Hay edificios que son solo edificios. Y hay edificios que son la razón por la que una ciudad se ve como se ve. La iglesia San Antonio María Claret en Pereira, conocida popularmente como el Claret, pertenece a la segunda categoría. Y esta semana estamos a punto de perderla.
Después del terremoto del 10 de agosto de 2026 que sacudió al centro y occidente de Colombia, los daños estructurales que sufrió el templo fueron tan graves que las autoridades eclesiásticas confirmaron su inminente demolición. Su cúpula y parte de la fachada corren riesgo de colapsar. Y aunque el proceso incluye el rescate de piezas religiosas y símbolos importantes, entre ellos un Cristo histórico de más de 400 kilos, el edificio como tal no va a poder salvarse.
En Pereira, la noticia ha dolido con una intensidad que va más allá de lo religioso. Y en este artículo quiero explicar por qué. Porque el Claret no es solo un templo. Es una pieza urbana estructurante del centro de Pereira, uno de los referentes visuales más reconocibles de la ciudad, y probablemente el edificio que más ha influido en cómo se ha desarrollado su geografía urbana en las últimas seis décadas. Perderlo no es solo perder un edificio: es perder un fragmento del mapa mental colectivo de la ciudad.
Y hay una historia menos conocida detrás. Según la memoria oral de pereiranos que han vivido en el centro de la ciudad durante décadas, hubo un proyecto urbanístico serio para prolongar la carrera 7 y convertirla en una avenida de gran escala que iba a cruzar Pereira de lado a lado. Ese proyecto nunca se ejecutó, entre otras razones, porque implicaba tumbar la iglesia del Claret y afectar el parque El Lago Uribe. La ciudad decidió sacrificar una avenida antes que sacrificar esos dos referentes. Y esa decisión define hasta hoy la forma del centro de Pereira.
En este artículo recorremos la historia del Claret, la trayectoria de los claretianos en la ciudad, el contexto urbano del parque El Lago Uribe, el concepto de mapa mental urbano desarrollado por Kevin Lynch y por qué es tan importante en este tipo de discusiones, y finalmente, qué debemos aprender para el futuro inmediato de la reconstrucción de Pereira.
Quiénes son los claretianos y por qué llegaron a Pereira
Antes de hablar del templo, es importante contextualizar a la comunidad religiosa que lo construyó. Los Misioneros Claretianos, oficialmente Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, son una comunidad religiosa fundada en España en 1849 por San Antonio María Claret. Su vocación central es la evangelización y el trabajo social, y a lo largo del siglo XX se establecieron en muchos países latinoamericanos, con presencia especialmente significativa en Colombia.
Llegaron a Pereira en 1917, hace 109 años. Y desde entonces han sido parte fundamental del desarrollo social, educativo y urbano de la ciudad, más allá de su rol estrictamente religioso.
Entre sus aportes más importantes documentados en la historia local están la reconstrucción de la Catedral Nuestra Señora de la Pobreza después del terremoto que azotó a Pereira en 1906, la fundación del Instituto Claret en 1929 (predecesor del actual Colegio La Salle), la creación de la Universidad Uniclaretiana, la fundación de los Hogares Claret en los años noventa para la rehabilitación de jóvenes en situación de riesgo, y la participación en la consolidación de espacios urbanos emblemáticos como el propio parque El Lago Uribe.
Esta historia importa porque explica el peso simbólico e institucional que tienen los claretianos en Pereira. No son una comunidad más entre muchas. Son una de las presencias sociales continuas más largas y sostenidas que ha tenido la ciudad, con influencia directa en cómo se ha configurado el desarrollo del centro y del casco urbano tradicional.
La construcción de la iglesia del Claret
La construcción del templo San Antonio María Claret empezó en 1947. Los cimientos se hicieron en piedra de río, y las paredes se levantaron en ladrillo de arcilla. Un detalle particularmente conmovedor es que buena parte de esos materiales fueron donados por los mismos fieles. La iglesia se construyó, en cierto modo, con las manos de la propia comunidad pereirana. Este dato conecta con la tradición cívica de la ciudad, la misma cultura del convite y de la acción comunal que en la misma década construyó el aeropuerto Matecaña con más de veinte mil personas trabajando un solo día.
