Hay una polémica que en los últimos días ha ocupado las redes sociales y los círculos de arquitectura en Colombia. Un estudio de diseño en Bogotá remodeló un apartamento en el conjunto Altos de Santana, un edificio protegido como Bien de Interés Cultural diseñado por Rogelio Salmona. Como parte de la intervención, demolieron la escalera original diseñada por él y la reemplazaron por una nueva, hecha de madera, cemento y vidrio, con barandas transparentes y detalles de luces LED. El argumento del estudio para justificar la demolición fue que el apartamento era demasiado oscuro y que la escalera bloqueaba la entrada de luz.
La reacción no se hizo esperar. Voces del gremio, creadores de contenido especializados, la propia Fundación Rogelio Salmona y la Alcaldía de Bogotá se pronunciaron. Se abrió una investigación oficial. Se hablaron de multas. Y sobre todo, se abrió un debate público muy necesario sobre la protección del patrimonio arquitectónico moderno colombiano.
Pero hay una discusión que ha aparecido menos en medio de todo el ruido. Y es probablemente la más importante. ¿Por qué las escaleras de Salmona son especiales? ¿Qué se pierde exactamente cuando se elimina una de ellas? La respuesta a esta pregunta trasciende lo patrimonial y lo legal. Es una respuesta arquitectónica, cultural, histórica y filosófica. Y sin entenderla, es imposible dimensionar la magnitud de lo que se destruye cuando se interviene una obra de Salmona sin conocer su lenguaje.
En este artículo quiero contar exactamente eso. Quién fue Rogelio Salmona (en breve), qué es el concepto del recorrido en su arquitectura, por qué el ladrillo era su material esencial, de dónde vienen sus ideas (mudéjar, prehispánico, popular), qué papel específico juegan las escaleras en su obra, y qué debemos aprender colectivamente de este caso para proteger mejor lo que tenemos.
Quién fue Rogelio Salmona, en breve
Rogelio Salmona, arquitecto colombo-francés que vivió entre 1929 y 2007, es considerado por buena parte de la crítica y del gremio como el arquitecto colombiano más influyente del siglo XX. Su obra ha sido comparada en importancia con la de Luis Barragán en México, Oscar Niemeyer en Brasil o Carlos Raúl Villanueva en Venezuela. Nacido en París, hijo de padre francés y madre colombiana, se formó en Colombia y regresó a Francia entre 1948 y 1957, donde tuvo una experiencia formativa determinante: trabajó en el estudio de Le Corbusier y estudió con el historiador Pierre Francastel. Del primero heredó el rigor moderno y la libertad formal; del segundo, la convicción de que la arquitectura debe enraizarse en el lugar, la historia local, el clima y las tradiciones populares.
Esa tensión, y la manera brillante en que la resolvió a lo largo de más de cinco décadas de trabajo, define toda su obra. Le valió reconocimientos internacionales importantes: el Premio Alvar Aalto en 2003, la Condecoración de las Artes y Letras del Gobierno Francés en 2007, la Medalla Manuel Tolsá de la UNAM en 2004, el doctorado honoris causa de la Universidad Nacional de Colombia en 2000, y múltiples premios en Bienales de Colombia. Fue apodado "el transformador de ciudades" por su influencia en Bogotá y otras urbes colombianas.
Hoy, cuatro de sus obras (las Torres del Parque, el Archivo General de la Nación, el Edificio de Posgrados de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional y el Parque Biblioteca Virgilio Barco) son candidatas oficiales de Colombia para ser declaradas Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2026. Si te interesa entrar más a fondo a la biografía y a su obra emblemática en Bogotá, escribí antes un texto dedicado a las Torres del Parque, la obra maestra de Salmona en el corazón de Bogotá. Aquí voy a concentrarme en un elemento que aparece en toda su obra y que la polémica reciente ha puesto en el centro: sus escaleras.
El concepto central: el recorrido
Toda la arquitectura de Salmona gira alrededor de una idea que él desarrolló y refinó a lo largo de su vida: el recorrido. Y para entender por qué sus escaleras son especiales, hay que empezar por entender esta idea.
