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Divulgaciónpor Sara Puerta12 min de lectura

Pereira, la ciudad que se construyó a sí misma

La historia de los convites, las empanadas y las cadenas humanas que levantaron el aeropuerto Matecaña en 1945 y crearon la acción comunal en Colombia.

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Pereira, la ciudad que se construyó a sí misma

Hay ciudades que se construyen con presupuestos gigantes, con planificación estatal y con maquinaria importada. Y hay ciudades que se construyen con las manos de su gente, un domingo, con empanadas, cadenas humanas y camiones prestados. Pereira, mi ciudad, pertenece a la segunda categoría. Y esa distinción no es un dato curioso. Es la clave para entender por qué esta ciudad, después de cada golpe, ha sabido volver a ponerse de pie.

En agosto de 2026, Pereira vivió uno de los terremotos más devastadores de su historia reciente. Muchas familias perdieron todo. Muchos edificios colapsaron. La ciudad quedó herida. Y en medio del dolor colectivo, hay una historia que vale la pena recordar. Una historia que casi nadie cuenta fuera de aquí, y que dentro de aquí muchos han olvidado. La historia de cómo esta ciudad se construyó a sí misma, sin esperar a que nadie viniera a salvarla.

En este artículo recorremos esa historia. El origen de los convites cívicos, la increíble construcción del aeropuerto Matecaña, la Villa Olímpica, y el hecho poco conocido de que la acción comunal como movimiento organizado en Colombia nació precisamente aquí, en Pereira. Y reflexionamos sobre por qué esa herencia, hoy, después del terremoto, es una brújula fundamental.


La cultura de la empanada: una tradición pereirana

Antes de entrar a la historia grande, hay que entender una expresión muy pereirana: la cultura de la empanada. En muchas ciudades colombianas se hacen bazares, se organizan rifas, se cocinan empanadas para reunir fondos para una causa. Pero en Pereira esto no es un evento ocasional, es una tradición estructural. Es la forma en que esta ciudad, desde su fundación, ha aprendido a resolver colectivamente lo que individualmente no podría.

Los pereiranos han construido parroquias, salones comunales, parques, escuelas, obras de barrio, campañas de salud, atención a menores y hasta programas de vivienda a partir de bazares, rifas, convites y encuentros de vecinos. Cada persona lleva un aporte en especie: comida, materiales, mano de obra, tiempo. Y con esos pequeños aportes se logran cosas que, sumadas, son gigantes.

Esta forma de organizarse tiene un nombre técnico: acción comunal. Y aunque hoy es una figura reconocida en toda Colombia, con juntas de acción comunal en cada barrio del país, poca gente sabe que este movimiento organizado nació precisamente en Pereira. La ciudad fue, durante décadas, laboratorio y ejemplo de cómo una comunidad organizada podía transformar su entorno sin depender del Estado.

Por eso, durante muchos años, a Pereira la llamaron oficialmente la Capital Cívica de Colombia. No era un apodo cariñoso, era una descripción de su carácter.


El sueño de un aeropuerto

La mejor manera de entender qué significaba la cultura cívica pereirana es contar cómo se construyó el aeropuerto Matecaña. Es una historia que parece leyenda, pero está completamente documentada.

Todo empezó, en cierto modo, el 21 de abril de 1921. Ese día, el aviador Ferruccio Guicciardi aterrizó en Matecaña con un avión Macchi-Hanriot HD-1 de fabricación italiana, apodado "El Telégrafo". Fue el primer avión que aterrizó en la región. Miles de pereiranos salieron a verlo. Pagaban 30 centavos los adultos y 20 los niños solo para poder mirarlo de cerca. Ese momento sembró un sueño colectivo en la ciudad: tener un aeropuerto propio.

Ese sueño tardó más de veinte años en concretarse. En 1941, una comisión técnica volvió a considerar Matecaña como sitio adecuado para construir una pista. Se conformó una Junta Constructora liderada por Carlos de la Cuesta, José Carlos Ángel, Esteban Valencia, Camilo Mejía Duque y otros ciudadanos comprometidos. Pero había un problema clásico: no había plata.

El Acuerdo Municipal 34 de 1944 resolvió construir un campo de aterrizaje de 1,800 metros de longitud y adquirir un terreno de 40,000 metros cuadrados. El municipio firmó un contrato con Avianca. Para conseguir los 200,000 pesos que la obra requería, Avianca los prestó al municipio. Esa deuda se terminó de pagar recién en 1951, cuatro años después de que el aeropuerto ya estaba en funcionamiento.

Pero el dinero no era suficiente. Se necesitaban manos.


El convite del 26 de junio de 1945

Y aquí llegamos a uno de los momentos más increíbles de la historia de Pereira.

Para vincular a toda la ciudadanía en la construcción, un pereirano llamado Benjamín Ángel Maya organizó un convite. Es decir, una convocatoria colectiva para que la comunidad entera trabajara en la obra durante un día. La fecha elegida fue el 26 de junio de 1945.

