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Divulgaciónpor Sara Puerta14 min de lectura

Egoyá: por qué Pereira sigue llorando en el mismo lugar, y por qué es momento de cambiar el rumbo

La quebrada Egoyá canalizada bajo el centro de Pereira, tres terremotos en la misma zona y por qué es hora de convertirla en un parque lineal urbano.

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Egoyá: por qué Pereira sigue llorando en el mismo lugar, y por qué es momento de cambiar el rumbo

El pasado 10 de agosto de 2026, un terremoto de magnitud 7,4 con epicentro en San José del Palmar, Chocó, sacudió gran parte del centro y occidente de Colombia. Pereira fue una de las ciudades más afectadas. Al momento de escribir este artículo, la ciudad reporta decenas de fallecidos, cientos de heridos y más de sesenta estructuras colapsadas, entre edificios residenciales, comerciales e institucionales. Miles de familias han perdido su casa, su trabajo o a un ser querido.

Antes de cualquier otra cosa, este artículo se escribe desde el duelo compartido. Desde el reconocimiento del dolor de cada familia afectada y desde el respeto por cada vida perdida. Nada de lo que sigue busca minimizar esa tragedia ni culpar a las víctimas. Lo que este artículo intenta es abrir, con toda la delicadeza que el momento exige, una conversación urgente sobre cómo hemos construido nuestra ciudad y cómo podemos, hacia adelante, hacerlo distinto.

Porque hay una realidad que no se puede ignorar. En los tres terremotos importantes que ha vivido Pereira desde 1995, la mayor concentración de daños se ha producido en la misma zona: la que está construida sobre el antiguo cauce de la quebrada Egoyá. Esa realidad, dolorosa y repetida, nos plantea una pregunta que ya no podemos aplazar. ¿Qué vamos a hacer distinto esta vez?

En este artículo recorremos la historia de Egoyá, entendemos por qué esta zona es tan vulnerable, revisamos qué se ha hecho hasta ahora, y proponemos una alternativa concreta y realista: convertir la zona de influencia del colector en un gran parque lineal que dignifique la memoria de las víctimas, mejore la calidad urbana del centro y, sobre todo, evite que la historia se siga repitiendo.


Qué es la quebrada Egoyá

La quebrada Egoyá era, hasta principios del siglo XX, un afluente natural que atravesaba lo que hoy es el centro de Pereira. Nacía en el sector de la actual calle 4, cerca del parque La Rebeca en la Avenida Circunvalar, y bajaba serpenteando hasta desembocar en el río Otún en el sector de Turín, en la calle 46. Su cauce natural tenía aproximadamente 4,943 metros de longitud, y durante décadas fue parte esencial del paisaje y de la vida cotidiana de la ciudad.

A medida que Pereira creció, hacia los años treinta y cuarenta del siglo XX, la quebrada empezó a ser vista como un obstáculo para la expansión urbana. La lógica de la época era clara: canalizar los cauces naturales, taparlos con rellenos y construir encima para "recuperar" terreno útil. Así se hizo con Egoyá. Se construyó una gran canalización subterránea, con los materiales disponibles en la época (ladrillo, piedra, técnicas artesanales), y se rellenaron los terrenos aledaños para permitir el crecimiento del casco urbano central. De los casi cinco kilómetros originales del cauce, cerca de 4,416 metros fueron canalizados, dejando apenas 387 metros a cielo abierto.

Encima de esos rellenos, con el paso de las décadas, se levantaron edificios de vivienda, comercios, instituciones públicas, centros comerciales, iglesias y avenidas enteras. Hoy, cuando alguien camina por la carrera 12 en pleno centro de Pereira, o cuando cruza la Plaza Cívica Ciudad Victoria, está literalmente parado sobre lo que fue la quebrada Egoyá.


Por qué el terreno de Egoyá se comporta distinto en un sismo

Aquí entra la parte técnica, que es fundamental para entender la magnitud del problema.