Para la mayoría de los arquitectos, un edificio es un contenedor. Una envolvente que separa un adentro de un afuera, con espacios distribuidos en su interior para las distintas funciones que va a albergar. Se piensa en volúmenes, en fachadas, en formas.
Para Salmona, un edificio era otra cosa. Era una secuencia de espacios pensada para ser experimentada caminando. No era algo que se percibiera de golpe, sino algo que se descubría paso a paso, con el cuerpo. La palabra clave es coreografía. Cada elemento arquitectónico (una escalera, una rampa, un patio, un corredor, una terraza) participaba en una coreografía espacial cuidadosamente calculada.
Cuando entras a una obra de Salmona, no ves el espacio completo desde el principio. Te vas encontrando con él a medida que avanzas. Doblas una esquina y aparece una perspectiva nueva. Subes unos escalones y cambia la luz. Cruzas un patio y sientes el cambio de temperatura. Pasas por debajo de una bóveda y el sonido se modifica. Todo eso está pensado. Nada es accidental.
Esta idea del recorrido tiene raíces claras en la arquitectura árabe, especialmente en la mudéjar española y en las tradiciones islámicas. En una casa árabe tradicional, no hay una entrada teatral que muestre todo el interior de golpe. Hay una secuencia: un zaguán, un giro, un patio, un corredor, otro patio. El espacio se revela poco a poco, protegiendo la intimidad y creando un ritmo experiencial rico y complejo.
Salmona tomó esa lógica y la aplicó a la arquitectura moderna colombiana. En sus edificios de vivienda, en sus bibliotecas, en sus museos, siempre está presente el recorrido. Y las escaleras, en ese recorrido, cumplen un rol fundamental.
Las escaleras como elemento poético y funcional
Una escalera, en cualquier edificio, sirve para subir. Pero una escalera de Salmona hace muchas más cosas al mismo tiempo. Es una pausa en el recorrido. Es un momento de transición. Es un punto donde la luz cambia. Es una pieza compositiva que le da ritmo al espacio. Y es también un instrumento para revelar el material.
Cuando subes por una escalera diseñada por Salmona, no estás simplemente cambiando de nivel. Estás pasando por zonas de luz y de sombra cuidadosamente dispuestas. Estás viendo cómo el ladrillo cambia según la hora del día. Estás sintiendo el cambio de temperatura entre un espacio interior más sombrío y otro más iluminado. Estás descubriendo perspectivas nuevas del edificio con cada peldaño. Cada uno de estos efectos está calculado.
Este es un enfoque que muchos arquitectos han estudiado en profundidad. La escalera como pieza compositiva no fue invento de Salmona, tiene una larga tradición en la arquitectura mundial. Pero Salmona la elevó a un nivel de sofisticación particular. En sus obras, la escalera nunca es un elemento subordinado. Siempre es una pieza protagónica que dialoga con el resto del edificio.
Y el material importa muchísimo. Sus escaleras eran, casi siempre, de ladrillo. No de mármol, no de vidrio, no de metal pulido. Ladrillo. Un material considerado humilde en la tradición arquitectónica moderna occidental, pero que Salmona convirtió en su firma personal.
Por qué el ladrillo
La relación de Salmona con el ladrillo merece un artículo aparte. Pero para nuestro tema, lo importante es entender qué buscaba con este material y por qué lo eligió para sus escaleras.
Primero, por sus cualidades físicas. El ladrillo tiene textura, tiene relieve, tiene junturas. No es una superficie plana e inerte, como una placa de mármol pulido. Es una superficie viva, con miles de pequeñas irregularidades que cambian la manera en que la luz se comporta al golpearla.
Cuando la luz solar entra oblicua sobre un muro de ladrillo, cada juntura, cada pieza, cada pequeña rugosidad, se convierte en un dibujo de sombras. Ese dibujo cambia según la hora del día. En la mañana es distinto que al mediodía, y muy distinto al atardecer. El muro de ladrillo, en cierto modo, es un reloj. Es un instrumento óptico que va reflejando el paso del tiempo.