La obra tomó años. Fue erigida oficialmente como parroquia en 1961. Por la historia de su construcción, por las donaciones que la hicieron posible y por lo que representó para el sector durante décadas, la iglesia se ganó el apodo de "el templo del milagro". Su campanario, con más de 60 años, se convirtió en uno de los referentes visuales más reconocibles de todo el centro de Pereira. Cuando alguien decía "cerca del Claret", los pereiranos sabían exactamente de qué zona se hablaba.
Su ubicación, frente al parque El Lago Uribe, no fue accidental. El parque se había ido consolidando como uno de los espacios públicos más importantes del centro, y colocar allí una iglesia parroquial le daba centralidad simbólica y urbanística. El templo y el parque se convirtieron, con el paso del tiempo, en una pieza indisociable del paisaje del centro.
El parque El Lago Uribe: el espacio público que la iglesia consolidó
El parque El Lago Uribe es uno de los espacios públicos más queridos y más antiguos de Pereira. Se llama así en honor al doctor Julio Uribe Gaviria, y ha funcionado durante décadas como uno de los puntos de encuentro más importantes de la ciudad. Con su lago artificial, sus árboles, sus bancas y su relación directa con la iglesia del Claret, ha sido escenario de infinitas actividades cotidianas, culturales y comunitarias de generaciones enteras de pereiranos.
Los claretianos, según la historia documentada de su trabajo en la ciudad, participaron activamente en la consolidación de este parque como espacio urbano. Y una vez consolidado, decidieron erigir allí su templo principal, aportando así al conjunto un edificio de referencia que le daría al parque un anclaje visual y simbólico definitivo.
Con el tiempo, la relación entre el parque y la iglesia se volvió tan orgánica que resulta imposible pensar en uno sin la otra. El campanario del Claret asoma desde cualquier ángulo del parque. Las tardes de domingo, las bodas, los bautizos, los funerales, las procesiones, todo se articulaba entre esos dos espacios. Y el conjunto se convirtió en uno de los paisajes urbanos más reconocibles de Pereira.
El proyecto de la avenida que nunca se hizo
Aquí llegamos a uno de los datos más fascinantes de esta historia, aunque también uno de los que requiere más cuidado porque proviene principalmente de memoria oral de pereiranos que han vivido en el centro de la ciudad durante décadas y no está sistematizado en fuentes escritas fácilmente accesibles.
Según cuentan quienes recuerdan las discusiones urbanísticas de mediados del siglo XX en Pereira, existió un proyecto para prolongar la carrera 7 y convertirla en una avenida importante que cruzara toda la ciudad hasta la avenida del Ferrocarril. La idea era descongestionar el centro urbano con una vía de gran escala, comparable en importancia a la avenida 30 de Agosto, pero pasando por otro sector de la ciudad. Habría sido, de haberse hecho, una intervención urbanística de alto impacto que probablemente habría cambiado por completo la fisonomía del centro pereirano.
Ese proyecto nunca se ejecutó. Y entre las razones que se recuerdan como determinantes en su cancelación, están dos que resultan reveladoras: no se podía tumbar la iglesia del Claret y no se podía cortar el parque El Lago Uribe. Ambos elementos se consideraron tan valiosos, tan queridos por la ciudadanía, tan estructurantes del paisaje urbano, que Pereira prefirió renunciar a una avenida entera antes que afectarlos.
Este tipo de decisiones son fascinantes desde el punto de vista del urbanismo. No es común que una ciudad renuncie a un proyecto de infraestructura de gran escala por respetar edificaciones específicas. Cuando lo hace, es porque esas edificaciones han alcanzado un nivel de valor colectivo que supera al de cualquier obra pública que las pudiera afectar. En Pereira, el Claret y el parque El Lago lograron ese nivel. Y esa decisión, tomada hace décadas, sigue definiendo hasta hoy la forma del centro de la ciudad.