Lo que ocurrió ese día fue extraordinario. Los historiadores lo describen como "un hormiguero desbordado". Se estima que más de 20 mil personas trabajaron unidas ese día en la construcción del aeropuerto. Para entender la magnitud, Pereira en esa época no era la ciudad que es hoy. Era una población mucho menor. Que 20 mil personas se movilizaran juntas por una obra era una hazaña casi imposible de imaginar en cualquier otro lugar del país.

Cómo se organizó todo aquello es igualmente impresionante. Como no había maquinaria adecuada por las restricciones de la Segunda Guerra Mundial, los trabajos se hicieron con carros de tracción animal. Se armó una cadena humana a lo largo de la vía para agilizar el traslado de materiales. Numerosos camiones transportaban piedra y otros insumos desde la quebrada Consota. Gonzalo Arango Mejía usó agua de la acequia de Llanogrande para rellenar el sector central con un sistema inventado por los manizaleños.

Las mujeres cocinaban empanadas y otros alimentos, que se vendían para financiar la obra. Se hicieron bingos, rifas, bazares. Cada peso, cada pedazo de comida, cada gota de sudor iba destinado al mismo sueño: el aeropuerto.

Y no era solo el pueblo raso. Los ingenieros más importantes de la región también aportaron su conocimiento gratuitamente. Rafael de la Calle, Tiberio Ochoa, Carlos de la Cuesta, Alfonso Hurtado, Samuel Salazar. Todos ellos participaron en la obra, muy distinto a lo que ocurría en otras ciudades donde se contrataban profesionales extranjeros.

El 23 de junio de 1947, un Douglas de Avianca aterrizó en Matecaña en un viaje de prueba. Y el 7 de agosto de 1947, el aeropuerto entró oficialmente en operación. La ciudad entera se congregó allí. No solo porque era una obra nueva y novedosa, sino porque cada pereirano sentía que era suya. Y en cierto modo, lo era.


La Villa Olímpica y la tradición que se hizo institución

El aeropuerto no fue el único caso. Con el mismo sistema de convites cívicos se construyó también la Villa Olímpica de Pereira, el gran complejo deportivo de la ciudad. Otra vez la lógica fue la misma: la comunidad organizada, aportando tiempo, dinero y trabajo para lograr algo que ningún gobierno estaba dispuesto o podía financiar.

Y este sistema no quedó como un evento excepcional. Se convirtió en institución. Durante décadas, las parroquias de los barrios pereiranos se construyeron con convites. Los salones comunales, con convites. Los parques de barrio, con convites. Las campañas de salud, con convites. Los programas de atención a menores, con convites.

Esta cultura fue tan poderosa, tan continua y tan reconocible, que terminó dando origen a la figura formal de la acción comunal en Colombia. La ley que reconoce y organiza las juntas de acción comunal, hoy vigente en todo el país, tiene sus raíces prácticas en la experiencia pereirana. La acción comunal, como movimiento organizado, nació aquí.

Y aunque con los años el modelo ha evolucionado y muchas ciudades tienen hoy sus propias juntas y sus propias formas de organización comunitaria, Pereira sigue siendo, en cierto modo, la ciudad madre de esta tradición.


Por qué esta historia importa hoy

Podría parecer que todo esto es historia antigua. Que hoy, en el siglo XXI, con instituciones formales, con presupuestos públicos, con contratación de obras, ya no aplica. Que ese modelo era propio de otra época.

Pero yo creo, especialmente después de lo que vivimos con el terremoto del 10 de agosto de 2026, que esa historia es exactamente lo que hoy más necesitamos recordar.

Porque Pereira acaba de recibir un golpe muy fuerte. Familias enteras perdieron todo. Edificios colapsaron. Muchos vecinos están tratando de rehacer sus vidas desde cero. La ayuda oficial va a llegar, y va a ser importante. Pero como en 1945, la ayuda oficial nunca va a ser suficiente. La reconstrucción real, la profunda, la que devuelve el tejido humano y no solo las paredes, siempre depende de la propia gente.

Y esa gente, esta ciudad la tiene. Los pereiranos que hoy se organizan para llevar comida a los damnificados, los que abren sus casas para acoger vecinos, los que hacen colectas, los que traen agua, los que ayudan a remover escombros, están repitiendo, sin saberlo muchas veces, la misma lógica de 1945. Están haciendo un convite. Están cocinando las empanadas de esta generación. Están armando la cadena humana de este siglo.

Esta ciudad tiene músculo cívico. Lo ha tenido siempre. Y ese músculo es lo que va a hacer que Pereira, otra vez, se levante.


Lo que podemos aprender de esta herencia

Para quienes vivimos hoy en Pereira, o para quienes desde otras ciudades observan nuestra historia, hay lecciones valiosas.

La primera es que las ciudades no son solo obras físicas. Son también actos colectivos. Un aeropuerto puede tener cemento, acero y pistas, pero si detrás no hay un pueblo que se moviliza para hacerlo posible, ese aeropuerto es solo infraestructura. Cuando hay comunidad detrás, la obra se vuelve símbolo.