Un terreno natural, formado durante miles o millones de años, tiene una densidad, una estructura interna y una resistencia particulares. Cuando ocurre un sismo, la energía de las ondas sísmicas atraviesa ese terreno con una intensidad y velocidad determinadas por su composición.

Un terreno de relleno, en cambio, se comporta de manera completamente distinta. Está formado por materiales acumulados por el hombre en un tiempo corto, sin la compactación natural de miles de años. Su densidad es menor. Su cohesión es menor. Y cuando llega una onda sísmica, ese suelo amplifica el movimiento significativamente. Los ingenieros describen este fenómeno con la expresión "efecto de sitio": un mismo sismo puede sentirse y causar daños muy distintos en zonas muy cercanas, dependiendo exclusivamente del tipo de suelo bajo cada edificio.

En el caso de la zona de Egoyá, el terreno de relleno se comporta, en palabras de los propios estudios técnicos y de funcionarios que han intervenido en las obras, como una "gelatina" durante un sismo. Se mueve más, se sacude por más tiempo, y transmite a las edificaciones aceleraciones sísmicas mucho mayores que las que sufren edificios cercanos construidos sobre terreno firme.

Esto no significa que Egoyá cause los terremotos. Los terremotos ocurren por movimientos tectónicos profundos, muy lejos de cualquier decisión urbana. Pero sí significa que Egoyá amplifica dramáticamente los efectos de cualquier sismo que llegue a la ciudad. Y cuando encima de ese terreno amplificador hay decenas de edificios habitados, la ecuación se vuelve trágica.


Tres terremotos, la misma zona

La historia lo ha demostrado tres veces.

En el terremoto del 8 de febrero de 1995, con epicentro en el Pacífico colombiano, Pereira sufrió daños importantes. Los estudios posteriores mostraron una concentración clara de afectaciones en la zona del centro asociada al colector Egoyá.

En el terremoto del 25 de enero de 1999, con epicentro en el Quindío, Pereira volvió a sufrir daños significativos. Y otra vez, la mayor concentración de destrucción y de víctimas se produjo en la zona de Egoyá, especialmente en las inmediaciones de la carrera 12. Aquella tragedia, sumada a la del Eje Cafetero en general, dejó lecciones muy claras sobre la vulnerabilidad de ciertos terrenos urbanos.

Y ahora, el 10 de agosto de 2026, con el terremoto de magnitud 7,4 y epicentro en San José del Palmar, la historia se repite. Los primeros informes señalan al menos 42 estructuras colapsadas entre edificios y casas, ocho estructuras afectadas parcialmente, decenas de fallecidos y cientos de familias damnificadas. Y de nuevo, en zonas del centro asociadas al recorrido del colector Egoyá, incluidos edificios cercanos a la Alcaldía, se concentraron los daños más severos.

Tres terremotos. La misma zona. Los mismos patrones de daño. La misma tragedia repetida.


Lo que sí se hizo, y lo que faltó hacer

Sería injusto decir que nadie ha hecho nada. Después del terremoto de 1999, hubo intentos serios de intervenir el problema.

En 2018 y 2019, la empresa Aguas y Aguas de Pereira ejecutó una obra de gran escala para reemplazar el tramo más crítico del antiguo colector Egoyá. La obra, con una inversión cercana a los 21,500 millones de pesos, consistió en construir un nuevo colector de alcantarillado a 12 metros de profundidad, en un tramo de 680 metros sobre la carrera 12 entre las calles 16 y 22. El objetivo era claro: reemplazar la infraestructura vieja y deteriorada por un sistema moderno que redujera el riesgo asociado al colector.

Fue una obra necesaria y bien hecha desde el punto de vista técnico. Pero la obra intervino la infraestructura del colector, no la condición del suelo circundante. Es decir, mejoró el estado del túnel por donde corren las aguas, pero no cambió el hecho de que todo el terreno que atraviesa la quebrada sigue siendo un terreno de relleno con las mismas características de amplificación sísmica que tenía antes.

Y mientras se hacía esta obra, en paralelo, se seguían expidiendo licencias de construcción sobre la zona de influencia de Egoyá. Se siguieron levantando edificios, se siguieron autorizando ampliaciones, se siguieron permitiendo usos densos en un terreno cuya vulnerabilidad estaba ampliamente documentada.