Vale la pena, para quien quiera profundizar en esta historia, consultar los archivos de la Academia de Historia de Pereira, hemerotecas locales y los planes de ordenamiento territorial de la ciudad a mediados del siglo XX. Es un tema que merece investigación histórica formal y documentada, precisamente por el valor de la decisión urbana que se tomó.
Kevin Lynch y el mapa mental de la ciudad
Para entender por qué la pérdida del Claret duele tanto, hay que entender un concepto fundamental del urbanismo moderno: el mapa mental de la ciudad.
El concepto fue desarrollado por el urbanista estadounidense Kevin Lynch en su libro clásico La imagen de la ciudad (The Image of the City), publicado en 1960. Lynch demostró, a través de estudios sistemáticos en Boston, Jersey City y Los Ángeles, que cada habitante de una ciudad construye en su cabeza una imagen mental de esa ciudad, y que esa imagen no coincide con el mapa físico ni con el catastro oficial. Es una imagen simplificada, hecha de elementos que el cerebro humano identifica como significativos para orientarse.
Lynch identificó cinco elementos que estructuran el mapa mental de cualquier ciudad: las sendas (calles principales, avenidas), los bordes (límites entre zonas, como ríos o vías férreas), los barrios (áreas reconocibles con identidad propia), los nodos (puntos de concentración, como plazas o intersecciones importantes) y los hitos (edificios o elementos físicos reconocibles que sirven como puntos de referencia).
Los hitos son quizás el más íntimo de estos elementos. Son los edificios que la gente usa para orientarse, para explicar direcciones, para ubicarse afectivamente en la ciudad. En Pereira, la iglesia del Claret es un hito urbano por definición. Es referencia obligatoria para explicar cualquier ruta del centro. Es punto de encuentro tradicional. Es imagen mental compartida por generaciones.
Cuando un hito urbano de esta magnitud desaparece, no se pierde solo un edificio. Se pierde un componente estructural del mapa mental colectivo de la ciudad. Los recorridos cotidianos pierden su ancla. Las explicaciones de dirección se vuelven confusas. Y lo más grave, las nuevas generaciones dejan de tener acceso al referente que ordenó la ciudad durante décadas. La memoria urbana se fragmenta.
Por qué esta pérdida es particularmente grande
Combinando todo lo anterior, se puede ver por qué la desaparición del Claret es una pérdida especialmente significativa para Pereira.
Primero, porque es un templo con una historia de construcción participativa, hecho con materiales donados por los mismos fieles. Ese origen colectivo lo convierte en más que un edificio religioso: es un fragmento de historia social del centro pereirano.
Segundo, porque es la sede principal de una congregación con 109 años de presencia continua en la ciudad, con contribuciones enormes al desarrollo educativo, social y urbano.
Tercero, porque forma con el parque El Lago Uribe una unidad urbana que ha estructurado el paisaje del centro durante décadas. Uno se vuelve incomprensible sin el otro.
Cuarto, porque su presencia fue tan valorada históricamente por la ciudad que llegó a determinar decisiones urbanísticas de gran escala. La avenida que no se hizo por respetarlo es la prueba más clara de su importancia.
Y quinto, porque es un hito urbano central del mapa mental colectivo pereirano. Su desaparición no solo cambia el paisaje físico, cambia también cómo los pereiranos entienden su propia ciudad.
Todos estos factores, sumados, hacen que esta no sea una pérdida arquitectónica más. Es una pérdida urbana de gran magnitud.
Qué debe pasar hacia adelante
La demolición del Claret parece inevitable dada la magnitud de los daños estructurales. Pero eso no significa que la historia termine aquí. Al contrario. Ahora empieza la parte más importante: la conversación sobre qué se va a construir en su lugar.
Y aquí hay una responsabilidad colectiva enorme. Porque no basta con reconstruir un edificio nuevo en el mismo lote. La reposición física es apenas una parte del problema. Lo verdaderamente difícil, y lo verdaderamente importante, es entender qué rol urbano cumplía ese edificio y cómo puede la nueva construcción sostener ese rol.