La segunda es que la acción colectiva es la respuesta más antigua y más efectiva a los momentos difíciles. Cuando los recursos escasean, cuando las instituciones no llegan, cuando el problema es más grande que cualquier individuo, la única respuesta viable es organizarse. Nada de esto es nuevo. Los pereiranos lo saben desde hace un siglo.

La tercera es que las ciudades con memoria son las ciudades más resilientes. Recordar de dónde venimos nos da la fuerza para saber hacia dónde vamos. Cada convite del pasado es una promesa hacia el futuro: que esta ciudad ya ha resuelto cosas más grandes, que puede volver a hacerlo, que la manera es organizándose.

Y la cuarta es que ninguna reconstrucción es solo material. Reconstruir un edificio es importante. Reconstruir el tejido social, los vínculos, la confianza, el orgullo, es todavía más importante. Y eso solo lo puede hacer la propia comunidad.


Conclusión

Pereira acaba de vivir un momento durísimo. La ciudad está de duelo. Y en medio del dolor, es fácil sentir que estamos solos, que nadie viene a ayudar, que el problema es demasiado grande. Pero la historia de esta ciudad demuestra lo contrario. Pereira nunca ha estado sola. Se tiene a sí misma. Y esa siempre ha sido su fuerza más grande.

En 1945, más de veinte mil personas se juntaron un mismo día a construir un aeropuerto con sus manos. Trajeron piedras desde una quebrada. Cocinaron empanadas para financiar la obra. Hicieron cadenas humanas. Aportaron con lo que tenían, aunque no fuera mucho. Y lograron lo imposible.

Ese aeropuerto sigue en pie hoy, casi 80 años después. Y no solo como infraestructura. Sigue en pie como recordatorio. Como monumento a lo que esta ciudad es capaz de hacer cuando se organiza.

Los pereiranos que hoy están ayudando a sus vecinos, cocinando para damnificados, abriendo sus casas, haciendo colectas, son los mismos pereiranos que en 1945 construyeron un aeropuerto. Es el mismo espíritu. Es la misma lógica. Es la misma ciudad.

A todos los que perdieron a un ser querido en este terremoto, un abrazo enorme y toda mi solidaridad. A los que perdieron su casa o su patrimonio, toda mi compañía. Y a mi ciudad, esta certeza: ya nos hemos levantado antes. Nos vamos a levantar de nuevo. Con convites, con empanadas, con cadenas humanas, con manos que se dan. Como siempre ha sido.

Pereira fue construida por su gente. Y su gente la va a reconstruir.

Este texto es la contraparte cívica de otras dos reflexiones que escribí esta misma semana sobre el terremoto y que juntas forman una trilogía. La primera mira el problema desde el suelo: la historia de la quebrada Egoyá, los tres sismos que golpearon la misma zona del centro y por qué es momento de convertirla en un parque lineal urbano. La segunda lo mira desde la norma técnica: por qué unos edificios resisten los sismos y otros no, la historia de la NSR-10 en Colombia y qué puedes exigir tú como ciudadano. Y si quieres ampliar la mirada más allá de Pereira, hay una lectura hermana sobre cómo la comunidad organizada transforma el entorno construido: cinco proyectos de arquitectura de transformación social que cambiaron por completo la vida de sus comunidades.


Referencias

  • Aeropuerto Internacional Matecaña. Historia oficial del aeropuerto Matecaña. Aeromate, Pereira. Disponible en aeromate.gov.co.
  • Restrepo Ramírez, M. El Aeropuerto Matecaña: un lugar común en el imaginario e identidad de los pereiranos y pereiranas. Tesis, Universidad de los Andes, Bogotá. Repositorio institucional.
  • Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes (2023). Reseña: El Aeropuerto Matecaña, el sueño de la modernidad en Pereira a través de la vida de María Restrepo. Bogotá.
  • Revista Semana (2020). Con convites Pereira construyó su aeropuerto y complejo deportivo. Sección de infraestructura, Bogotá.
  • Historia y Región (blog). El primer avión en Pereira: el 21 de abril de 1921. Documentación histórica sobre la construcción del aeropuerto.
  • Alcaldía de Pereira (1944). Acuerdo Municipal 34 del 18 de agosto de 1944. Pereira.
  • Alcaldía de Pereira (2021). Inauguración de nueva terminal aérea del aeropuerto Matecaña, un hito en la historia de la ciudad. Pereira.
  • Confederación Nacional de Juntas de Acción Comunal. Historia de la acción comunal en Colombia: orígenes, marco legal y evolución. Bogotá. Bibliografía general sobre el movimiento y su raíz práctica en Pereira.
  • Fuentes históricas sobre la denominación de Pereira como Capital Cívica de Colombia y la tradición de los convites cívicos, incluyendo prensa local del Eje Cafetero.

Nota: este artículo es un texto de divulgación con fines educativos y de memoria colectiva, escrito con solidaridad hacia las víctimas del terremoto del 10 de agosto de 2026 en Colombia y con profundo respeto por la historia cívica de Pereira. Para investigaciones académicas se recomienda acudir directamente a las fuentes primarias y a la bibliografía especializada en historia local del Eje Cafetero.


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