El 10 de agosto de 2026 el suelo se movió. Y Pereira no volvió a ser la misma. No solo porque cayeron edificios, sino porque el sismo nos obligó a hacernos una pregunta que llevábamos años esquivando: ¿qué ciudad estamos construyendo y para quién?
La respuesta más fácil es hablar de obras grandes. De infraestructura nueva. De proyectos que requieren presupuestos enormes y años de ejecución. Pero hay otra conversación que Pereira necesita tener con urgencia, una sobre los cambios que no requieren tanto dinero ni tanto tiempo, pero que transforman la vida cotidiana de las personas de manera profunda y duradera. Esta es esa conversación.
Los cambios que no requieren una fortuna
Hay decisiones urbanas que cuestan relativamente poco y producen resultados enormes. Un andén ancho, continuo y con sombra transforma la experiencia de vivir en un barrio más que cualquier edificio nuevo. Una calle peatonalizada donde la gente pueda detenerse sin sentir que está estorbando activa el comercio local, reduce los accidentes y genera vida social que ningún centro comercial puede producir.
En Copenhague, cuando en 1962 se peatonalizó la calle Strøget, los comerciantes protestaron convencidos de que perderían clientes. Al año siguiente sus ventas habían aumentado. Jan Gehl, el urbanista danés que estudió esa transformación durante décadas, documentó que las personas gastan más cuando pueden caminar despacio, mirar vitrinas y detenerse sin el estrés del tráfico. Lo mismo ocurrió en Times Square en Nueva York, donde en 2009 se cerraron varios tramos de Broadway al tráfico vehicular: los accidentes peatonales cayeron un 35 por ciento y las ventas del comercio local aumentaron hasta un 172 por ciento según la ubicación. Si quieres profundizar en la historia de la calle danesa y en cómo Jan Gehl la estudió, hay una lectura complementaria dedicada a Strøget y la peatonalización de 1962 que completa esta idea.
Pereira tiene sectores donde esto podría ocurrir hoy, con decisiones de señalización y ordenamiento vial, sin necesidad de grandes obras. Lo que se necesita no es dinero sino voluntad política y comprensión de que el peatón que camina despacio es mejor cliente, mejor vecino y mejor ciudadano que el conductor que pasa rápido.
Los árboles nativos: la inversión más barata y más duradera
Pereira tiene un déficit serio de arborización urbana. Y cuando hay árboles, con frecuencia no son los correctos. Las palmeras que adornan avenidas y parques de la ciudad son en su mayoría especies que no pertenecen a este ecosistema. No producen fruto que alimenta la fauna local. No crean la sombra densa que necesita una ciudad tropical. No son hogar de las aves, los insectos y los reptiles que forman parte del sistema ecológico del Eje Cafetero. Son paisaje importado de otra geografía.
Un árbol nativo del Eje Cafetero es otra cosa completamente. El nogal cafetero, el yarumo, el samán, el cedro, el caracolí, el chagualo llevan miles de años adaptados a este suelo, a este clima, a esta altitud. Sus raíces conocen el terreno. Sus flores y frutos son alimento para las especies locales. Su copa crea sombra densa y húmeda que reduce la temperatura local de manera significativa. Un árbol maduro de especie nativa puede reducir la temperatura local entre 2 y 4 grados centígrados en su entorno inmediato. Puede absorber entre el 15 y el 40 por ciento del agua lluvia que cae sobre su copa. Puede fijar entre 10 y 20 kilogramos de CO2 al año. Puede ser hogar de decenas de especies de aves e insectos que son parte del sistema ecológico de este territorio.
Y esa reducción de temperatura no es un detalle: es lo que separa a una ciudad habitable de una que se convierte en horno urbano. En otro artículo escribí sobre la isla de calor urbana y cómo se enfría una ciudad tropical sin recurrir al aire acondicionado, donde la arborización nativa es siempre la primera respuesta seria.
Sembrar árboles nativos no es un gesto ambiental simbólico. Es construir infraestructura urbana con un presupuesto mínimo y un retorno que se acumula durante décadas. En 20 años, un árbol bien sembrado en el lugar correcto habrá reducido el calor del barrio, absorbido miles de litros de agua lluvia, albergado cientos de especies y mejorado la calidad de vida de las personas que caminan bajo su sombra todos los días.
El río que tenemos y no vemos
Pereira tiene el río Otún. Un río limpio, con caudal permanente, que nace en el Parque Nacional Natural Los Nevados y atraviesa el territorio antes de llegar a la ciudad. Durante décadas, la relación de Pereira con su río ha sido de espaldas: se construyó lejos de él, se le dio poca importancia en el espacio público y se permitió que sus bordes fueran ocupados de manera desordenada.