Algunas preguntas que deberían guiar el debate público sobre la reconstrucción del Claret son:
Sobre el diseño arquitectónico. ¿Cómo puede la nueva construcción dialogar con la historia del edificio anterior, sin caer en la copia literal ni en la ruptura total? Hay muchos ejemplos internacionales de reconstrucciones que han logrado ese equilibrio con inteligencia arquitectónica.
Sobre el rol urbano. ¿Cómo garantizar que el nuevo edificio siga funcionando como hito urbano del centro? Esto incluye la escala, la relación con el parque El Lago, la presencia del campanario o de un elemento vertical equivalente, y la lectura urbana desde las principales calles del sector.
Sobre la sismorresistencia. ¿Cómo asegurar que el nuevo edificio cumpla con la NSR-10 y con la próxima norma AIS 100-24 que ya está en proceso, para que las próximas generaciones no vuelvan a vivir esta pérdida?
Sobre la memoria. ¿Cómo incorporar en el nuevo edificio elementos que rescaten la memoria del anterior? Puede ser la reutilización de piezas rescatadas, la incorporación de una placa histórica, la creación de un pequeño espacio museográfico. La memoria urbana necesita soportes físicos.
Sobre el proceso. ¿Cómo asegurar que la reconstrucción sea participativa, que involucre a la comunidad claretiana, a los feligreses, a los vecinos del sector, a los gremios profesionales de Pereira, a los historiadores locales? Un proceso participativo produce mejores resultados y mayor legitimidad.
Todas estas preguntas deberían estar sobre la mesa desde ya. No en dos años. Desde ahora. Porque las decisiones que se tomen ahora van a definir el paisaje urbano del centro de Pereira durante las próximas décadas.
La lección más grande
Y hay una lección todavía más grande en toda esta historia, que trasciende el caso específico del Claret.
Las ciudades no son colecciones de edificios independientes. Son ecosistemas urbanos donde cada pieza tiene un rol. Algunos edificios cumplen un rol funcional (viviendas, oficinas, comercios). Otros cumplen un rol simbólico (monumentos, memoriales). Y algunos, los más importantes, cumplen un rol estructurante: son hitos que ordenan la ciudad entera alrededor suyo.
Cuando esos hitos se pierden, la ciudad no se recupera automáticamente construyendo algo nuevo en el mismo lote. Se necesita conciencia, intención y trabajo colectivo para volver a construir estructura urbana. Y eso solo pasa cuando los ciudadanos entienden lo que están perdiendo y participan activamente en decidir lo que viene.
El Claret es una lección para todas las ciudades colombianas. Es una advertencia sobre la fragilidad de nuestro patrimonio urbano moderno, muchas veces construido antes de la NSR-10 y por lo tanto expuesto a los sismos. Es un recordatorio de que los edificios no son eternos, y que necesitamos protocolos claros para su evaluación, mantenimiento y reforzamiento antes de que sea demasiado tarde. Y es una invitación a repensar cómo protegemos las piezas urbanas que definen la identidad de nuestras ciudades.
Conclusión
Van a demoler la iglesia del Claret. Y con ella cae una parte importante de la historia urbana de Pereira. Una iglesia construida en 1947 con materiales donados por la propia comunidad. Un templo que se ganó el apodo de "templo del milagro". Un hito que definió el paisaje del centro durante más de sesenta años. Un símbolo que fue tan importante que la ciudad renunció a una avenida entera para respetarlo.
Pero la historia no termina en la demolición. Empieza en la reconstrucción. Y esa reconstrucción, si se hace bien, si se hace con conciencia arquitectónica, urbana e histórica, puede convertir esta pérdida en una oportunidad. Puede permitirle a Pereira reafirmar su compromiso con la identidad urbana de su centro. Puede darle a las nuevas generaciones un edificio que dialogue con el que se fue, sin borrar su memoria.
Los claretianos ya han dicho que su presencia en Pereira no termina con la iglesia. Los pereiranos, con nuestra tradición cívica de más de un siglo, no podemos permitir que el paisaje del centro se banalice por falta de conversación pública sobre lo que viene. Y como arquitectos, urbanistas, ingenieros y ciudadanos, tenemos la responsabilidad de estar presentes en ese debate.