Segundo, por su tradición. El ladrillo está profundamente enraizado en la historia constructiva colombiana. Es un material accesible, económico, de producción local, con siglos de tradición en el país. Salmona rescató esa tradición y la elevó a la categoría de material culto, capaz de sostener una arquitectura de máxima ambición estética. Es el mismo tipo de rescate que otros arquitectos colombianos han hecho con otras técnicas tradicionales, como la tapia pisada en Barichara, otra materialidad vernácula que carga historia constructiva y envejece con dignidad.
Tercero, por su conexión con las tradiciones que lo inspiraban. El ladrillo era el material predominante en la arquitectura mudéjar, en muchas construcciones prehispánicas y en la arquitectura popular latinoamericana. Al elegir ladrillo, Salmona hacía visibles esas conexiones históricas.
Y cuarto, por su envejecimiento. El ladrillo envejece bien. Cambia de color con el tiempo, con la lluvia, con el sol. No se ve gastado, se ve vivido. Ese envejecimiento noble es una cualidad que Salmona valoraba profundamente. Una obra suya de hace cuarenta años, si se ha mantenido bien, luce mejor hoy que cuando se construyó. Ese es el poder del material honesto.
Las tres raíces de su arquitectura
Salmona fue un arquitecto que reconoció explícitamente sus influencias y trabajó con ellas conscientemente. Sus escaleras (y toda su obra) se nutren de tres tradiciones fundamentales.
Primera raíz: la arquitectura mudéjar. La arquitectura mudéjar surgió en la España medieval, cuando los musulmanes trabajaban bajo dominio cristiano y aplicaban las técnicas y estéticas islámicas a construcciones para nuevos usos. De esa tradición, Salmona rescató varios elementos. Las celosías en ladrillo, esos entramados que filtran la luz creando patrones de sombra en el suelo. El uso maestro del ladrillo como material expresivo. Los patios interiores como núcleos organizadores del espacio. Y la lógica del recorrido, esa secuencia de espacios que se van descubriendo con el movimiento.
En muchas de sus obras se pueden ver referencias directas a la arquitectura mudéjar. Las escaleras que suben desde un patio interior y desembocan en un corredor cubierto son un homenaje explícito a esa tradición.
Segunda raíz: la arquitectura prehispánica. Salmona estudió con detenimiento las culturas precolombinas, especialmente las mesoamericanas. Sus viajes por Latinoamérica lo llevaron a conocer sitios como Chichén Itzá y otros complejos mayas. De la arquitectura prehispánica rescató la sensación de masa, de peso, de horizontalidad. Rescató también el uso ceremonial del espacio, la manera en que los edificios sagrados generaban experiencias emocionales a través de la escala y del recorrido.
En sus escaleras, esta influencia aparece en la contundencia material. No son escaleras ligeras que parezcan flotar, son escaleras macizas que se anclan en el espacio con presencia clara.
Tercera raíz: la arquitectura popular. Esta es quizás la influencia más personal. Salmona valoraba enormemente la sabiduría de la arquitectura popular colombiana, esa que construyeron generaciones sin arquitectos, respondiendo al clima, al paisaje y a las necesidades reales. Los patios interiores para ventilación, las cubiertas amplias para la lluvia, los muros gruesos para la temperatura, los pasillos umbrales entre interior y exterior. Todo eso está en su obra.
Sus escaleras, muchas veces, tienen la escala y la proporción de las escaleras de una casa tradicional colombiana. No son grandilocuentes. Son cómodas, humanas, hechas para el cuerpo. Ese es un homenaje directo a la sabiduría constructiva popular.
El caso específico: Altos de Santana
El apartamento donde ocurrió la remodelación polémica está ubicado en el conjunto Altos de Santana, un edificio diseñado por Salmona en el norte de Bogotá y protegido como Bien de Interés Cultural desde 2010. La protección patrimonial implica que cualquier intervención debe pasar por autorización del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC).