El resultado, treinta años después del primer aviso, es el que Pereira está viviendo hoy.


Un patrón mundial: ciudades que construyeron sobre sus ríos escondidos

Pereira no es única en este problema. Muchas ciudades del mundo cometieron el mismo error a lo largo del siglo XX: canalizar sus ríos urbanos, taparlos con rellenos y construir encima. Y muchas están enfrentando, hoy, las consecuencias.

Londres tiene decenas de ríos escondidos bajo su tejido urbano. El río Fleet, el más famoso, atraviesa buena parte del centro de la ciudad en un colector subterráneo. Las zonas construidas sobre él han presentado problemas de asentamiento, humedad y, en algunos casos, comportamiento anómalo del terreno.

Nueva York tiene arroyos y ríos enterrados bajo Manhattan y Brooklyn. Algunas zonas del bajo Manhattan, construidas sobre rellenos que cubren antiguos cauces y humedales, presentan problemas similares.

Ciudad de México es quizás el caso más extremo. Buena parte del centro está construida sobre los antiguos lagos que rodearon Tenochtitlán, desecados durante la colonia y los siglos posteriores. Ese suelo blando de origen lacustre amplifica los sismos de manera notoria, y ha sido la causa de daños catastróficos en los terremotos de 1985 y 2017.

Y hay un caso que es particularmente inspirador para Pereira. En Seúl, la capital de Corea del Sur, existía un río llamado Cheonggyecheon que había sido canalizado en los años cincuenta y cubierto por una autopista elevada en los sesenta. Durante décadas, ese río escondido debajo del asfalto fue una de las cicatrices urbanas más difíciles de la ciudad. En el año 2003, el gobierno de la ciudad tomó una decisión histórica: demoler la autopista y destapar el río. La obra se terminó en 2005 y hoy el Cheonggyecheon es uno de los espacios públicos más queridos y más visitados de toda Asia. Un corredor lineal de 11 kilómetros con agua corriendo a cielo abierto, con senderos, con vegetación, con vida.

Seúl demostró que un río escondido puede volver a ser un río visible. Que un error urbano del siglo XX se puede reparar en el siglo XXI. Y que las ciudades que tienen el coraje de destapar su historia enterrada, muchas veces, se transforman para siempre.


La propuesta: un parque lineal Egoyá para Pereira

Con todo esto sobre la mesa, la propuesta que quiero plantear es concreta y realista.

Pereira tiene, después de este terremoto, una oportunidad única. Una oportunidad dolorosa, sí. Pero también una oportunidad clara. En lugar de reconstruir edificios encima del antiguo cauce de Egoyá, la ciudad podría transformar toda esa zona de influencia en un gran parque lineal urbano. Un corredor verde que atraviese el centro histórico siguiendo el trazado del río escondido, desde el parque La Rebeca hasta Turín.

Esta propuesta tiene múltiples beneficios que se refuerzan entre sí.

Beneficio de seguridad. El primero y más importante: sacar edificaciones densas y habitadas de una zona de riesgo extremo. Un parque no colapsa en un sismo. Un parque no cobra vidas.

Beneficio ambiental. Pereira, como muchas ciudades del Eje Cafetero, necesita más árboles y más espacio verde en su centro histórico. Un parque lineal de varios kilómetros mejoraría la calidad del aire, reduciría la temperatura del centro y aumentaría la biodiversidad urbana.

Beneficio social. El centro de Pereira necesita más y mejores espacios públicos. Un parque lineal generaría un lugar de encuentro para la ciudadanía, con senderos, con áreas de descanso, con actividades culturales y deportivas.

Beneficio patrimonial y de memoria. Un parque Egoyá podría incorporar elementos que cuenten la historia de la quebrada, de los terremotos vividos por la ciudad y de las víctimas de esas tragedias. Podría ser un espacio de memoria activa, no solo de recreación.