Medellín tuvo durante años la misma relación con el río Medellín. Lo ignoró, lo canalizó, construyó autopistas encima de sus orillas y lo trató como un límite que dividía la ciudad en lugar de como un recurso que podía unirla. En los últimos veinte años, Medellín tomó una decisión diferente. El Parque Lineal del Río, en construcción desde 2014, está transformando las orillas del río en espacio público de calidad: ciclovías, parques, zonas verdes, puntos de encuentro. El resultado no es solo estético. Estudios de la Universidad EAFIT documentaron que los predios cercanos al parque aumentaron su valor, que el uso del espacio público creció significativamente y que la calidad del aire en esa zona mejoró de manera medible.
Pereira podría hacer algo similar con el Otún. No necesariamente a la misma escala ni con el mismo presupuesto, pero sí con la misma lógica: tratar el río como un activo urbano y no como un problema de ingeniería. Parques lineales sobre sus orillas, senderos peatonales y ciclísticos, zonas de encuentro que conecten barrios que hoy le dan la espalda al agua. Eso transforma la ciudad de maneras que ninguna obra de infraestructura vial puede lograr.
Las obras grandes que sí valen la pena
Hay intervenciones que requieren más recursos y más tiempo pero que producen transformaciones irreversibles. La más importante para Pereira, y la que el sismo volvió urgente, es recuperar las quebradas.
Pereira nació sobre el agua. La Egoyá existía antes que la ciudad y hoy está enterrada bajo el centro. La Dulcera, la Arenosa, la Boston, el Oso, la Parida definieron el territorio antes de que existiera una sola calle. Las construimos encima como si el agua fuera un problema. Los técnicos de la CARDER documentaron después del sismo que los antiguos drenajes y los materiales de relleno sobre los que se construyó parte del centro de Pereira modifican la respuesta del terreno frente a las ondas sísmicas. Enterrar las quebradas no fue solo un error ambiental. Fue un error estructural que nos hizo más vulnerables. En otro artículo repasé por qué Pereira sigue llorando en el mismo lugar y por qué es momento de destapar y convertir la Egoyá en parque lineal urbano; esa lectura completa el argumento.
Destapar la Egoyá, incluso parcialmente, es una obra de gran envergadura. Pero es también la obra urbana con mayor potencial transformador que Pereira podría emprender en las próximas décadas. Un río urbano visible, con parques en sus orillas, con espacio público de calidad, con ciclovías y senderos peatonales, transformaría el centro de la ciudad de manera radical. Seúl lo hizo con el río Cheonggyecheon en 2003, demoliendo una autopista elevada para restaurar el río que corría debajo. La temperatura del corredor bajó entre 3 y 6 grados, el comercio local creció y el río restaurado se convirtió en el espacio público más visitado de la ciudad con más de 90.000 personas al día.
Otras obras grandes que Pereira necesita son la creación de parques de escala metropolitana que no dependan del automóvil para ser accesibles, el refuerzo estructural o demolición de los edificios que no cumplen normas sismo resistentes, y la recuperación de los bordes del río Otún como espacio público continuo. Hay antecedentes valiosos en Pereira que vale la pena mirar de cerca al pensar en el próximo proyecto ambicioso: Ciudad Victoria, la renovación de trece manzanas del centro entre 2001 y 2006, sus logros y sus deudas enseña qué se puede lograr en pocos años y también qué no debe volver a repetirse (el componente residencial que nunca se ejecutó, el desplazamiento de comerciantes tradicionales sin reubicación digna, el patrimonio arquitectónico borrado sin adecuada preservación).
La guadua: el material que ya tenemos
Mientras el concreto de edificios mal construidos cedía durante el sismo, las estructuras bien diseñadas en guadua que cumplen la Norma Sismo Resistente colombiana no presentaron fisuras. El edificio de la CARDER en Pereira es prueba de ello.
La guadua angustifolia crece aquí, a pocos kilómetros de la ciudad. Es liviana, lo que significa que cuando un sismo sacude una estructura, la energía que debe absorber es mucho menor que la de un edificio de concreto. Es flexible y absorbe la energía sísmica en lugar de resistirla con rigidez. La Universidad de los Andes la sometió en laboratorio a sismos de magnitudes entre 3 y 7 grados y no presentó daños estructurales. La NSR-10, el reglamento colombiano de construcción sismo resistente, la contempla explícitamente como material estructural válido en su Título G; puedes leer más sobre qué regula la NSR-10 y qué exigir después del sismo del 10 de agosto.
Después del sismo, el gobierno se comprometió a eliminar las restricciones para su uso en la reconstrucción. Es un paso en la dirección correcta. Pero la pregunta más importante no es si podemos usarla para reconstruir lo que cayó, sino por qué no la estábamos usando antes. Si quieres entender por qué Colombia subvalora su mejor material y qué dice la ciencia sobre él, hay una lectura dedicada a la guadua como el tesoro que Colombia no sabe que tiene.