En este caso, la intervención se realizó sin autorización. El estudio Deconama publicó un video en redes sociales mostrando el antes y el después, con la frase inicial "¿tú cambiarías unas escaleras diseñadas por Salmona? Sí, las cambiamos, las tumbamos". El video se viralizó rápidamente, con reacciones divididas pero mayoritariamente críticas.
El argumento del estudio para justificar la intervención fue que "el apartamento era demasiado oscuro" y que "la escalera bloqueaba la entrada de luz". También mencionaron la necesidad de ampliar el cuarto principal y cambiar el recorrido de las escaleras. Reemplazaron la escalera original de ladrillo por una nueva de madera, cemento y vidrio, con barandas transparentes y detalles de luces LED. Además hicieron otros cambios: abrieron un ventanal, modificaron un muro veneciano, instalaron listones de madera y transformaron otros elementos del apartamento.
La Alcaldía de Bogotá abrió investigación oficial. El IDPC confirmó que no se había tramitado ningún permiso. La Fundación Rogelio Salmona se pronunció públicamente. Y las multas contempladas por este tipo de infracción van desde 200 hasta 500 salarios mínimos mensuales legales vigentes para el propietario, y pueden llegar al doble para los profesionales involucrados en la obra.
Hay un dato importante y esperanzador. Los archivos del IDPC conservan los planos originales, las memorias arquitectónicas y toda la documentación del proyecto original de Rogelio Salmona para Altos de Santana. Esto significa que si en algún momento se ordena la restitución del elemento original, se puede reconstruir con base en la documentación técnica precisa. La escalera puede volver, aunque nunca será la escalera original, la que Salmona vio construir en su momento.
Qué se pierde realmente cuando se destruye una escalera de Salmona
Con todo lo anterior en mente, se puede ver que lo que se pierde cuando se destruye una escalera de Salmona es mucho más que un elemento constructivo. Se pierden varias capas al mismo tiempo.
Se pierde el recorrido diseñado. El apartamento fue pensado como una secuencia espacial coherente, con la escalera como pieza clave de esa secuencia. Al cambiar la escalera, la lógica del recorrido se rompe. El nuevo apartamento puede ser bonito, pero ya no dialoga con la intención original del arquitecto.
Se pierde el material como elemento expresivo. La escalera de ladrillo era parte del lenguaje material del edificio. El ladrillo no era solo material constructivo, era material poético, con capacidad de recibir la luz de manera particular. Reemplazarlo por vidrio y madera cambia radicalmente ese lenguaje.
Se pierde el juego de luz y sombra. La penumbra en Salmona no es un defecto sino un concepto arquitectónico central. Al eliminar la escalera de ladrillo y sustituirla por vidrio transparente con LED, se elimina literalmente el juego de luz y sombra que Salmona había compuesto en ese espacio. Se ilumina donde él había cuidado que hubiera sombra medida.
Se pierden las referencias históricas. Cada escalera de Salmona carga referencias a las tradiciones mudéjar, prehispánica y popular que lo inspiraban. Al reemplazarla por una escalera contemporánea genérica, esas referencias desaparecen y el espacio pierde profundidad cultural.
Se pierde la coherencia patrimonial. El edificio Altos de Santana es protegido justamente porque es una obra íntegra de Salmona. Cuando una parte del interior se interviene sin criterio, la integridad del conjunto se compromete. Y eso afecta el valor patrimonial de todo el edificio, no solo del apartamento intervenido.
Se pierde la ejemplaridad. Cuando un caso así se viraliza y no se sanciona con contundencia, se envía el mensaje de que es aceptable intervenir bienes patrimoniales sin permiso. Y eso puede llevar a que otros propietarios de obras protegidas se sientan legitimados para hacer lo mismo. La lección social importa tanto como el caso particular.
Qué debemos aprender colectivamente
Este caso, más allá del debate específico sobre la escalera, deja lecciones importantes para la protección del patrimonio moderno colombiano.