Beneficio económico. Aunque parezca contraintuitivo, los grandes parques urbanos tienden a aumentar el valor de las propiedades vecinas, dinamizan el comercio en los bordes y atraen turismo. Central Park en Nueva York, el High Line también en Nueva York, el mismo Cheonggyecheon en Seúl, y en América Latina el Bosque Metropolitano de Bogotá o el Parque Bicentenario en Ciudad de México lo han demostrado.

Beneficio urbano. Un corredor verde que atraviesa el centro de Pereira permitiría reorganizar la movilidad, promover la caminabilidad, y crear un eje estructurante que ordene todo el desarrollo urbano de las próximas décadas.


Los retos honestos de esta propuesta

Sería ingenuo no reconocer las dificultades. Una propuesta así implica retos enormes.

Está el reto económico. Comprar predios, indemnizar propietarios, reubicar residentes, ejecutar la obra. Todo esto tiene un costo altísimo. Pero también hay que sopesar el costo de no hacerlo: reconstruir edificios que en el próximo terremoto volverán a caer, seguir pagando en vidas y en daños materiales cada vez que la tierra tiembla.

Está el reto político. Cualquier propuesta de este tipo genera resistencia. Hay intereses inmobiliarios, hay comerciantes, hay propietarios que ven amenazado su patrimonio. Requiere liderazgo político valiente y visión de largo plazo. Ciudades que han hecho transformaciones similares (Medellín con sus corredores verdes, Bogotá con la recuperación del río Fucha, Seúl con el Cheonggyecheon) demostraron que cuando la voluntad política existe, los cambios son posibles.

Está el reto social. Muchas familias viven, trabajan o tienen su historia en esa zona. Cualquier plan tiene que ser participativo, respetuoso, con procesos claros de acompañamiento y reubicación. No se trata de imponer nada, se trata de construir colectivamente una alternativa mejor.

Está el reto técnico. Diseñar un parque lineal sobre un colector subterráneo es un reto de ingeniería y de paisajismo. Pero es un reto solucionable, con múltiples referentes internacionales.

Ninguno de estos retos es una razón para no hacerlo. Son razones para hacerlo bien.


Lo que podemos hacer como ciudadanos

Esta conversación no puede quedarse solo entre técnicos y políticos. La ciudadanía tiene un rol clave.

Podemos informarnos con seriedad sobre lo que pasó y por qué. Podemos exigir a las autoridades locales estudios técnicos actualizados y transparencia total sobre el estado del suelo en la zona de Egoyá. Podemos participar en las discusiones sobre el Plan de Ordenamiento Territorial. Podemos apoyar iniciativas ciudadanas que promuevan espacios públicos de calidad. Podemos, con nuestro voto, respaldar candidatos que tengan visión de largo plazo sobre nuestra ciudad. Podemos, con nuestra voz en redes y en conversaciones cotidianas, mantener este tema en la agenda pública.

Las ciudades cambian cuando sus habitantes deciden que tienen que cambiar. No antes.


Conclusión

Pereira acaba de vivir una de las tragedias más dolorosas de su historia reciente. Familias enteras han perdido todo. La ciudad está en duelo. Y en medio del dolor, es difícil pensar en el futuro. Pero es exactamente ahora cuando esas conversaciones tienen que empezar.

Porque Pereira ya ha llorado en la zona de Egoyá tres veces. En 1995, en 1999 y ahora en 2026. Y si reconstruimos como siempre, encima del antiguo cauce, en algún momento del futuro (dentro de veinte, treinta, cincuenta años) volveremos a llorar en el mismo lugar. La tierra no va a cambiar. Los sismos van a volver. Y las edificaciones construidas sobre suelo amplificador van a seguir siendo vulnerables.

Un parque lineal en la zona de Egoyá no es una idea utópica ni una fantasía. Es una decisión de política pública que otras ciudades del mundo ya tomaron con resultados extraordinarios. Requiere valentía, inversión y voluntad colectiva. Pero es posible.

