existe desde hace 20 años y se dedica a la pintura de paisaje al aire libre. Está integrado por unos 37 artistas, aunque habitualmente salen a pintar entre cinco y seis. Su misión, a lo largo de dos décadas, ha sido construir pincelada tras pincelada una cartografía artística de Pereira y otras ciudades. Es un trabajo silencioso pero constante que ha ido creando un archivo visual único de la región.

Después del terremoto del 10 de agosto, el colectivo tomó una decisión especial: dedicar su trabajo a documentar visualmente las edificaciones que podrían desaparecer. Liderados por el arquitecto y artista plástico Diego Londoño García, junto a Óscar Salamanca (que perdió su taller en el sector de Corocito por el terremoto y tuvo que reconstruirlo todo antes de volver a pintar), los Inmodernos han desarrollado ya cerca de seis obras dedicadas específicamente a las edificaciones afectadas por el sismo. Entre ellas están la Casa Marulanda, el Teatro Santiago Londoño, la Iglesia del Claret, construcciones residenciales del sector Los Alpes (uno de los más golpeados por el terremoto) y otras estructuras que, por su estado, están destinadas a desaparecer.

La metodología es rigurosa y hermosa. Cada obra se realiza directamente frente al lugar, al aire libre, en jornadas de aproximadamente dos horas y media a tres horas. Una vez terminada la obra, no se vuelve a retocar. El resultado busca conservar no solo la imagen de la edificación, sino también el instante específico en que fue capturada. Una Pereira herida, en transformación, obligada a mirar hacia adelante.

Como explica Diego Londoño García: "Estamos registrando aquellas obras que se están despidiendo de la ciudad. Nuestro interés es dejar un testimonio a través de un documento que es la pintura." Y su propósito es aún más profundo: "Queremos básicamente activar la memoria. Una memoria que nos hable a futuro de esperanza."

La propuesta tiene referentes históricos importantes. Óscar Salamanca menciona el trabajo del pintor español Francisco de Goya, quien además de sus obras vinculadas a la corte, retrató acontecimientos y escenas de la vida cotidiana de su época, incluidos los desastres de la guerra. De manera similar, Los Inmodernos quieren que sus pinturas se conviertan en vestigios de lo ocurrido en Pereira, pero con una intención clara: no es el morbo, no es una pretensión de burla. Al contrario, es tener la empatía necesaria para venir a los escenarios que una vez fueron importantes para la ciudad y que hoy se encuentran en grave deterioro. La intención del colectivo es que estas obras posteriormente puedan ser exhibidas, ya sea de manera virtual o en una sala de exposición, para que los pereiranos puedan observar esos espacios que alguna vez hicieron parte de su cotidianidad.

Es una iniciativa que merece todo el apoyo de la ciudad. Es la mejor manera de garantizar que aunque las máquinas derriben algunas estructuras, la memoria quede en el arte.


Lo que este caso enseña para todo el patrimonio afectado por el sismo

La Casa Marulanda es probablemente el caso más visible y simbólico del debate sobre patrimonio post-terremoto en Pereira. Pero no es el único. Después del sismo del 10 de agosto, decenas de edificaciones patrimoniales de la ciudad han quedado afectadas en distintos grados. Y las decisiones que se tomen con cada una de ellas van a marcar la manera en que Pereira aborda su memoria arquitectónica para las próximas generaciones.

Pereira ya vivió antes una intervención masiva sobre su centro tradicional: Ciudad Victoria, entre 2001 y 2006, transformó trece manzanas del centro tradicional con logros claros y con deudas patrimoniales que hoy siguen abiertas. La lección más dolorosa de ese proceso es exactamente esta: en las demoliciones se perdieron edificios cuyo valor patrimonial no fue adecuadamente reconocido ni preservado, y esa memoria arquitectónica del centro pereirano de mediados del siglo XX se borró sin adecuada documentación. Repetir ese error con la Casa Marulanda y con las demás edificaciones afectadas por el sismo sería no haber aprendido nada de las últimas dos décadas.

Esta es una oportunidad. Una oportunidad de establecer un protocolo serio de intervención patrimonial post-terremoto que incluya:

Evaluación técnica integral, con equipos multidisciplinarios que no incluyan solo ingenieros estructurales sino también arquitectos restauradores, historiadores del arte y especialistas en patrimonio.

Documentación exhaustiva de cada edificación patrimonial afectada, con planos, fotografías, videos, escaneos 3D. Independientemente de si se conserva o se demuele, la memoria documental debe quedar completa.

Análisis de alternativas antes de decidir la demolición: reforzamiento, restauración, conservación de fachada, reconstrucción idéntica. Todas evaluadas seriamente, no descartadas por default.

Consulta ciudadana. Las decisiones sobre patrimonio son colectivas y deben incluir procesos participativos con historiadores locales, arquitectos, ciudadanos interesados y propietarios afectados.

Priorización de recursos. El presupuesto de reconstrucción de Pereira debe incluir un rubro específico para conservación patrimonial, no dejar esto a la buena voluntad de cada caso individual.

Rescate de elementos. Si finalmente hay que demoler, los elementos arquitectónicos significativos deben ser rescatados y conservados. Balcones, columnas, ornamentos, materiales especiales.

Documentación artística. El trabajo que están haciendo Los Inmodernos debe ser apoyado y ampliado. Cada edificio importante que se pierda debe quedar en la memoria colectiva mediante arte visual, testimonios y publicaciones.