En qué se gasta el dinero y en qué debería gastarse
En noviembre de 2024, la Alcaldía de Pereira invirtió 5.515 millones de pesos en el alumbrado navideño. Más de un millón trescientos mil puntos lumínicos para una celebración que duró dos meses. Las Fiestas de la Cosecha de 2024, con artistas nacionales e internacionales y entrada gratuita, generaron según la Alcaldía una derrama económica de 64.605 millones de pesos. Las fiestas de 2025 prometieron superar esas cifras.
No digo que las fiestas sean malas. La cultura importa y la celebración importa. Pero sí digo que hay una conversación que Pereira no está teniendo: ¿cuánto de ese dinero va a las personas que viven aquí todos los días, no solo durante las fiestas? ¿Cuánto va a los andenes? ¿A los árboles nativos? ¿A las quebradas? ¿A los edificios que necesitan refuerzo estructural para sobrevivir el próximo sismo?
Con 5.515 millones de pesos se pueden sembrar decenas de miles de árboles nativos que en 20 años serán la infraestructura verde que hoy no tenemos. Se pueden intervenir kilómetros de andenes en los barrios más deteriorados. Se puede comenzar un programa serio de recuperación de las quebradas. Esas inversiones no generan titulares el día del encendido. Pero generan ciudad. Y la ciudad que producen dura décadas, no dos meses. Si quieres profundizar en qué tipo de inversiones producen ciudad de calidad y cuáles son solo espectáculo, hay una lectura dedicada a en qué sí vale la pena invertir cuando gobiernas una ciudad.
La Pereira que podemos ser
Pereira no necesita ser otra ciudad. No necesita parecerse a Medellín ni a Bogotá ni a ninguna ciudad europea. Necesita descubrir qué puede ser Pereira precisamente porque no es ninguna de ellas.
Tiene el clima, el agua, la biodiversidad, la guadua, los cerros, el río Otún. Tiene todo lo que necesita para ser una ciudad extraordinaria. Solo necesita decidir que va a construir con todo eso en lugar de a pesar de todo eso.
Los cambios más importantes no son siempre los más costosos. Un árbol en el lugar correcto. Un andén arreglado. Una quebrada que vuelve a verse. Una calle donde la gente pueda caminar sin miedo. Esas son decisiones pequeñas con consecuencias enormes.
Y luego están las grandes: destapar la Egoyá, recuperar los bordes del Otún, peatonalizar el centro, construir con guadua a escala urbana. Las obras que transforman una ciudad de manera irreversible y que la hacen más segura, más fresca, más caminable y más suya.
No le pido a Pereira que crezca. Le pido que florezca.
Y creo que eso empieza por exigirlo.
Si quieres seguir con dos lecturas cercanas de este manifiesto, hay una discusión más completa sobre por qué diseñar ciudades para las personas o para los carros no es problema técnico sino decisión política con ganadores y perdedores concretos. Y otra sobre otra gran obra que definió a esta ciudad, con sus proezas y sus cuentas pendientes: el Viaducto César Gaviria Trujillo y todo lo que su historia enseña sobre cómo se hacen las grandes intervenciones en Pereira.
Referencias
Alcaldía de Pereira (2024). Pereira está lista para vivir una Navidad Mágica. Comunicado oficial, noviembre de 2024. pereira.gov.co La Patria (2024). En Pereira iluminarán la Navidad desde el 16 de noviembre. Inversión de 5.515 millones de pesos en alumbrado navideño. Alcaldía de Pereira (2024). Fiestas de la Cosecha en Pereira 2024. Comunicado oficial. pereira.gov.co NYC Department of Transportation (2010). Measuring the Street: New Metrics for 21st Century Streets. NYC DOT, Nueva York. Gehl, J. (2010). Cities for People. Island Press, Washington D.C. Gehl, J. (1971). Life Between Buildings: Using Public Space. Van Nostrand Reinhold, Nueva York. Kim, J. y otros (2015). The Restoration of the Cheonggyecheon Stream and Its Impacts on Urban Regeneration and Sustainability. Sustainability, 7(5), 5652-5675. Universidad EAFIT (2018). Evaluación del impacto del Parque Lineal del Río en Medellín sobre el espacio público y el valor del suelo. Medellín. Universidad de los Andes (2026). Validación tecnológica de laminados de guadua: simulación de sismos en laboratorio. Laboratorio Integrado de Ingeniería Civil y Ambiental, Bogotá. CARDER, Corporación Autónoma Regional de Risaralda (2026). Análisis de la respuesta del suelo en zonas de relleno y quebradas canalizadas frente al sismo del 10 de agosto. Pereira. NSR-10 (2010). Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente, Título G: Estructuras de madera y estructuras de guadua. Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, Bogotá. EPA, U.S. Environmental Protection Agency (2008). Reducing Urban Heat Islands: Compendium of Strategies. Washington D.C. Gobierno de Colombia (2026). Eliminación de restricciones para el uso de guadua en zonas afectadas por el terremoto del 10 de agosto. ECOS 1360, agosto de 2026.