A la iglesia del Claret, gracias por más de sesenta años de estructurar el paisaje urbano de Pereira. Gracias por ser la razón por la que este pedazo de la ciudad tiene la forma que tiene. Gracias por acompañar a generaciones enteras. Y ojalá, cuando llegue el momento, sepamos honrar lo que fuiste con lo que decidamos construir en tu lugar.
Un abrazo enorme a todas las familias afectadas por el terremoto del 10 de agosto. Y a Pereira, mi ciudad, la certeza de que juntos podemos construir bien lo que viene.
Este texto es una pieza más del arco que abrí sobre el terremoto y sus consecuencias urbanas en Pereira. Si te dejó pensando en cómo se pierden y se reconstruyen los espacios urbanos, hay dos lecturas que se conectan directamente. Una recorre el otro caso pereirano del mismo sismo, esta vez desde el suelo bajo el centro: la quebrada Egoyá canalizada bajo la carrera 12, los tres sismos que golpearon la misma zona y por qué es hora de convertirla en un parque lineal urbano. Y la otra abre la mirada al mundo con casos de ciudades que renacieron después de terremotos devastadores: Armenia, Kobe, Ciudad de México y Christchurch, y lo que le enseñan a Pereira sobre reconstruir mejor de lo que había, especialmente el modelo participativo de Christchurch, que puede iluminar la conversación por venir sobre el Claret.
Referencias
- El Diario del Otún. Cobertura sobre la iglesia San Antonio María Claret y su historia en Pereira. Pereira.
- Pulzo (2026). Padres claretianos en Pereira: historia, legado y demolición de la iglesia El Claret. Bogotá. Datos sobre la construcción del templo, los aportes de los claretianos, la categoría de parroquia en 1961 y los daños estructurales tras el sismo del 10 de agosto.
- Vargas Morales, J. M. Historia de los claretianos en Pereira. Trabajo documental citado por medios locales.
- Cobertura periodística sobre la demolición inminente de la iglesia y el rescate de piezas religiosas, incluido el Cristo histórico de más de 400 kilos. Medios locales, Pereira, agosto 2026.
- Lynch, K. (1960). La imagen de la ciudad (The Image of the City). MIT Press, Cambridge. Texto fundacional del urbanismo moderno sobre el concepto de mapa mental urbano y los cinco elementos que lo estructuran: sendas, bordes, barrios, nodos e hitos.
- Congregación de Misioneros Claretianos. Historia general de la Congregación y su llegada a Colombia y a Pereira.
- Servicio Geológico Colombiano (2026). Documentación oficial sobre el terremoto del 10 de agosto de 2026, con epicentro en San José del Palmar (Chocó), magnitud 7,4, y sus efectos en Pereira. SGC, Bogotá.
- Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial (2010). Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente NSR-10. Decreto 926, Bogotá.
- Testimonio oral de pereiranos que han vivido en el centro de la ciudad durante décadas, sobre el proyecto histórico de prolongación de la carrera 7 hasta la avenida del Ferrocarril y las razones por las que dicho proyecto no se ejecutó. Esta información merece investigación histórica formal en los archivos de la Academia de Historia de Pereira, hemerotecas locales y planes de ordenamiento territorial de la ciudad a mediados del siglo XX.
- Referencias históricas sobre parques urbanos y espacios públicos de Pereira, incluidos el parque El Lago Uribe (Julio Uribe Gaviria) y su vínculo con el templo del Claret.
Nota: este artículo es un texto de divulgación con fines educativos y de memoria colectiva, escrito con solidaridad hacia las víctimas del terremoto del 10 de agosto de 2026 en Colombia y con profundo respeto por la historia urbana y arquitectónica de Pereira. Se recomienda a investigadores locales profundizar en los archivos históricos disponibles, especialmente sobre el proyecto histórico de la carrera 7, para dejar registro documentado de esta importante decisión urbanística que definió el centro de la ciudad.