Primera lección: la arquitectura moderna también es patrimonio. En Colombia, la protección patrimonial se asocia culturalmente sobre todo con edificios coloniales o republicanos, con iglesias antiguas o casonas históricas. Pero el patrimonio moderno del siglo XX es igualmente valioso, y en muchos casos más frágil. Las obras de Salmona, de Guillermo Bermúdez, de Fernando Martínez Sanabria, de otros grandes arquitectos colombianos, merecen la misma protección y el mismo respeto.
Segunda lección: comprar una obra no da derecho a destruirla. Cuando alguien adquiere una propiedad en un edificio Bien de Interés Cultural, adquiere derechos de uso pero no de destrucción. La propiedad viene con responsabilidades hacia el patrimonio colectivo. Esto está claramente definido en la normativa colombiana y en las normativas internacionales. No es una opinión, es la ley.
Tercera lección: entender antes de intervenir. Cualquier intervención en una obra arquitectónica de valor requiere, antes que nada, entender qué es esa obra. Cuáles son sus principios de diseño, cuáles son sus valores, cuál es su lógica interna. Sin ese entendimiento, cualquier intervención corre el riesgo de destruir precisamente lo que hacía valiosa la obra. Ese entendimiento requiere formación, requiere estudio, requiere humildad frente a la obra ajena.
Cuarta lección: el rol de las autoridades. Los institutos de patrimonio, las alcaldías, las curadurías, tienen un rol fundamental en la protección de las obras. Ese rol requiere agilidad para detectar intervenciones no autorizadas, contundencia para sancionarlas y capacidad técnica para exigir restituciones cuando corresponda. En este caso, la respuesta institucional ha sido rápida, lo cual es una buena señal.
Quinta lección: el rol de la ciudadanía. La viralización del caso demuestra que la ciudadanía informada puede ser un vigilante muy efectivo del patrimonio. Cuando los ciudadanos entienden qué es lo que se está perdiendo, se movilizan y exigen. Ese es un poder que hay que cultivar, porque las autoridades no pueden vigilar todo. La ciudadanía es la primera línea de defensa del patrimonio.
Sexta lección: la formación de los profesionales. Este caso también abre preguntas sobre la formación de los arquitectos y diseñadores de interiores en Colombia. ¿Cuánto se enseña sobre patrimonio moderno? ¿Cuánto se enseña sobre las obras de Salmona y otros maestros? ¿Cuánto se enseña sobre los criterios éticos para intervenir obras protegidas? Son preguntas que deben abordarse desde las facultades de arquitectura y diseño.
Conclusión
La escalera que se destruyó en un apartamento del conjunto Altos de Santana no era una escalera cualquiera. Era una pieza compositiva diseñada por Rogelio Salmona, uno de los arquitectos más importantes que ha dado América Latina. Era ladrillo trabajado como instrumento óptico. Era parte de un recorrido calculado. Era referencia a tradiciones mudéjares, prehispánicas y populares. Era, en su modesta pero contundente presencia, un fragmento del legado arquitectónico moderno colombiano.
Al reemplazarla por una escalera de madera, cemento y vidrio con luces LED, se eliminó todo eso. No se corrigió un defecto. Se silenció una voz. Y aunque el resultado pueda ser bonito según ciertos criterios estéticos contemporáneos, es también más pobre, más genérico, más ajeno al edificio en el que está.
Pero esta historia todavía puede tener un buen desenlace. Las autoridades han actuado con rapidez. Los planos originales están conservados. El caso ha generado una discusión pública que estaba pendiente y que hace mucho bien al debate sobre patrimonio moderno en el país. Y si se ordena la restitución, la escalera puede volver, aunque nunca sea idéntica a la original.
Más allá del caso, esta polémica nos deja una responsabilidad colectiva. Como ciudadanos, arquitectos, diseñadores, propietarios, autoridades y educadores, tenemos que aprender a proteger mejor lo que tenemos. Porque las obras de los maestros no son eternas. Necesitan cuidado, entendimiento y respeto. Y las próximas generaciones merecen recibir intacto lo que hoy tenemos la fortuna de habitar.