A las familias que perdieron a un ser querido en este terremoto, un abrazo enorme y toda mi solidaridad. A las que perdieron su casa, su comercio o su patrimonio, toda mi compañía. Y a la ciudad entera, la esperanza de que este dolor, tan grande y tan repetido, pueda convertirse en la fuerza para tomar decisiones que nunca antes habíamos tenido el coraje de tomar.

Pereira merece un centro seguro, verde y digno. La memoria de sus víctimas merece que aprendamos de una vez por todas. Y el futuro de nuestra ciudad depende de qué hagamos, ahora, con lo que sabemos.

Ese futuro empieza con una conversación. Y con una decisión.

Si quieres seguir pensando la relación entre ciudad, agua y decisiones urbanas heredadas, hay tres lecturas que se conectan directamente con esta. Una recorre el mismo patrón desde el ángulo global: las ciudades que crecieron encima del agua, la abandonaron y hoy intentan recuperarla, un mapa de decisiones urbanas que hoy vuelven como problema. La segunda cuenta lo contrario en escala pequeña: la acupuntura urbana y las intervenciones puntuales que transforman ciudades enteras, una tradición latinoamericana de reparar el tejido urbano desde adentro que puede inspirar cómo se sostiene un proceso tan largo como el que Egoyá va a requerir. Y la tercera es la contraparte cívica y personal de este mismo texto: Pereira, la ciudad que se construyó a sí misma con convites, empanadas y cadenas humanas desde 1945, la memoria colectiva de la que va a depender cualquier reconstrucción real.


Referencias

  • Servicio Geológico Colombiano (2026). Boletín oficial del sismo del 10 de agosto de 2026. Servicio Geológico Colombiano, Bogotá. Datos oficiales sobre epicentro en San José del Palmar (Chocó), magnitud 7,4 y profundidad cercana a 100 kilómetros.
  • Bomberos de Pereira, Alcaldía de Pereira y Presidencia de la República (2026). Informes oficiales sobre víctimas, estructuras colapsadas y estado de la emergencia posterior al sismo. Pereira.
  • Aguas y Aguas de Pereira (2019). Documentación técnica de las obras de canalización y renovación del colector Egoyá (2018-2019). Pereira.
  • Alcaldía de Pereira (2000). Plan de Ordenamiento Territorial de Pereira, Acuerdo Municipal N.º 018. Pereira. Referencias a restricciones ambientales por el paso del colector Egoyá y a las propuestas de renovación urbana para la zona.
  • Tobón, H. (2026). El blog del ministro: análisis sobre la reiteración de daños en la zona de Egoyá y las advertencias técnicas ignoradas durante décadas. Pereira.
  • Cobertura periodística de los terremotos de Colombia de 1995, 1999 y 2026. Fuentes consultadas: El Tiempo, El Colombiano, Infobae Colombia, Risaralda Hoy, La Cebra que Habla y Tardeando.
  • Seoul Metropolitan Government (2006). Cheonggyecheon Restoration Project: Report and Documentation. Seúl. Referencia mundial en recuperación de ríos urbanos escondidos.
  • Kramer, S. L. (1996). Geotechnical Earthquake Engineering. Prentice Hall, Nueva Jersey. Marco técnico general sobre efecto de sitio, amplificación sísmica en suelos blandos y comportamiento de rellenos en zonas de actividad tectónica.
  • Seed, H. B. e Idriss, I. M. (1982). Ground Motions and Soil Liquefaction During Earthquakes. Earthquake Engineering Research Institute, Oakland. Referencia clásica sobre comportamiento de suelos ante ondas sísmicas.
  • Referentes de parques lineales urbanos: Cheonggyecheon (Seúl), High Line (Nueva York), Corredor Verde de Medellín, Parque del Río en Medellín, Bosque Metropolitano de Bogotá.

Nota: este artículo es un texto de divulgación con fines educativos y de reflexión ciudadana, escrito en solidaridad con las víctimas del terremoto del 10 de agosto de 2026 en Colombia. Para decisiones técnicas específicas se recomienda acudir a estudios profesionales de ingeniería, geología y planeación urbana, así como a las autoridades competentes.


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