Es un trabajo grande. Requiere voluntad política, recursos económicos y sobre todo una decisión colectiva de valorar el patrimonio de la ciudad. Pero es exactamente el tipo de trabajo que las ciudades resilientes hacen después de las tragedias. Es la diferencia entre reconstruirse solo físicamente y reconstruirse con memoria.


Una reflexión final: qué significa una casa

Termino con una reflexión que va más allá del caso específico de la Casa Marulanda.

Una casa vieja no es solo cuatro paredes. Es un pedazo de tiempo. Es un lugar donde vivieron generaciones de personas que ya no están. Es un testimonio de cómo eran las ciudades antes de que fueran lo que son. Es un documento colectivo que documenta el paso de la historia.

Cuando derribamos una casa vieja para hacer un edificio nuevo, no solo estamos cambiando el paisaje físico. Estamos borrando una memoria colectiva. Estamos rompiendo el vínculo material entre las generaciones que vivieron antes y las que van a vivir después. Estamos aceptando que la historia se cuenta solo con palabras y no también con espacios que se pueden tocar y habitar.

En algunas circunstancias esa pérdida es inevitable. Un edificio en peligro inminente de colapso, con costos de restauración imposibles de asumir, con imposibilidad técnica de recuperación, puede tener que ser demolido. La seguridad de las personas siempre debe primar. Pero esa decisión debe tomarse solo después de haber agotado todas las alternativas. No como primera opción.

Y aquí está el punto crítico para el caso de la Casa Marulanda. No sabemos aún si es inevitable demolerla. Los estudios técnicos completos todavía están en proceso. Las alternativas de restauración todavía no han sido evaluadas en profundidad. Los recursos económicos y técnicos de la ciudad para asumir una restauración todavía no han sido definidos. Nada de eso está resuelto.

Lo que sí sabemos es que la casa tiene casi cien años. Que fue diseñada por uno de los grandes arquitectos colombianos del siglo XX. Que representa una familia que fue central en la historia de Pereira. Que es uno de los últimos testimonios físicos de la vieja Plaza de Bolívar. Que iba a cumplir cien años el próximo año. Que existe un colectivo de artistas dedicados a inmortalizarla en pintura. Que la ciudadanía está profundamente dividida sobre su futuro.

Con todos esos elementos sobre la mesa, la decisión debe tomarse con toda la seriedad, la calma y la profundidad que un caso así merece. Ojalá las autoridades escuchen a los técnicos, a los historiadores, a los arquitectos, a los ciudadanos. Ojalá se estudien todas las alternativas. Ojalá, si finalmente hay que demoler, se documente todo y se piense muy bien qué se construye en su lugar. Y ojalá, sobre todo, este caso sirva para que Pereira asuma con seriedad la protección del patrimonio que aún le queda.

Porque la pregunta que se hace el mismo Diario del Otún al cerrar su reportaje es la que debemos hacernos todos: ¿cuánto de la historia de Pereira estamos dispuestos a dejar caer antes de comenzar a protegerla?

Si quieres seguir con dos lecturas cercanas del caso, hay una historia complementaria sobre la Pereira que se construyó a sí misma con convites y cadenas humanas, esa tradición cívica en la que también se inscribe la construcción de la Casa Marulanda y otra sobre qué es la NSR-10 y qué exigir de refuerzos y evaluaciones estructurales después del sismo del 10 de agosto. Ambas son parte de la conversación que la ciudad debe tener con calma en los próximos meses.


Referencias

Camacho, F. (2026). La Casa Marulanda podría caer: Pereira se enfrenta a la pérdida de su memoria. Diario del Otún, Pereira. 9 de septiembre de 2026. Camacho, F. (2026). La Pereira que el terremoto derriba, el arte la vuelve memoria. Diario del Otún, Pereira. 9 de septiembre de 2026. Pereira En Vivo (2026). Entre los escombros y la memoria: el pulso por el futuro de la histórica Casa Marulanda en Pereira. Reportaje. La Chiva Noticias (2026). La Casa Marulanda y el debate sobre su futuro. Reportaje. Wikipedia. Pablo de la Cruz Yepes. Entrada enciclopédica. Ramírez, J. y Arango, S. (varios años). Monografía sobre Pablo de la Cruz. Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, Bogotá. Universidad Nacional de Colombia. Wikipedia. Iván Marulanda. Entrada enciclopédica. Bibliografía general sobre arquitectura republicana colombiana. Bibliografía general sobre la colonización antioqueña y las familias fundadoras del Eje Cafetero. Molina, A. (2026). Testimonios sobre la Casa Marulanda como testigo de la evolución arquitectónica de Pereira. Diario del Otún, Pereira. Velázquez, J. A. (2026). Testimonios sobre patrimonio arquitectónico post-sismo en Pereira. Diario del Otún. Londoño García, D. y Salamanca, Ó. (2026). Testimonios del colectivo Los Inmodernos sobre el registro pictórico de las edificaciones afectadas por el sismo del 10 de agosto. Pereira.

Nota: este artículo es un texto de divulgación con fines educativos, escrito con respeto por todas las posiciones del debate ciudadano actual sobre el futuro de la Casa Marulanda de Pereira. La intención es aportar contexto histórico, arquitectónico y patrimonial al debate público, no tomar una posición definitiva sobre el destino final de la edificación. Las autoridades competentes son las que deben tomar esa decisión con base en los estudios técnicos completos, las alternativas disponibles y las voces de la ciudadanía.

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