La escalera que se destruyó no era una escalera. Era el recorrido diseñado por Rogelio Salmona. Era el ladrillo hablando de mudéjar. Era la luz cambiando durante el día. Era, literalmente, arquitectura hecha para caminar. Y su ausencia nos recuerda que todos, sin excepción, tenemos algo que aprender sobre cómo cuidar la belleza que otros construyeron para nosotros.
Si te interesa seguir pensando cómo el material y la luz construyen sentido en la arquitectura moderna, hay dos lecturas que se conectan directamente con esta. Una recorre obras donde la luz y el material dejan de ser fondo y pasan a ser protagonistas: arquitectura del espíritu, obras maestras donde la luz y el material son el argumento principal. Y la otra hace justicia a un grupo de figuras que Europa demoró en reconocer, entre las cuales Salmona ocupa un lugar central: los arquitectos latinoamericanos que Europa no nombró suficiente y que hoy la crítica mundial rescata.
Referencias
- Fundación Rogelio Salmona. Vida, obra y filosofía de diseño de Rogelio Salmona. Bogotá. Sitio oficial de la fundación.
- Wikipedia. Rogelio Salmona: biografía, formación, obras principales, premios y reconocimientos.
- Revista Axxis. Rogelio Salmona: la historia del arquitecto que transformó la manera de habitar y recorrer Bogotá. Bogotá. Análisis sobre el concepto de recorrido en su obra.
- Revista Axxis. Una casa galería bogotana con la arquitectura de Rogelio Salmona. Bogotá. Análisis de escaleras en caracol, bóvedas de concreto y otros recursos característicos.
- Esquire Colombia. ¿Qué es la escalera de Rogelio Salmona? El patrimonio cultural de Bogotá. Bogotá. Información sobre el caso de Altos de Santana y los archivos del IDPC.
- Infobae Colombia (2026). Cobertura sobre la polémica de la remodelación de Deconama Studio en un apartamento del conjunto Altos de Santana. Bogotá.
- El Espectador (2026). Demolición de escaleras de Rogelio Salmona en Bogotá abre debate sobre patrimonio. Bogotá.
- Cablenoticias (2026). Cobertura sobre la polémica de Altos de Santana y las declaraciones del estudio Deconama. Bogotá.
- La Veintitrés (2026). Demolición no autorizada de escalera diseñada por Salmona y respuesta del IDPC. Bogotá.
- Bogotá Noticias (2026). Sanciones anunciadas y gestiones del IDPC frente a la intervención de Altos de Santana. Bogotá.
- Revista SusBCity, Universidad de Panamá. Rogelio Salmona: poetizando la arquitectura. Panamá. Análisis académico de las influencias mudéjar, prehispánica y popular en su obra.
- Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC). Marco normativo sobre Bienes de Interés Cultural y procedimientos de autorización para intervenciones. Bogotá.
- Congreso de la República de Colombia (1997). Ley 397: Ley General de Cultura. Bogotá.
- Congreso de la República de Colombia (2008). Ley 1185: modificaciones al régimen de patrimonio cultural. Bogotá.
- Documentación general sobre las Torres del Parque, el Archivo General de la Nación, el Edificio de Posgrados de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional y el Parque Biblioteca Virgilio Barco, obras candidatas de Colombia para Patrimonio Mundial de la UNESCO 2026.
Nota: este artículo es un texto de divulgación con fines educativos, escrito con profundo respeto por la obra de Rogelio Salmona y por el patrimonio arquitectónico moderno colombiano. Para investigaciones académicas específicas sobre su arquitectura se recomienda acudir a la Fundación Rogelio Salmona y a los archivos institucionales pertinentes. Para consultas normativas sobre patrimonio en Colombia, al IDPC en Bogotá o a los organismos equivalentes en otras ciudades del país.



